edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
14/03/2012
EL DEDO DE MADOZ

El esfuerzo fiscal deberá superar los 40.000 millones para encajar el déficit pactado con la UE

Carlos Schwartz

El Consejo Europeo ha querido tener la última palabra en la fijación del déficit público español para 2012 y ha exigido un esfuerzo adicional “de en torno al 5%” del producto interior bruto (PIB) de acuerdo con el comunicado difundido. Por su parte, el Gobierno de Mariano Rajoy ha asumido esta exigencia. De esta suerte ha quedado zanjada una comedia de presuntos desencuentros que tiene todo el aire de haberse pactado por el presidente del Gobierno y el ministro de Economía en los pasillos del Consejo Europeo y del ECOFIN a lo largo de las semanas de precalentamiento que desembocaron en el acto final esta semana. Sin explicar cómo, y con el acento puesto en que será la Administración central quien se hará cargo de pulir 5.000 millones más de las cuentas, el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro ha dado por cerrado el capítulo mientras el Congreso aprobaba el techo de gasto para este año. El último acto de esta primera parte, que ni siquiera incluye el esbozo del presupuesto general del estado para el año en curso, sino sus “envolventes”... ha dejado otra vez cierto olor a chamuscado. Quizá por eso de que el ministro de Economía dijo en un aparte en Bruselas de camino al ECOFIN que el esfuerzo añadido se repartirá entre todas las administraciones mientras Montoro precisaba unas horas más tarde que no sería así.

Lo que ninguno de ellos acaba de aclarar es cuál será el volumen total de los ahorros y mayores ingresos. Las fuentes de medios financieros consultadas por ICNreport puntualizan que “la cifra no puede ser en ningún caso inferior a 40.000 millones de euros”, y algunas de ellas consideran que se puede disparar a 45.000 millones. Afirman que el Gobierno ya ha dicho que para reducir el déficit estructural del 7% que registró en 2011 al 3,5% esperado para este año hay que hacer un ajuste de 37.869 millones de euros. Mientras que como el saldo cíclico que fue en el 2011 del 1,5% se dejará flotar hasta el 2,3% se estarán “aflorando” 8.390 millones de euros, el ahorro más los ingresos sería al final de 29.479 millones de euros. Ahora a esta cifra hay que sumarle 5.000 millones que ni se sabe de dónde saldrán, como tampoco se sabe cómo se van a “aflorar” por arte de magia los 8.390 millones por el simple hecho de dejar apreciar el déficit cíclico frente al estructural. Simplemente las cuentas no salen. Por añadidura el “mayor esfuerzo” se hará en el ajuste del déficit estructural. Por definición este es el déficit que se tienen en plena expansión. Pero España en plena expansión -en medio de una burbuja inmobiliaria, es cierto- carecía de déficit. De donde queda claro que el déficit estructural es un artefacto estadístico que “nadie sabe qué es” como señala el columnista del Financial Times Martin Wolff.

Dicho esto, en apariencia la suma de ahorros e ingresos quedaría en una cifra del orden de los 35.000 millones de euros. Pero ocurre que los ingresos por impuestos seguirán creciendo menos que el PIB en 2012. Pese al incremento del IVA, y al aumento de las retenciones a cuenta del impuesto de sociedades, aprobados por el anterior Gobierno, la recaudación por impuestos en 2011 creció un 1,3% mientras que el PIB creció un 2,1%. El motivo para esta situación está vinculado al peso en el PIB de los agregados sobre los que cada impuesto se sustenta. El IRPF se alimenta de las rentas del trabajo que han declinado. El IVA de la vivienda nueva y el consumo, ambos arrasados. Mientras el crecimiento del PIB se apoya en una fuerte caída de las importaciones y un leve repunte de las exportaciones, que no pagan IVA.

