edición: 2637 , Viernes, 18 enero 2019
05/09/2013
Efecto boomerang

El falso mensaje del Gobierno agrava la desconfianza empresarial

Desempleo, morosidad, sin crédito ni consumo, incompatibles con la salida de la crisis
Montoro y Rajoy
Juan José González

Preguntado, días atrás, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, sobre cuándo cree o atisba que puede llegar la recuperación económica, el político apuntó varios pasos previos, básicos: deben mejorar las exportaciones, también debe mejorar la competitividad y, por supuesto, es necesario que las familias consuman y las empresas inviertan y demanden crédito a la banca. Los primeros pasos parecen ir viento en popa; los problemas se centran en los segundos. Las familias, los consumidores, siguen en actitud defensiva porque no ven (ni se creen) el final de la crisis (sólo salida de la recesión y tímida). Las empresas esperan que la banca rebaje las condiciones del crédito y esta, a su vez, que las empresas mejoren sus cuentas, sus ventas y se reduzca la morosidad. Tras el verano, todo indica que la recuperación económica deberá esperar, irá para largo, lo cual no va a persuadir al Gobierno en moderar su desbocado optimismo sobre la salida del túnel.

El optimismo del Gobierno en la salida de la crisis (todo un ejemplo de oxímoron) a la que no duda en poner fecha, no es compartido por la sociedad ni por las cifras ni por la realidad. Tanto los buenos resultados (coyunturales) de las exportaciones como las mejoras de la competitividad, están siendo `vendidas´ políticamente con altas dosis de sensacionalismo, y en algún caso, como la reducción del desempleo en agosto, rayando con el esperpento. Sólo se llama la atención sobre la media parte de la botella que está llena sin reparar en la otra media vacía como tampoco en las razones por las que el sector financiero no tiene entre sus planes abrir el crédito sin más. Los departamentos de riesgos de los bancos trabajan con el peor problema que se les puede presentar: elevada morosidad con alta probabilidad de impago de cuotas más allá de los tres meses (mora). Un problema que obliga a la banca a cerrar el flujo de crédito, líquido imprescindible para la reactivación económica que el Gobierno asegura ya está en marcha.

Pero el dinero, el crédito en serio, en cantidades elevadas, no se espera que regrese al sistema hasta, al menos, cuatro años, tiempo que coincide con dos plazos, dos objetivos. El primero, que la elevada morosidad en buena parte de la actividad económica, se corrija. Será la única vía para que se abran nuevas líneas de crédito, si bien hay que recordar que el impago de cuotas a tres meses en el sector inmobiliario sigue estando por encima del 28%; en materiales de la construcción del 23%; hostelería el 18%... por poner algún ejemplo. Morosidad que bloquea cualquier decisión de concesión de líneas de crédito, porque para las entidades financieras el impago de cuotas evidencia que las empresas no generan caja, no venden. De ahí que no se justifique la extrañeza del Gobierno en que la banca no preste.

En segundo lugar, y más alejado aún de la opinión del Gobierno, los bancos no prestarán dinero en tanto no resuelvan una tarea de índole doméstica como es la recapitalización, asunto que bien puede ocupar cuatro ejercicios hasta que las entidades se recuperen en términos de capital. Como señala un experto del sector "sólo se saldrá de la crisis cuando los bancos hayan provisionado el equivalente a lo que ya han provisionado y que equivale al crédito promotor".

Por tanto, el optimismo oficial debería pasar antes de la próxima manifestación -seguramente en la tarde y noche de este sábado, de júbilo olímpico- por el tamíz de la realidad, es decir, de por qué los consumidores no van a las tiendas, las empresas no fabrican ni invierten y los bancos no prestan. Y es seguro que no desconocen las causas pero de ahí a vender humo debería haber mediar otra distancia. 

Ahora queda por conocer cuál será el grado de aprendizaje que se haya conseguido de la experiencia o, dicho de otra forma, si esa escasez del recurso básico del capital, se va a transformar en un mejor uso del dinero, un cambio que debería proyectarse sobre las cuentas y balances de las empresas y también de la banca.

Pero respecto al Gobierno, mejor será que se preocupe de crear las condiciones para que los consumidores consuman, los empresarios inviertan y los bancos encuentren las mejores condiciones para prestar dinero sin que haya que esperar una década hasta que se regularicen los mercados. Las manifestaciones de optimismo excesivo, además de crear falsas expectativas, suelen alimentar la desconfianza.

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