edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
08/10/2014

El estancamiento económico de Alemania amenaza su reforma energética que socava la competitividad

El parón nuclear de Merkel y los costes de las renovables comienzan a mostrar signos de agotamiento
Carlos Schwartz

La economía alemana padece un estancamiento que muchos analistas consideran que es la antesala de una recesión. Los datos del segundo trimestre indicaron una caída del producto interior bruto del 0,6% lo que aplanó el crecimiento de la Eurozona. Los datos de órdenes de compra del sector manufacturero del país en agosto y septiembre han mostrado una caída de acuerdo con el índice PMI de Markit. Ahora el Gobierno federal ha difundido los datos industriales de agosto que reflejan una caída del 4% respecto de julio, la peor desde febrero de 2009 y muy por encima del consenso del mercado que era un 1,5%. Los analistas consideran que los elementos fundamentales que han soportado la actividad industrial de Alemania se han debilitado de forma significativa, como la actividad económica de China y otros países de Asia y las naciones emergentes de América Latina. En este contexto el 75% de las pequeñas y medianas empresas del país afirman que el incremento de los costes energéticos del país constituyen un riesgo significativo para su futuro de acuerdo con una encuesta de la Federación Alemana de la Industria.

El problema de fondo es la denominada Energiewende, revolución energética, emprendida por el Gobierno que ha pegado un acelerón en 2011 tras el parón nuclear. Pero esta decisión ha supuesto romper con la mezcla de generación eléctrica del país empujando los costes energéticos de forma aguda. La canciller Angela Merkel en un vuelco político hacia el sentimiento anti nuclear de una parte considerable del electorado alemán tras la catástrofe de Fukuyima en Japón tomó la decisión de cerrar la generación nuclear de electricidad que representaba el 25% del total del país. De forma paralela impulsó las energías renovables y propuso como objetivo nacional un 40%-45% de generación renovable para 2025, por encima de los objetivos fijados por la Unión Europea. Los precios mayoristas de la energía eléctrica en Alemania han caído un 32% desde 2010, y los analistas esperan que los contratos  de futuros de electricidad sigan cayendo. Pero por el contrario los precios minoristas al consumidor suben desde su punto de inflexión en el año 2000.

De acuerdo con las estadísticas alemanas el incremento del precio de la electricidad ha sido de un 30% en los últimos 10 años. La contradicción entre los precios mayoristas y el precio al consumidor se explica por la política oficial: la presión que ejerce el incremento de las fuentes renovables de energía -eólica y solar mayormente- se atenúa subsidiando a las industrias que optan por esa energía, más cara para el consumidor industrial que la convencional. Es decir que el famoso Energiewende (cambio de modelo) se financia con la menos famosa EEG Umlage, es decir el recargo fiscal correspondiente aplicado a las grandes industrias menos intensivas en energía, a las pequeñas y medianas industrias y a los consumidores residenciales. Pero a partir de este año los presupuestos alemanes deberán ajustar también la retribución del kilovatio de los grandes consumidores por decisiones adversas de la UE que le ha obligado a limitar los subsidios a la gran industria lo que ha despertado las iras de empresas como BASF. La política energética alemana está arrasando con las cuentas de resultados de las compañías eléctricas del país como reflejan sus resultados. La consecuencia de la Energiewende ha sido un incremento del 60% en la factura de la electricidad de las empresas en los últimos cinco años.

Pero el resultado de las políticas energéticas impulsadas por el Gobierno, incluido el actual de coalición con los socialistas, ha empeorado el escenario. El cierre de las nucleares ha incrementado la generación eléctrica con carbón. Entre 2010 y 2015 Alemania tendrá nueve nuevas plantas térmicas accionadas por carbón, lo que supone un fuerte incremento de las emisiones de CO2. Mientras, cierra plantas menos contaminantes accionadas por gas por sus mayores costes. El país no puede depender exclusivamente de la generación renovable basada en el sol, al margen de que este se vea bastante poco en el norte, y el viento porque ambas fuentes son aleatorias y por tanto el país debe tener un sistema de seguridad basado en otras formas de generación. Sin hablar ya de los inmensos costes con los que la generación renovable eólica está tropezando en su desarrollo off shore en el mar del Norte. Consecuencia también de estas decisiones ha sido un incremento de la dependencia alemana del gas ruso en medio del conflicto entre la UE y Rusia por el futuro de Ucrania. Y, también, la necesaria importación de electricidad francesa generada por centrales nucleares. Paradoja difícil de encajar desde el punto de vista político.

En un escenario que hace recordar las circunstancias de España hasta ahora los grandes beneficiarios de la Energiewende son los inversores en energía solar y eólica. La inversión de particulares y de grupos de comunidades locales acaparan la mitad del mercado de generación renovable en tierra firme. Los inversores institucionales, incluidas las compañías de seguros tiene la mitad de la energía solar y un 40% de la eólica en tierra. El cambio de modelo energético es el proyecto de infraestructuras más grande de Alemania desde la segunda guerra mundial a un coste previsto de un billón de euros, es decir la mitad del PIB anual del país, hasta ahora se ha visto cargado de costes imprevistos y grandes obstáculos que van a implicar de forma inevitable correcciones presupuestarias.

Lo que los observadores del resto de Europa temen es que el empeño en llevar adelante el proyecto en las presentes circunstancias económicas del país agrave sus dificultades. La población de Alemania es sumamente sensible al cuidado del medio ambiente y los problemas que ello supone. Una generación de votantes por añadidura resultó expuesta a la catástrofe nuclear de Chernobil, y su recuerdo aun impregna el ambiente político. El partido Verde tiene peso y ha sido aliado del socialista, y aunque no está actualmente presente en el Gobierno, influye en la opinión pública. Por lo tanto es difícil que se revise la política nuclear. Pero la presión de los subsidios a la generación renovable pasará un factura creciente al país. Si la situación económica se agrava, la revisión de la política energética será inevitable.

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