edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
16/09/2008
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

El escenario económico se deteriora para los bancos centrales

Servicio de Estudios de ´la Caixa´

La crisis financiera hipotecaria subprime ha cumplido un año desde su inicio en verano de 2007. Al principio, el aumento de la morosidad hipotecaria afectó a la valoración de activos de renta fija, cuyo respaldo eran las hipotecas subprime. Posteriormente, los bancos tuvieron que realizar importantes dotaciones de provisiones para cubrir las posibles pérdidas. La falta de transparencia sobre quién tenía este tipo de activos y sobre su valoración han provocado una crisis de confianza en el sistema financiero internacional.

Ante esta incertidumbre, los bancos decidieron restringir el volumen de fondos que prestaban en el mercado interbancario. Una restricción de liquidez que se mantiene, por ejemplo, en el mercado interbancario de Estados Unidos, como puede verse en el siguiente gráfico. El diferencial entre el tipo de interés del mercado interbancario a 3 meses y el tipo de referencia del banco central es muy superior a la media histórica, antes del inicio de la crisis, de 12 puntos básicos (100 puntos básicos es un 1%). Varios bancos que dependían de esta fuente de financiación tuvieron que ser intervenidos para evitar su quiebra. Entre ellos, el Northern Rock británico y el quinto banco de inversión de Estados Unidos, Bear Stearns. Es decir, la crisis de confianza se tradujo en una crisis de solvencia.

Ahora, el impacto de la restricción del crédito se hace sentir sobre las familias y las empresas, que recortan consumo e inversión. Lo que había empezado como una crisis financiera local, que posteriormente, debido a la globalización financiera, se ha transformado en una crisis del sistema financiero internacional, está afectando a la economía real. Esto ha provocado que se hayan consolidado las expectativas de una desaceleración económica mundial.

Esta situación complica la actuación de los bancos centrales, pues a este menor crecimiento económico previsto se le une el shock de precios de las materias primas de alimentación y del crudo, que han provocado una subida de los índices de precios en todo el mundo. Ésta es la peor combinación para las instituciones que deciden la política monetaria, porque se encuentran entre la espada y la pared. Por una parte, deberían subir el tipo de interés oficial para controlar la inflación; por otra, tensar la política monetaria es un contrasentido cuando una economía se está desacelerando.

Es lo que le ha sucedido al Banco de Inglaterra en su última reunión de política monetaria del 7 de agosto. De los seis miembros, uno votó a favor de una subida inmediata del tipo de referencia para controlar preventivamente el riesgo de inflación, mientras que otro votó a favor de un descenso del mismo tras el recorte de las previsiones de crecimiento del propio banco emisor. El resto votó a favor de mantener el nivel actual del 5%. Ésta es una situación atípica, pues no es normal que se voten las tres posibilidades existentes con respecto al posible movimiento del tipo de interés oficial. Esta disparidad de opiniones refleja el fuerte nivel de incertidumbre sobre la futura trayectoria de la economía británica.

En la eurozona, el Banco Central Europeo (BCE) cumplió su aviso en la reunión del 3 de julio, al subir el tipo de interés oficial del 4% al 4,25%. En el anuncio de la medida, tras la reunión del Consejo de Gobierno, el BCE dejó entrever la posibilidad de volver a subir el tipo de interés hacia septiembre.

Pero en la reunión del 7 de agosto, en la tradicional rueda de prensa y a través del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, hizo más hincapié en la desaceleración económica en la eurozona. Los mercados entendieron que el banco emisor no va a realizar otra subida del tipo de interés en lo que resta de año. Trichet comentó que en su reunión de septiembre haría públicas las nuevas previsiones del BCE sobre crecimiento e inflación, pero destacó que se habían materializado algunos de los riesgos a la baja en el crecimiento que el BCE había identificado en los meses de junio y julio. Además, indicó que el banco central en este momento no tenía aún clara la dirección del tipo de interés de referencia en los próximos meses.

Si se tiene en cuenta que hasta ahora la política de comunicaciones ha consistido en preparar a los mercados antes de que se produzca el movimiento del tipo oficial, parece descartable que se vaya a modificar el tipo de interés de referencia de la eurozona en los próximos meses. En todo caso, dependerá de los datos económicos que se vayan conociendo. Por otra parte, las previsiones preparadas por su departamento de estudios económicos serán fundamentales en la próxima reunión del BCE del 4 de septiembre.

Tampoco lo ve claro el Banco de Japón, que en su reunión del 19 de agosto decidió mantener el tipo de interés oficial en el 0,5%. En la misma, aprovechó para rebajar su evaluación sobre las perspectivas económicas de Japón. El incremento de precios de materias primas, la inestabilidad provocada por la crisis financiera y la desaceleración económica en Estados Unidos son los factores que cita para calificar el crecimiento económico de «flojo». Uno de los elementos más importantes para alcanzar esta conclusión es la fuerte desaceleración en el último dato conocido del mes de junio de las exportaciones japonesas, cuya caída fue la más intensa desde 2001.

Sin embargo, el banco emisor japonés advirtió que si el riesgo de desaceleración económica disminuyera subiría el tipo de interés de referencia debido a que, al ser anormalmente bajo, invita a la creación de burbujas financieras. Aunque al banco central le gustaría subir el tipo oficial, es probable que no tenga oportunidad de hacerlo durante este año, pues la inflación está en sólo el 1,8%. Y no se observa ningún tipo de espiral de precios-salarios preocupante mientras que, en cambio, el riesgo de desaceleración económica es elevado.

También en Estados Unidos, la Reserva Federal duda sobre los siguientes pasos a dar en las decisiones de política monetaria. En su última reunión del 4 de agosto, un miembro votó a favor de una subida inmediata, mientras que el resto se decantó por mantener el tipo de interés oficial en el 2%. En el comunicado que se hizo público tras la reunión, alcanzaban la misma conclusión que el resto de los más importantes bancos centrales del mundo. Es decir, que hay riesgos al alza en precios y a la baja en crecimiento. Se espera con gran atención su próxima reunión, que será el 16 de septiembre, para ver si mantienen su posición o se decantan por una posición más agresiva, tras conocerse los índices de precios industriales, cuyo índice subyacente crece a una tasa interanual del 10,2%, máximo de los últimos 27 años, y avisan del riesgo de que se acabe trasladando un mayor incremento a los precios de consumo.

Sin embargo, excluidos los bancos centrales citados, el resto de bancos emisores son conscientes que el problema principal es la inflación y han empezado a subir los tipos de interés oficiales como han hecho, por ejemplo, los bancos centrales de Bulgaria, Argentina, México e India.

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