edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
03/04/2017
banca 
Recuperar confianza, corregir errores

El Estado busca lavar su prestigio y reputación con la fusión Bankia-BMN

La falta de explicaciones sobre las ventajas de la operación pone en duda el interés de futuros inversores
Juan José González
No cabe duda que el recuerdo del fiasco de la salida a Bolsa en su día de Bankia permanece en el recuerdo. Para bien y para mal. Para mal porque muchas miradas siguen fijadas de forma permanente en la vida corporativa de la rescatada, quizá en busca de errores o a la espera de malos resultados. Para bien porque todas las partes implicadas en el rescate público y reflotamiento de su gestión, así como de normalizar sus funciones como entidad de servicios financieros para particulares y empresas no quieren que se repita ningún error del pasado. Hasta ahora, el equipo gestor, con Goirigolzarri y Sevilla al frente, parece haber conseguido algo considerado casi imposible hace pocos años, como es la recuperación de la entidad. Sin embargo, los inversores que hoy analizan el banco como objetivo de futuras inversiones, parecen albergar dudas sobre el comportamiento del accionista mayoritario. En este punto aparece el Frob, el Ministerio de Economía, el cual no tiene margen de error en esta nueva operación, la fusión con BMN: o concluye en éxito, o el balance de la reestructuración de las cajas y el remate final con la fusión de las dos entidades intervenidas, dará la razón a quienes desde el principio opinaban que el Estado es un mal reestructurador y peor banquero, además de poner en peligro el trabajo del equipo gestor (Goirigolzarri y Sevilla) que, no hay que olvidar, ha conseguido recuperar una de las grandes entidades bancarias quebradas.
La decisión de fusionar Bankia y BMN resuelve dos problemas, según el relato que ofrece la versión oficial del Frob, el propietario de ambas entidades. A saber: Bankia necesita mayor volumen al entender que el tamaño le aportaría, además de mayor negocio (y otros problemas) también más valor, al parecer y según opinión dominante en medios de Economía (sede donde se toman las decisiones estratégicas de la entidad y, en este caso, sobre la fusión con BMN) el punto más débil y crítico a reforzar en su participada. Y no sólo esto, sino que, a su participada BMN, con números anuales sin posibilidad de mejora, le salvarían la vida. Es decir, con la fusión el Frob mataría dos pájaros de un tiro. Ahora, sólo resta conocer los motivos de forma, las sinergias reales, los números de las cuentas y de los balances de futuro que a buen seguro habrán servido de material base para tomar la decisión.

Porque el Frob se ha apresurado a comunicar al mercado la decisión, es decir, que no habrá venta a terceros de BMN a pesar de que, como subrayó el ministro de Economía, Luis de Guindos, y su entorno, en la `venta´ de la operación, "algunas ofertas recibidas por BMN han sido muy interesantes". Se entiende, por tanto, que otros inversores privados habrían aplicado una valoración a la entidad que, seguramente ni sus dueños públicos se imaginaron. Pero la decisión sobre los `dos pájaros´ ya estaba tomada desde hace tiempo. La habitual costumbre de los responsables públicos de explicar las bondades de algunas de sus decisiones en forma de términos, vocablos con voces y verbos, denotan, en este caso, cierta inseguridad, dudas que surgen sobre la base de los esfuerzos (y sacrificios) que se deberán abordar en la fusión de ambas entidades.

Lo que no parece que ofrezca duda es que la red, abundante y redundante tras la fusión, estará obligada a reducir oficinas y personal, dado que la fusión deberá hacer visibles sus éxitos en el menor tiempo posible. Porque no hay que olvidar que la fusión entre las dos entidades es, en primera instancia, un primer trámite, la primera fase para una venta posterior de Bankia-BMN, objetivo último de la aventura, pues la permanencia del Estado como accionista en la entidad bancaria sólo está justificada por el rescate público.

Los inversores, fondos de inversión y de pensiones, y otros soberanos de países de Oriente, siguen al acecho de la recuperación de Bankia. Es la entidad que parece que mayor interés ha suscitado entre los inversores extranjeros de todas las que, de una u otra forma, se han visto afectadas por la crisis bancaria. El atractivo para esos grupos de inversores (tanto especulativos de corto como de largo plazo) interesados en el desarrollo presente y futuro de Bankia obedece al parecer en que desde Economía (y desde el Frob) les han explicado los errores cometidos por sus gestores anteriores, así como de las garantías de la información financiera (dinero público) recibido en forma de rescate. Es decir, las cuentas de Bankia contarían con la certidumbre de ser tan reales como ciertas sus ayudas. Otro asunto son las mentiras de las autoridades políticas sobre el precio del rescate para el contribuyente, costes que, al contrario de la versión oficial, conformarán una elevada factura.

Se podría decir que del éxito en la gestión de la crisis bancaria, de la que Bankia es todavía uno de sus efectos, dependerá, no sólo el futuro de la entidad financiera, sino también el prestigio de numerosas instituciones. Entre ellas, el Banco de España, hoy envuelto en polémica, próximo al grado de escándalo público, sobre su actuación en la historia de la entidad pública. Tampoco el ministerio de Economía es ajeno a la parte de desprestigio que le corresponde en tanto que las decisiones más relevantes que llevaron la entidad a la quiebra pasaron en su día por Consejo de Ministros. Es por todo por lo que el papel del Estado (Frob y Economía) en la gestión de la entidad, como ahora lo es la fusión con BMN, es algo más que una operación de coste y beneficio: son reputación y prestigio, en ambos casos, públicos.

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