edición: 2910 , Viernes, 21 febrero 2020
21/01/2016
China, Brasil y petróleo

El enfriamiento de la economía busca soluciones en Davos

Frenar la desaceleración de los emergentes para evitar una nueva recesión, aunque lo más difícil será ponerse de acuerdo
Juan José González
La espiral de dificultades para la economía brasileña sigue su curso. China fabrica menos y compra menos petróleo. Y Europa ve con preocupación el escenario que le restará décimas a sus debilitados crecimientos. El dinero se puede ir hacia Norteamérica. Ya se registran aumentos de flujos de inversión desde América latina, Asia y Europa en busca de activos en dólares. Los precios del petróleo siguen dando la nota de color y se sitúan en el centro neurálgico de los problemas globales. Se entiende que de todo esto y de mucho más, estará plagado el orden del día en el foro de Davos con debates sobre la economía, Latinoamérica, pobreza y política energética, entre otros. Una reunión a la que los países del G20 y los numerosos representantes empresariales deberán proponer soluciones -a ser posible coordinadas- para evitar que la desaceleración sea un brote de una nueva recesión que aflore a lo largo del presente año.
El escenario parece definido por tres patas: China, Brasil y petróleo. Tan relacionados como que son consecuencia, pero al tiempo con matices y factores diferenciales, propios. Lo cierto es que en el camino hacia la profundidad de la crisis, la economía china no parece encontrar freno. Esa es, al menos, la interpretación que se desprende del informe del FMI, en su reciente edición sobre las previsiones económicas mundiales, conocido justo antes de la celebración de la gran reunión anual del foro de Davos. Informe que confirma que las dificultades del Estado para su financiación, así como de las empresas públicas y privadas brasileñas, crecen cada día y además a gran velocidad. Brasil exporta sus problemas a sus clientes al tiempo que también las importa de los suyos, en concreto de China, su gran cliente agrícola, en fase de desaceleración. La economía del país asiático crece por debajo del 7%, nivel considerado como insuficiente para la propia economía china y, por tanto, corto para sus clientes de todo el mundo.

La primera pata, China, sufre el daño del bajo crecimiento económico, un virus que se extiende en su propia casa, al tiempo que es exportado a sus clientes. Si China deja de producir, ya no serán necesarios los materiales que importaba de América Latina. Tampoco necesitará productos agrícolas para su transformación y exportación a otros países, lo que reducirá la cuenta de ingresos de, por ejemplo, Brasil, como principal cliente del país asiático. China y Brasil bajan el ritmo de producción, limitando, por tanto, el consumo y la importación de hidrocarburos. Es probable, como apuntan economistas de muy diferentes escuelas, que el modelo de crecimiento de China estaba agotado y resultaba insostenible.

Brasil, la otra pata del problema, con problemas de sobreendeudamiento, pésima gestión administrativa y abundantes casos de presuntos delitos de corrupción, terminó de hundirse con el freno de la demanda china de productos agrícolas. La situación económica (y social) del país apunta a un deterioro mayor en la medida de sus dificultades de financiación: las agencias de calificación vienen dando cuenta del creciente riesgo de impago de sus deudas, lo que se traduce en mayores costes de financiación en los mercados. 

Y, finalmente, los precios de las materias primas, en particular, el petróleo, deberá contar con las reflexiones de la gran materia gris que se concentrará en Davos. Sobre el petróleo se mueven en los últimos tiempos otro tipo de consecuencias diferentes a los ya conocidos de precios y cantidades. Los hidrocarburos están condicionando actualmente la situación económica, la caída del precio reduce los ingresos de los productos y paralelamente reduce los costes de producción industriales. Sin embargo, al esquema tradicional de los trastornos que provoca el desequilibrio de oferta y demanda en las economías, hay que añadir ahora el freno de numerosas inversiones de miles de empresas que habían orientado su actividad hacia otros recursos energéticos, inversiones que seguramente dejarán la actividad económica.

Se impone una revisión de los modelos de crecimiento económico, más diversificados y orientados a proporcionar mayores estímulos a las empresas para que aceleren la actividad y aumenten la productividad. Las reformas estructurales que proponen los Gobiernos tras la crisis de 2008, se han demostrado lentas en su implantación y también en sus resultados. De Davos deben salir consensos o acuerdos amplios para que las reformas no impliquen únicamente a los países desarrollados, sino, especialmente a los en vías de desarrollo y los emergentes. Es probable que en esta ocasión, el enfermo reaccione con más eficacia y rapidez contra los daños de una enfermedad que ya conoce, tanto sus síntomas como sus efectos, aunque por fortuna, en esta ocasión, Estados y empresas se encuentran bastantes más saneados que en aquella fecha; cuenta por ello con mayores defensas para combatir la enfermedad. Ahora sólo falta voluntad política para un acuerdo.

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