edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
25/05/2015
Elecciones

El escaparate decorado con la supuesta mejoría económica comenzará a diluirse en el segundo trimestre

Empleo, comercio exterior, y endeudamiento público socavan la estrategia electoral del Gobierno
Carlos Schwartz
La campaña basada en los presuntos logros de la política económica del Gobierno, que ha sido el telón de fondo del apoyo electoral a su partido desde la Moncloa y sus satélites, ha fracasado ya en las municipales y autonómicas del fin de semana y corre el riesgo de desmoronarse del todo a partir del segundo trimestre de este año. Para entonces un elemento importante del ruido mediático del presidente Mariano Rajoy, la creación de empleo, puede resquebrajarse. En el primer trimestre de este año de acuerdo con la encuesta de población activa (EPA) la tasa de crecimiento del empleo fue del 3%. Sin embargo, esta tendencia probablemente se va a diluir en el segundo trimestre, por el sencillo motivo que el crecimiento del empleo en el mismo periodo de 2014 fue “inexplicablemente alto”, y en opinión de muchos analistas de las estadísticas oficiales “anómalo” por motivos que nadie alcanza a explicar de forma acabada.
Una de las hipótesis benévolas es que se trata del margen de error de la EPA o que simplemente se ha registrado un problema técnico. Pero en los hechos, en la campaña publicitaria de corto plazo del Gobierno la eliminación del escalón tendrá un efecto nocivo porque va a “normalizar” la tasa de creación de empleo. Es decir habrá menos espacio para la jactancia. La corrección va a tener un efecto por elevación al poner en cuestión las cifras del programa de Estabilidad 2015-2018 aireado por el Gobierno al quedar la media anual de crecimiento para el año por debajo del 3%, y una vez calculada su equivalencia con el empleo a tiempo completo será aun más baja. El deslizamiento a tasas más bajas terminará de enfriar el falso triunfalismo.

Otro de los elementos de esa campaña, el éxito del sector exterior, ya ha sido desnudado pese a que el ministerio de turno lo ha tildado de “récord histórico” por las cifras absolutas. Mientras lo cierto es que el incremento en el precio de las exportaciones, de acuerdo con los índices de valores unitarios del ministerio de Economía, encubre una reducción en el volumen de las exportaciones. Por otra parte, mientras que en marzo las exportaciones subieron en enero cayeron, y lo suyo es dar cifras desestacionalizadas trimestrales. Si se aplica esta metodología y se analizan los datos de exportaciones por trimestres nos encontramos con que el tercer trimestre de 2014 fue el trimestre realmente récord y que de entonces ahora en el cuarto trimestre las exportaciones cayeron un 0,6% respecto del trimestre anterior y en el primer trimestre de 2015 cayeron el 1,1% en datos desestacionalizados.

Es decir que nos encontramos ante un retroceso del sector exterior cuya causa es la severa crisis de los países emergentes a los que España exporta algo menos del 50% del total. El deterioro de las economía exteriores a la Unión Europea que son un mercado tradicional de España ha limitado la acción benéfica de la devaluación del euro frente al dólar. La expansión de las exportaciones dependerá del ritmo de crecimiento de las economías de la UE que se han convertido en el mercado de destino más firme para España en la medida que las exportaciones crecen por encima de la expansión del comercio internacional lo cual indica que pese a todo nuestro país aumenta su participación. “Las exportaciones españolas crecen a pesar del Gobierno”, tal como afirman muchos empresarios.

De lo que no se salva el sector exterior español es del crecimiento de las importaciones cuya tasa de aumento supera con creces a la de las exportaciones. El proceso es especialmente notorio en los bienes de consumo no alimenticio y en los bienes de capital. La consecuencia de la modesta reactivación del consumo registrada es que el sector exterior en lugar de aportar al PIB, detrae de él y genera un déficit comercial equivalente que tiende a dispararse. De momento es compensado en parte por los ingresos por servicios y turismo, pero la tendencia es regresiva. Esto quiere decir que la economía española sigue anclada a un esquema en el cual un crecimiento económico cercano al 3% anual genera déficit comercial.

Esto contradice el Programa de Estabilidad de acuerdo con el cual el sector exterior será un aporte positivo o neutral respecto del PIB. Está a la vista que esa es una previsión que ya ha sido desbaratada por la realidad. El crecimiento de la economía de España este año se debe atribuir en parte a lo que se denomina el output gap, es decir el terreno que se debe recuperar de forma acelerada en cuanto se registra cierto crecimiento, pero que no es la tasa de crecimiento que se espera de una estabilización de la producción en las presentes circunstancias. Esa recuperación está en parte cimentada por factores coyunturales y transitorios externos que no está al alcance del Gobierno modificar: caída en el precio de los combustibles, caída del precio del euro frente a las otras monedas en especial el dólar estadounidense, y bajada de los tipos de interés por la política expansiva del Banco Central Europeo (BCE).

Los elementos que si están al alcance del Gobierno, y de los que ha echado mano por el ciclo electoral, son la rebaja del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y la reactivación de la obra pública encarada como combustible electoral por su rápido efecto sobre el empleo en los sectores más castigados de la sociedad.

Las guinda del escenario es la deuda pública. Con un importe de 1,034 billones según el protocolo de déficit excesivo (PDE) de la UE la deuda pública representaba a diciembre de 2014 el 97,7% del PIB. Ahora bien, si se ajusta la cifra por las partidas no incluidas en el PDE y se computan los pasivos públicos totales en circulación se llega a la friolera de 1,52 billones de euros lo que es casi tres veces el PIB estimado en 1,05 billones por el Banco de España para 2014. Para establecer una comparación la deuda pública según el protocolo de déficit excesivo era en 2011, ¡hace tan solo cuatro años!, del 69,2% del PIB y los pasivos totales en circulación eran el 88,9% del PIB.

Decir que la deuda pública se ha disparado es poco. Si se suma a la deuda pública la de las familias y las empresas estamos en el 275% del PIB. Si se va un poco más lejos en el análisis es necesario decir que la Posición Neta de Inversión Internacional de España (PNII) era negativa en 990.000 millones de euros a diciembre de 2014. El dato es relevante si se tiene en cuenta que Japón, cuya deuda del estado supera el 250% del PIB tiene una PNII positiva en 50.000 millones de dólares. Es decir no debe al exterior por concepto de inversión extranjera sino que es acreedor del exterior.

La situación de España en este sentido se ha agravado de forma significativa bajo el gobierno del Partido Popular, y en la medida que viene al caso en estas fechas vale la pena señalar que la deuda de las autonomías y los gobiernos locales es el 26% del total de la deuda pública y que en el caso del ayuntamiento de Madrid la deuda acumulada representa el 140% de sus ingresos totales previstos para este año. Esta carga de la deuda con un horizonte de muy baja inflación, por no entrar en el debate de la deflación, se hará cada vez más gravosa para el conjunto de la sociedad.

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