edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
04/04/2012
Mercados, expertos y ciudadanos, incrédulos con el plan del Gobierno

El falso presupuesto `base cero´ que conduce a la espiral griega

El Ejecutivo alcanzará el déficit fijado, pero el PIB seguirá bajo mínimos
Juan José González

Comienzan a escucharse –y leerse- las primeras reflexiones críticas de algunos economistas sobre los Presupuestos del Estado presentados la semana pasada por el Gobierno. Se mantienen las dudas sobre si la metodología elegida para su elaboración le hace merecedor de la categoría de “presupuesto base cero” o “presupuesto de guerra” –o pre-guerra-. Para la mayoría de ellos, la forma o el único camino posible que supone planear el paso desde un déficit del 8,5% (de 2011) al 5,3% en 2012, con el objetivo puesto en el 3% en 2013, es una especie de híbrido más próximo al de un presupuesto “post contienda bélica”. El matíz viene a cuento porque, en función de uno u otro y analizando partida por partida con la referencia del año anterior para fijar la del presente -a la baja, por supuesto- no va a hacer posible un ajuste estructural del déficit estatal. De ahí que, no hay que extrañarse que los expertos, además de poner en tela de juicio el cumplimiento de los objetivos o la financiación –el coste de la misma-, alberguen dudas sobre la metodología de Cristóbal Montoro en su elaboración, puesto que no parece que haya sido una cuestión de elegir entre reducir gastos y/o incrementar ingresos, sino ajustar un numerador y un denominador para que el resultado dé 5,3%.

El “presupuesto base cero”, vulgarizando el concepto, consiste en suponer que no habrá gastos de ningún tipo o, lo que es lo mismo, que no hay dinero para nada. En este caso, se mira y remira cada gasto de cara a clasificarlo en el apartado de excepción, caso de las pensiones y otros. El proceso en cuestión, deviene en que la Administración emprende un camino pesado y lento hasta llegar al objetivo. Algo así es lo que puede suceder a partir de ahora en la Administración española con las cuentas del Estado que regirán la actividad económica patria en los próximos nueve meses, abril inclusive.

Quizás no sea el asunto preguntarse cómo se ha llegado a esta situación, ahora es lo de menos, como sí por la forma en que opera el instrumento que el Gobierno piensa utilizar para domeñar la crisis, un ejercicio de supervivencia. La cifra de 55.000 millones menos de déficit en dos ejercicios, sitúan al ejercicio de 2012 en algo así como una etapa intermedia en medio del océano, como describe un expertos, “una meta volante”. Porque en el fondo, Cristóbal Montoro, presentó ayer en la mesa del Congreso de los Diputados –eso sí, en lenguaje último grito, una especie de código cubista- un compromiso del Estado que no consiste en bajar gastos y/o inversiones, y tampoco subir impuestos, o recaudar a lo loco para incrementar los ingresos. Lo que presentó el ministro de Hacienda fue un objetivo que consiste en alcanzar un resultado: el 5,3% de déficit público. El “presupuesto base cero” tiene demostrado –es lo que indica la experiencia práctica- que, a una reducción del gasto público, generalmente tirando de eliminación de personal contratado por la Administración, se produce una reducción del déficit. Lo que sucede es que el PIB se viene abajo, luego la solución no es solución.

Subir los impuestos, en la práctica, incrementa los ingresos, se reduce el déficit pero al PIB tampoco crece, al contrario, baja porque empresas y familias dejan de consumir. Es automático, de ahí que se hayan cuidado muy mucho de tocar un impuesto como el IVA, algo que llegará, sin duda, en el próximo futuro. En cualquier caso, el sistema, y la herramienta elegida para ello, el presupuesto “base cero”, no logra crecimiento de la actividad económica.

La situación tiene un gran riesgo, una especie de callejón sin salida y, por tanto, estado de una economía en apuros a la que no son ajenos los mercados y los inversores en general. El presupuesto contempla múltiples medidas, pero en resumen, cualquiera de ellas, menores gastos y mayores ingresos, reducen la actividad económica, reducen el PIB, al menos, esto será así en los próximos nueve meses. En esta situación, el peligro de que España entre en una espiral similar a la conocida de hace unos meses de Grecia, es elevado pues los gobernantes se aferran en aplicar casi los mismos métodos, es decir: radical ajuste del déficit, reducción automática del PIB y a la vez, necesidad de mayor ajuste que de nuevo sería motivo de otro recorte más del PIB, un lío como el griego.

Expertos economistas y analistas macro, opinan y aseguran que lo que no logre un “presupuesto base cero” en estas condiciones, no lo logrará ningún otro. Este tipo presupuestario, el medio para lograr el fin que propone Montoro, es el producto del análisis de partida por partida del presupuesto. Hay tres conceptos que parecen haber sido intocables: las pensiones, las prestaciones por desempleo y los obligados intereses de la deuda. Y de la misma forma, hay otras partidas que se han eliminado manu militari, por insostenibles, por pertenecer a otros tiempo, tales como aeropuertos, televisiones locales. No parece que se hayan planteado en serio las subvenciones sindicales, no la totalidad, sino su reducción de forma razonable y meditada, como tampoco parece que se haya retocado en ningún sentido la sanidad pública, etc.

En resumen, se ha querido aplicar un “presupuesto base cero” pero sin mirar partida por partida, de ahí que sea casi imposible, no solamente alcanzar los objetivos sino pensar incluso, que otra meta más deseable, los presupuestos “déficit cero”, estarán más lejos en 2013.

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