edición: 2561 , Martes, 25 septiembre 2018
25/11/2013
Algo más que mensajes

El FMI insiste en hacer `corralito´ a los dividendos bancarios

El Fondo adelanta que el supervisor bancario único será menos complaciente que el local
Juan José González

El rescate bancario en Europa se encuentra en esa fase de las recomendaciones de futuro, una vez que la solvencia en el presente parece estar `asegurada´ en base a las medidas tomadas en el pasado. La nueva fase promete ser activa, no sólo en consejos sino también en negociación política, entre las autoridades locales (supervisores) el sector financiero (entidades) y las instituciones supranacionales (UE, FMI, BM). Otra forma de expresar la nueva etapa del que se dice `final del rescate bancario´ sería asimilar las recomendaciones lanzadas a la banca por el FMI como advertencias de un médico a su paciente, recordándole, y en parte exigiendo, que existe riesgo de recaída y que, por tanto, debe ser prudente y mantener e intensificar el tratamiento. La medicina que prescribe el FMI en su reciente informe, va a suponer un arma de doble filo tanto para la banca como para el Gobierno. En la práctica, que el organismo internacional haga tanto hincapié en las medidas alternativas para mejorar la solvencia del sector, aleja a los inversores a los que limita su rentabilidad y como medida de reducción de costes, no parece ser el mejor incentivo para abrir el grifo del crédito.

El sector bancario vive por un lado el doble pulso que le proporciona su propia actividad, su cuenta de resultados y la amenaza constante de esa ausencia de demanda solvente de crédito, y por otro los efectos del rescate bancario. Del primero, nada nuevo: sensación generalizada de que la actividad económica sigue en el mismo punto muerto de los últimos meses, a pesar de la campaña oficial de recuperación pero sin datos que la confirmen. Del segundo, sí hay novedades, puesto que el rescate bancario tiene asegurados bastantes efectos más allá del anuncio del final que ha querido escenificar el ministro de Economía español, Luis de Guindos.

El reciente informe del FMI pretende ser la hoja de ruta a seguir tanto para los Gobiernos afectados por los rescates como para aquellos que siguen en el filo. En su contenido figura la última evaluación sobre la salud de los implicados en el rescate bancario, entre ellos, varias entidades bancarias españolas. Quizás habría que tener en cuenta que la misiva del organismo financiero va dirigida al sector, a los Gobiernos y a las instituciones supervisoras, y en particular a los propios afectados: a los bancos intervenidos. Asunto distinto será la interpretación de las autoridades locales: Gobierno y supervisor financiero.

Aprovecha el FMI la coyuntura como no lo había hecho antes, para aplaudir el trabajo realizado y los resultados logrados por el sector bancario español. Apunta que, aunque todo parece indicar que las medidas adoptadas han situado al sector en la senda adecuada, la recuperación es débil y prevé que sea lenta en el tiempo, lo cual supone la base para justificar la advertencia a los reguladores y supervisores de que extremen la vigilancia, en términos más técnicos, que mantenga una `monitorización´ constante de los bancos. El Banco de España ya era conocedor del mensaje y de la intención del organismo y que, eso sí, le corresponde una nueva tarea: `negociar´ con el sector bancario no intervenido la forma de aplicar la mayor prudencia sobre los riesgos futuros del sector.

La propuesta del FMI no gusta al sector bancario, sobre todo después del esfuerzo realizado en los últimos años en reforzar el capital, en cumplir con los objetivos de solvencia marcados por la Autoridad Bancaria Europea (EBA). El sector interpretó la limitación del reparto del beneficio y se redujo en algunos casos el pago de dividendo en efectivo, aunque en otros la recomendación fue seguida sólo en parte. Sin embargo, el FMI se muestra en esta ocasión más incisivo y beligerante, y es más directo: sugiere a los Gobiernos que refuercen los poderes de sus supervisores para que lo que ahora son recomendaciones acaben convirtiéndose poco menos que en circulares de obligado cumplimiento.

El Fondo es consciente que en el caso español, los créditos fiscales que tienen las entidades bancarias (cuentan como capital) es un arma de `negociación´ en manos del Gobierno que, como avalista, podría exigir alguna concesión de los bancos, por ejemplo, y como sugiere el FMI, que asuma la recomendación de limitar los dividendos y que aumente la concesión de crédito. Sin embargo, no parece que ninguna de estas dos situaciones se vaya a producir ni de forma espontánea ni negociada hasta que la recuperación comience a dar señales más evidentes.

Otro asunto es el mensaje que parecen suscitar algunas de las recomendaciones del Fondo, y que pasan, entre otros, por advertir del carácter más imperativo que tendrá en el futuro la Autoridad Bancaria Única europea en temas como la limitación de dividendos, por supuesto, menos condescendiente que cualquiera de los actuales supervisores locales. Lo que sí parece de compleja realización es la sugerencia de los técnicos del organismo a propósito de la diversificación de fuentes reforzar la solvencia de los bancos: aprovechar el tirón de que España está de moda en los mercados para colocar sus acciones. Eso sí, con la certidumbre de la incertidumbre sobre la rentabilidad de los dividendos.

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