edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
20/03/2014
Interesados árabes y chinos

El Estado descarta socios de control en Bankia hasta culminar el plan estratégico

Demasiados novios, foráneos, que aspiran a tener asientos en el consejo y que deberán esperar
Juan José González

Lluvia de elogios en la Plaza de Castilla, aluvión o tormenta, lo cierto es que el enaltecimiento de la gestión de José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia desde mayo de 2012, comienza a preocupar en la última planta de la torre inclinada de los impares. Así que, a punto de cumplir el segundo año al frente de aquella catastrófica Bankia, y en vista del éxito, Goirigolzarri tiene que hacer frente a la presión oficial de su principal accionista -el Estado- que en plena fase de gloria le apremia a que ponga en marcha, y a la carrera, la venta del segundo paquete del capital. Prisas que obligan a pensar que las necesidades de ingresos del principal accionista continúan siendo muy exigentes, y que 1.100 millones de euros que entraron en caja por el 7,5% del primer paquete, le parecen una limosna.

Pero prisas también porque al parecer los interesados hacen cola, quieren entrar en un banco seguro, que seguirá especialmente protegido por el Estado, que será modelo para otros, al parecer una inversión que va a caminar en paralelo a la recuperación de la economía. Hasta el momento, la trayectoria no puede ser mejor: transformar 3.000 millones de pérdidas en 800 millones de beneficios no ocurre con frecuencia.

Sin embargo, el mayor mérito de Goirigolzarri reside en haber logrado recuperar la confianza en la entidad, y que es suma de equipo de trabajo y dos garantías: la de la experiencia profesional y, sobre todo, la inestimable "garantía del Estado", que no es cualquier aval, sino el mejor. El éxito reside también en haber logrado que los particulares que adquirieron participaciones preferentes consiguieran salvar buena parte de su inversión -y que la revalorización de las acciones puede hacer aún mayor-. Pero sobre todo para los millones de inversores, ahorradores y clientes en general, por no decir la mayoría de la ciudadanía, que no acudieron a su sucursal para retirar todo el dinero posible. Es decir, ha logrado mantener la calma y anular el pánico. Quizás éste era el principal objetivo: los efectos del riesgo sistémico y el contagio a todo el sector bancario del país.

Lo conseguido hasta ahora en Bankia tiene por otro lado el valor relativo de haber cumplido con la hoja de ruta conocida en el tratamiento de estas situaciones de crisis severas, comenzando por un acuerdo o pacto con las fuerzas sindicales, primera faena compleja para el equipo de Goirigolzarri, nada agradable eso de poner a 4.500 trabajadores en su casa, prejubilar desde los 54 años y cerrar más de mil oficinas. Pero además de haber conseguido la estabilidad en los millones de clientes, millones de cuentas, y del pacto laboral, la gestión de la crisis de Bankia consigue devolver la confianza en un sistema: salvar los bancos, evitar la quiebra de una entidad grande, porque se frena la posible caída del sistema financiero general. Salvar bancos, en este caso uno por valor de 22.000 millones de euros, es posible y además se demostrará, a medio plazo, que es beneficioso para el sistema. Y en este caso se puede decir que la nacionalización de Bankia (la garantía del Estado) devuelve la confianza a unos ahorradores que probablemente han debido pasar el capítulo más cruel de la reciente crisis.

Y tras una intensa labor de limpieza y orden en la casa, recuperada buena parte de la gloria del sector financiero español, perdida en los últimos tiempos como consecuencia de la crisis de las cajas, la tarea más inmediata se centra en seguir vendiendo más capital de la intervenida. Después de comprobar la facilidad para colocar el paquete del 7,5%, y con el que los inversores extranjeros suman ya cerca del 20% de Bankia, el interés por entrar en el accionariado es cada día mayor. Grandes inversores hacen cola a las puertas del despacho de Goirigolzarri para preguntar cuánto deben pagar para hacerse con un asiento en el consejo. Sin embargo, el guion del plan estratégico de la entidad nada dice al respecto y tampoco se atreven a aventurar la entrada de un socio industrial cuando todavía no ha concluido la fase limpieza de la cartera de participadas.

Pero llegados al punto en que el reconocimiento público del éxito se hace abrumador, el accionista principal, el Estado, garante y aval de la gestión de Goirigolzarri, hace acto de presencia y se deja ver, al tiempo que se hace exigente. Presumen de la buena marcha de Bankia el Gobierno en general y el ministro de Economía Luis de Guindos en particular. Y con la gloria vienen mayores exigencias y presiones. Ahora el Gobierno quiere más velocidad en dar salida a su participación, actualmente, en torno al 51%, pero no a cualquier precio y tampoco al primero que llama a la puerta. Economía tiene una lista de candidatos que espera respuesta en breve: árabes y chinos cuentan con las papeletas suficientes para hacerse con dos o cuatro sillones de la futura Bankia. El plan estratégico contempla que el próximo paquete de acciones a la venta se quede en el mercado local y no sería hasta el próximo ejercicio cuando se pondría en marcha el paquete destinado a los grandes inversores.

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