edición: 2561 , Martes, 25 septiembre 2018
02/04/2014
Un impuesto sobre niveles del pasivo

El FMI se propone reducir la concentración bancaria

Durante la crisis, los grandes bancos se han hecho más grandes, y entre ellos los españoles
Juan José González

La quiebra en 2008 de Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de EE UU, sigue viva, después de seis años, en la memoria de los responsables políticos y económicos, y parece que tardará mucho más tiempo en borrarse. Lo cierto es que el evento dejó varias asignaturas pendientes, algunas de mayor calado que otras, y que como el tamaño de los bancos, vuelven a salir a la luz del debate público, en esta ocasión de la mano de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, como también por el interés suscitado por la nueva presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen. En realidad, la discusión sobre el tamaño de las entidades bancarias no ha dejado de estar presente en las reformas propuestas por el FMI y por el anterior presidente de la Fed, Ben Bernanke. Desde los dos organismos se ha entendido que el debate debería encontrar el momento más adecuado, y éste parece haber llegado con los primeros resultados positivos de la recuperación económica en Europa. La discusión irá, seguramente, más allá de la búsqueda de las causas y los efectos de una gran quiebra bancaria, y buscará la forma para que no sean los ciudadanos los `paganos´ únicos de una quiebra bancaria. Discusión que interesará a los españoles Banco Santander, BBVA, Caixabank y Sabadell.

Los expertos del Fondo Monetario Internacional se ponen en marcha de nuevo. Tan sólo dos reuniones entre la nueva presidenta de la Reserva Federal de EE UU, Janet Yellen, con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, parecen haber sido suficientes para abordar una asignatura pendiente arrastrada en los últimos seis años de crisis: las quiebras bancarias. Entienden las dos responsables que el escenario actual parece ser el más adecuado para retomar algunos aspectos de la estabilidad financiera internacional, aplazados en su día por imperativos locales, por crisis puntuales que exigían la intervención inmediata de los Gobiernos en auxilio de sus bancos. En el recuerdo de Yellen pesan Goldman Sachs, Morgan Stanley y Bank of America entre otros. Y en el de Lagarde, las ayudas a RBS, Lloyd´s, HBOS, BNP, Commerzbank, etc. En ambos casos, la preocupación se mantiene en los costes de los rescates que deben afrontar los gobiernos con cargo a las cuentas públicas.

La puesta en marcha del debate tiene en cuenta que en Europa se acaban de producir avances importantes en el proyecto de Unión Bancaria que no recoge algunas consideraciones de Yellen y de Lagarde. Estas son partidarias de impulsar un acuerdo sobre un nuevo impuesto para afrontar posibles rescates bancarios. El FMI ha querido comenzar la campaña en favor del impuesto, asegurando que es posible y muy probable que se vuelvan a repetir algunas situaciones de crisis bancarias y que podrían afectar a entidades de gran tamaño. Y propone la aprobación de medidas estructurales para encarar las crisis bancarias que podrían sobrevenir en el futuro.

Se trata de una veintena de medidas recogidas en un documento presentado por el FMI esta misma semana en Washington y que parece que dará mucho que hablar en los próximos meses. En el informe se hace un repaso histórico de las situaciones de quiebra, impagos y crisis que afectaron a las grandes entidades desde 2008. Según sus técnicos, el FMI no persigue un cambio en el tamaño de los grandes bancos sino las ventajas del tamaño (el concepto de demasiado grande para caer) para salir de una crisis o incluso evitarla, pero también de los riesgos de una posible caída y su capacidad financiera para afrontar un rescate. Un esfuerzo que tradicionalmente recae sobre las cuentas públicas de los Estados y, por tanto, sobre los impuestos de los ciudadanos.

Algunas de las razones que esgrimen los técnicos son tanto de índole económica o cuantitativa, como de naturaleza cualitativa. Estiman que los rescates tienen en valor económico para el Estado que lo lleva a cabo equivalente al 14% del PIB, un coste que se refleja en recortes y reajustes de partidas presupuestarias que dejarían de ir destinadas a inversiones públicas, infraestructuras y gastos sociales, así como una subida generalizada al mismo tiempo de los impuestos. Pero por otra parte, los rescates tienen un efecto perverso sobre el aumento del riesgo con el consiguiente freno de la actividad empresarial. Son algunas de las razones que pueden justificar la prevención de crisis y quiebras bancarias, y que según el FMI y la Fed, se traduciría en un impuesto sobre los pasivos bancarios.

El debate afecta a la gran banca europea e interesa, por tanto, a los españoles Banco Santander, BBVA, Caixabank y Sabadell en razón de su volumen de activos, las cuales se verían afectadas por una normativa contraria a la concentración bancaria y sus riesgos, que según recoge el FMI en su documento no se solucionan solamente con los requerimientos de solvencia que exigen las autoridades bancarias de Europa.

No parece que sea este el mejor mensaje para los 135 bancos que se examinarán en los próximos meses ante el BCE, ni la mejor opinión sobre la tendencia seguida por el sector bancario desde 2008, con una concentración bancaria en alza, en particular en España.

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