edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
11/03/2016
banca 
Un buen precedente

El examen a los CEO bancarios se podría extender a otros sectores

El Banco de España certificará en adelante la ”idoneidad” de los primeros ejecutivos de banca mediante pruebas orales y escritas
Juan José González
Desde hace varios años, Basilea III forma parte de la vida de bancos y banqueros. Y una parte de esa normativa europea, a la que pertenece la circular sobre supervisión y solvencia, viene ahora a reforzar algunas carencias identificadas en la gestión de la última crisis financiera. La norma, puede llegar incluso a cuestionar (y decidir) si alguno de los gestores financieros (consejeros y directores generales) debe quedarse o, por el contrario, abandonar las funciones y dedicarse a otro asunto que comporte menor riesgo. Quizá la misma premura de las autoridades bancarias europeas en la aplicación de varios aspectos técnicos de la normativa, es la que debería haberse observado sobre un aspecto clave de la gestión bancaria como es la profesionalidad de sus gestores. Seguramente la crisis habría sido diferente si algunas medidas, como la evaluación de la alta dirección, se hubieran puesto en marcha unos años antes de 2008. El sector bancario no debería ser el único a examinar.
La fecha de 2008 no es caprichosa, si no la más adecuada porque supone el punto de partida de muchas decisiones que, uno o dos años después se demostraron erróneas, fatales y dramáticas para un buen número de grandes bancos: la crisis de 2008 se encargó de levantar para algunos el acta de la catástrofe, y para otros de defunción. El tiempo ha ido situando a más de uno en su sitio, a `ceos´ y presidentes cuyas decisiones han evidenciado su incapacidad técnica en el ejercicio de sus responsabilidades. Por tanto, no debería ser una norma polémica la que ahora culmina el proceso de trasposición de Basilea III por la casuística y el historial previo de los hechos que pretende prevenir en adelante.

Quizá la única parte de la norma que parece suscitar algún comentario crítico (así comienzan las polémicas) se encuentre en que es el Banco de España, como delegado local de la autoridad bancaria europea, la institución encargada de llevar a cabo las entrevistas individuales a los candidatos propuestos por las entidades bancarias. Cabría preguntarse por el tipo de test, las preguntas, los cuestionarios o los temas a superar por el examinando en demostración de su valía técnica de cara a la calificación final como candidato idóneo con certificación delegada del Banco de España.

De esta forma, las pruebas orales se convertirían en una asignatura destinada a probar los reflejos mentales, la cintura y demás armas técnicas que suelen formar parte del ámbito de las decisiones más comprometidas. La norma no descarta que el supervisor, el examinador delegado, pueda hacer uso de sus conocimientos académicos para comprobar que el candidato propuesto reúne las cualidades que le hacen merecedor del cargo al que aspira. En todo caso, debe quedar claro y probado que el candidato es honesto, honorable, idóneo y técnicamente capaz y competente. 

Cabe también la posibilidad de que este examen obligatorio (desde ahora por norma) se quede en un acto más de cumplimiento más propio de un trámite que de lo que se pretende, como es, que la autoridad se forme un juicio y criterio sobre un ejecutivo con responsabilidades de alto riesgo. Si el examen deviene en un acto de simple conocimiento personal, intercambio intelectual de la realidad, problemas y demás, la utilidad de la norma se habrá convertido se antoja escasa o nula, merced a una pantomima que en la práctica no será, sino una burla.

Hasta el momento se desconoce en qué situación se encontraría el candidato propuesto si no alcanza el aprobado necesario, pues el texto no recoge más que una convocatoria. También, y como siempre, habrá que preguntarse: ¿quién examina al examinador? pues la garantía de profesionalidad del personal clave y su idoneidad, amén de otras cualidades como la honorabilidad, también deberían abarcar a este personal calificador o examinador de los banqueros. 

Incluso ¿por qué no? plantear si el grado de exigencia a los examinadores debería ser superior al de los examinados, en tanto que depositarios (funcionarios) también de un interés público y riesgos a proteger, y que no son precisamente menores. Con el tiempo, las autoridades de Bruselas deberían pensar en ampliar el examen que recoge Basilea III y aplicarlo a otros colectivos técnicos y políticos, pues las oposiciones de los primeros y las urnas de los segundos se están demostrando insuficientes.

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