edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
06/03/2012
A Santander y BBVA no les interesan los costes de la reforma bancaria

El enfrentamiento entre Banca y Gobierno marca los primeros 100 días de legislatura

La Banca se divide ahora en entidades fuertes, débiles y en fase de parada técnica
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno
Juan José González

Las imágenes de la nueva legislatura echaron en falta una foto tradicional donde poder político y poder financiero escenificaran un apretón de manos y sonrisas. No fue posible y se confirmó que era efectivo el distanciamiento entre ambos. Semanas después, Emilio Botín, presidente del Banco Santander, primera entidad financiera española, le dio por lanzar un mensaje de culpabilidad hacia los políticos al considerar que no habían sabido manejar los temas, y que, por tanto, tenían una buena parte de la culpa de la situación general. Aquella afirmación, con sonrisa y rictus de superioridad, causó malestar no sólo en la filas de una oposición sin capacidad para reaccionar al discurso, sino también en el Gobierno. Botín, se dijo en Génova, debería haber hecho autocrítica del papel de los bancos en la crisis (costes, crédito, inmobiliario…). Hoy, en plena reforma, sin relaciones con el poder, la gran banca -Santander y BBVA- la que puede comprar pero no quiere, regresa a la estrategia única frente a la Administración, al tiempo que da la espalda al plan del Ejecutivo.

Algo esta cambiando en el sector bancario, y no sólo por los movimientos de concentración, intervención y compra y venta de entidades. Están cambiando gestos y actitudes ante lo que se considera una ofensiva gubernamental contra el sector. Dación en pago, pagar antes a quienes perdonen o rebajen deudas, son algunas de las perlas lanzadas desde La Moncloa y que los responsables del sector han debido procesar en los últimos tiempos con rapidez. Esta en juego una de las tres reformas estrella del programa del partido que alcanzó el poder en noviembre pasado y las prisas están presionando para que la reordenación adquiera velocidad, arranque de una vez.

Pero no hay unidad de acción, no acción corporativa, la cual se da por imposible dadas las diferencias de estrategias entre los ahora interesados en formar un frente común contra la Administración pública. Que no se dé esa unidad corporativa no significa que no se puedan alcanzar posiciones comunes entre los seis bancos que controlan el sector. De hecho, parece haber algunos puntos de consenso en el grupo de entidades que han retomado las viejas reuniones al más alto nivel –aunque sin presencia física de Botín y González sino a través de sus espadas Sáenz y Cano-.

Uno de esos puntos de acuerdo hace referencia a que no todas las entidades financieras con problemas, principalmente las intervenidas mayoritariamente y en menor medida las que reciben ayudas de la Administración, podrán encontrar acomodo entre las seis -u ocho si se tiene en cuenta Ibercaja y Unicaja- entidades que ahora mismo tienen capacidad para asumir una operación de compra. Incluso es posible que en algunos de los procesos de fusión en marcha se produzca una marcha atrás, en referencia a las fusiones frías del inicio de la concentración de cajas. En este sentido, las seis entidades fuertes del sector estarían sugiriendo la idea de un banco público que agrupara las entidades que no encuentren comprador interesado, algo parecido a un ´banco malo´.

Curiosamente, y a pesar de haber alcanzado el consenso en algún punto de la reforma, el sector bancario parece haber entrado en una nueva división –al menos por el momento- ajena y distinta a la clásica del tamaño por activos. Ahora el criterio es una especie de ratio o divisor entre la necesidad que una entidad tiene de adquirir –otro banco o caja- y las posibilidades de llevarlo a término: es la ratio que indica la debilidad o la fortaleza.

Según el nuevo parámetro, el sector bancario, centro de la reforma financiera del Gobierno, se divide en entidades débiles y entidades fuertes, y estas a su vez en las que pueden y no quieren adquirir (Banco Santander y BBVA) y las que además de poder quieren, caso de Caixabank, Popular, Sabadell, Ibercaja, Unicaja y Bankia, si bien esta última encuentre alguna limitación en la letra de la reforma financiera. La ratio apunta fuerte debilidad para ir a la compra en los casos de Banca Cívica, BMN, Liberbank y Caja España. Unnim, Novagalicia, Catalunyacaixa y Banco de Valencia se encuentran en el limbo de la intervención, en el hangar de las paradas de larga duración.

Los que pueden y quieren comprar se están moviendo y estudian los cuadernos de las subastas, como sucede con Popular, hoy más cerca de hacerse con Unnim. Pero los que pueden y no quieren –Santander y BBVA- son el principal foco de preocupación de un Ejecutivo que sigue empeñado en mantener las distancias con un sector al que no le interesa cargar con los costes de la reforma. Este sería tan sólo un primer motivo de enfrentamiento entre Banca y Gobierno, porque no es el único.

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