El pronóstico para este año de los ingresos por impuestos es peor que el de 2011. El IRPF y el IVA de mal en peor. El incremento de los tipos fiscales apunta a frenar una mayor caída pero no necesariamente a producir una mejoría sustancial de los ingresos. Esto es lo que ha llevado a las crecientes suspicacias acerca de qué es lo que cuece el Gobierno en materia de “justicia fiscal”, ya que el ministro Montoro se ha esmerado en afirmar que los recursos fiscales se deben aplicar “de manera ponderada, equilibrada y justa socialmente y que no afecte a los más débiles”. Tanto Montoro como Guindos han descartado en sus declaraciones una subida del IVA, un impuesto de relativo impacto inmediato. Queda la opción de eliminar desgravaciones o generar impuestos especiales. Mientras, queda también en el limbo por la imprecisión de la declaración del Consejo Europeo si el 0,5% del PIB de reducción que piden se refiere al déficit estructural o a la suma de cíclico y estructural, o sólo al cíclico. Porque este es un asunto que está en la nebulosa de Andrómeda en general y más bien lo que despierta son suspicacias.

Varias veces el presidente de Gobierno ha señalado que el compromiso para 2013 de reducción del déficit es al 3% del PIB, pero del saldo estructural. ¿Y cuál sería la divergencia aceptable del saldo cíclico? Este es un verdadero imperio de la incertidumbre cuya clave está en un lugar muy distante de las cuentas nacionales. Esta en la lectura que hacen de los flujos financieros intracomunitarios los países con excedentes de balanza de pagos, en particular Alemania. Este último país es excedentario en su balanza de pagos por definición, tanto por los ingresos de su balanza por operaciones invisibles como por sus exportaciones. Sus excedentes han financiado en buena medida la burbuja inmobiliaria española, vía la compra de bonos y cédulas hipotecarias. Una parte considerable de la deuda externa de las entidades financieras españolas, del orden de los 700.000 millones de euros, es con inversores institucionales del norte de Europa. A cambio España ha devuelto con creces esos flujos de capital invertidos en parte en bienes de equipo y de consumo duradero alemanes.

Mientras la refinanciación se hizo por cuenta de los flujos privados que han supuesto intercambios de dinero por bienes, y el sistema se mantuvo en equilibrio, la cuestión del déficit en las cuentas públicas fue un asunto marginal. El problema se ha planteado desde 2008 en adelante cuando mantener en pie al sistema financiero de la periferia de Europa, fuente de ingresos de la industria de Alemania, ha supuesto la refinanciación de los vencimientos por medio del préstamo a través del Banco Central Europeo y la red de bancos centrales de la zona del euro. Esto ha hecho que ahora los excedentes de Alemania, Luxemburgo, Holanda, Finlandia se opongan a los déficit de Italia, España, Portugal, Irlanda y Grecia. La posición acreedora del Bundesbank contra el BCE es de 449.000 millones de euros introduciendo el problema del riesgo soberano en esa deuda ya que su contrapartida son las necesidades de financiación de los países deficitarios de la periferia.

Hay al menos dos forma de resolver estos desequilibrios que están detrás de la crisis de la deuda soberana y los problemas de la zona del euro. Una es que los excedentes de liquidez que se dirigen a los bancos de la periferia regresen a los países con superávit generando presión inflacionaria. Un proceso de inflación moderada apoyada por los bajos tipos de interés en la zona del euro supondría una corrección de los desequilibrios, algo a lo que contribuirían las fugas de capitales de los países de la periferia hacia los países con superávit, un proceso que ya se ha registrado en el caso de Grecia y de Italia. Incluso puede que de España. Esta es la posibilidad contra la cual Alemania lucha de forma encarnizada, hasta ahora con éxito.

Para evitar la anterior forma de resolución de los desequilibrios el Gobierno de la canciller Angela Merkel se ha empeñado en que la corrección venga por la vía de la deflación en los países deficitarios. Una brutal frenada en los procesos de déficit va a paralizar los flujos hacia la periferia aislando a Alemania del riesgo inflacionario y soberano que puede implicar severas pérdidas para su banco central en una cadena de suspensión de pagos de países. Habría que analizar en detalle a quiénes dentro de España conviene esta política. Puesto que el Gobierno se ha erigido en representante del interés común del empresariado, y sin embargo hay sectores industriales a los que claramente este ajuste no le conviene, es probable que a poco de andar se comiencen a ver las vías de agua en el caso de este supuesto interés común.

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