El Ejecutivo `pillado´ por la marcha atrás de la
edición: 2532 , Miércoles, 15 agosto 2018
27/02/2012
El Banco de España endosa al Gobierno el parón de las fusiones bancarias

El Ejecutivo `pillado´ por la marcha atrás de la reordenación financiera

De Guindos pide decisión; las cajas, dinero; el Banco de España y los grandes, al margen
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad
Juan José González

Unicaja y Caja de España; Banca Cívica; Novagalicia; Catalunyacaixa y Bankia. Son al día de hoy el flanco de las cajas de ahorros de una reforma financiera anunciada a bombo y platillo por el Gobierno, y que al cabo de dos meses parece moverse hacia atrás en vez de caminar hacia el final. El otro flanco, más complejo aún que el primero, el integrado por las entidades ´medianas´ como son Popular y Sabadell, así como las ya ´pequeñas´ Banesto y Bankinter (sin olvidarse de Banca March, cada vez más marginal y fuera de juego en asuntos de fusiones) parece seguir otros derroteros, pues dependerá, en buena parte, de cómo quede configurado el mapa bancario tras la segunda ola de fusiones ahora empantanada. Ni la mediación –intervención- política parece capaz de despejar la enmarañada situación de las seis cajas. Curiosamente el destino esta obligando a intervenir decididamente a quien se prestó a hacer de Celestina –el Gobierno- para evitar la marcha atrás o, incluso, la ruptura de alguna de las operaciones en ya avanzado estado de gestación.

A la espera de que en los próximos días, Unicaja o Caja España, comuniquen el final del proceso de unión, y después de intentar ante el Banco de España una ayuda complementaria para rematar la unión, no se descarta que ambas den marcha atrás sacrificando el compromiso inicial en aras de otro posible matrimonio con un pretendiente de última hora. En este caso, el Gobierno y el Banco de España se encontrarían con un nuevo problema sobre la mesa, imprevisto porque la unión de ambas cajas era considerada como un matrimonio seguro.

El Gobierno y el Banco de España se verán igualmente obligados en breve a actuar para salvar la desde el principio compleja cohabitación entre Caja de Navarra y la andaluza Cajasol, complejidad que proviene de la imposibilidad de ajustar un organigrama de poder por el que los andaluces solicitan la paridad con los navarros, cuando en la realidad, Cajasol significaría un tercio en las principales magnitudes y, sin embargo, dos tercios en los problemas. Así que el futuro de Banca Cívica pasa actualmente por una compleja situación que bien podría guardar semejanza con el caso de Bancaja en la operación de Bankia y que, como se sabe, esta situando a la entidad madrileña en una posición extremadamente comprometida.

Este es otro punto donde un Banco de España en situación de debilidad extrema, con el Gobernador en posición de salida, parece haber delegado en el Gobierno la solución a lo que claramente es una marcha atrás en el proceso de reforma. Mientras en Bankia se trabaja para conformar una entidad con mayor volumen y que pueda hacer frente a un mercado frente a competidores como Santander, BBVA y Caixabank, la posición del ministro de Economía no parece favorable a los planes de la entidad financiera.

De nuevo, aparece planteado sobre el papel un problema de clara marcha atrás en el proceso de reordenación financiera, donde el Banco de España, con la aplicación de la normativa bancaria, podría terminar con la actual situación de incumplimiento de normas. Sin embargo, la débil posición del supervisor le concede un papel de simple observador en esta fase de la reforma, cediendo cualquier capacidad de iniciativa, y por tanto, la solución, al Gobierno.

Así las cosas, un Ejecutivo cuya principal divisa en su estreno político fue la presentación de una reforma financiera con carácter de urgencia, se encuentra, de repente, con un problema de efecto rebote, provocado como consecuencia de unos procesos de fusión en marcha que se frenan a partir del instante en que los implicados descubren que el dinero (público) para favorecer y llevar a término los procesos de fusión en marcha, se agota en la operación –el agujero- de la CAM.

Tras comprobar, asimismo, que el decreto ley de reforma financiera no deja de ser más que una fórmula para engrasar, y no para alimentar mediante recursos públicos, las operaciones corporativas en marcha. De ahí que actualmente el trabajo del Ejecutivo pase más bien por salvar las posibles fusiones en marcha, no sólo por el bien de mantener su propia credibilidad como Ejecutivo, sino también por la supervivencia de un sector financiero del que se espera que agilice las vías del crédito.

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