edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
24/04/2017
banca 
Cambio de estrategia

El FMI sugiere a la banca ajustar antes de sanear, pero ahora con la colaboración de los Gobiernos

Un billón de euros en morosos y costes operativos insostenibles, obligan a la banca europea a un nuevo reajuste de capacidad
Juan José González
Advierte el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la necesidad de que la banca europea haga `los deberes´, y se disponga a la tarea a la mayor brevedad, con decisión y voluntad. Llega la indicación del organismo en un momento clave, donde confluyen algunos asuntos mayores y otros de menor entidad. La salida de Reino Unido obligará, seguramente, a un cambio de ritmo en la velocidad de `consolidación´ del sector. Y las citas electorales añaden presión a la tarea pendiente y son un argumento más para el FMI en su solicitud al sector. Asunto no menor como los dos anteriores es la asignatura pendiente por la mayoría de las entidades declaradas por la autoridad bancaria EBA como sistémicas de dar solución a los saneamientos, la insuficiencia de capital en algunos casos, las deudas inmobiliarias y la morosidad que todavía registra el sector, aún en el entorno del 9%. La observación del organismo es, sin embargo, un tema que preocupa no sólo al sector financiero sino también a las autoridades locales, a gobiernos y Estados, todos conscientes, no sólo de la necesidad de darle al sector una nueva dimensión, sino que el trabajo de llevarla a cabo es una tarea de todos, tarea institucional y también política.
Concurren a estas alturas del año, con los resultados correspondientes a la primera cuarta parte del año, las entidades financieras con distintos y variados frentes de batalla abiertos. Por el lado político, los eventos europeos; Reino Unido ya no cuenta para el futuro redimensionamiento del sector bancario y las elecciones de Francia en su segunda vuelta (en trece días) y Alemania tras el verano. El escenario, por fortuna, tiene el fondo de una economía europea en recuperación, lenta pero en definitiva, en expansión. Y los resultados de las entidades bancarias del primer trimestre del ejercicio a punto de poder ser evaluados por el mercado y los analistas.

Se podría afirmar que parecen mayoría los vientos que soplan a favor, y minoría los que vienen de cara, si bien, todo va a depender de otros factores, como son la voluntad de los implicados; bancos y autoridades políticas. No hay que olvidar que en este singular trabajo, son y serán aún más necesarias, las ayudas y colaboración del BCE y de Bruselas, en la medida en que será necesaria su voluntad y determinación para la resolución final de algunos problemas. Es el caso de la morosidad del sector en Europa, donde el crédito `enfermo´ se estima que debe tener un tamaño en el entorno del billón de euros, una dimensión de imposible dominio, así como el no menos espinoso asunto del rescate pendiente de la banca italiana.

Quizá el FMI esté subestimando en sus últimas advertencias que el riesgo de una operación de racionalización como la que está proponiendo en su último informe puede afectar a la velocidad de recuperación de las economías de algunos países miembros de la Unión Europea. O quizá, tras su evaluación, considere que el presente ejercicio, donde espera una recuperación de márgenes con carácter generalizado, sea el escenario más conveniente para absorber el impacto del coste de la racionalización propuesta. Porque es fácil comprender que al sector bancario europeo se encuentra sobredimensionado, en número excesivo de entidades, con unos costes operativos que se están demostrando como uno de los peores lastres en la recuperación de los márgenes.

Pero lo cierto es que las advertencias del organismo internacional no son interpretadas en la igual ni similar medida por todos los implicados. Y no lo son en tanto que su situación es diferente. Aquí sí podría aplicarse lo de las dos velocidades: unos países con bancos en situación de ajuste pendiente, donde se situarían Italia y Portugal, y otros países como Dinamarca, Holanda y España en los que ya se ha procedido al ajuste, a depurar exceso de capacidad. Esta diferencia en el grado de saneamiento es la que pretende reducir el FMI, al menos, es lo que se interpreta de las advertencias de su último informe sobre el sector financiero.

Que a la banca europea no le salgan las cuentas todavía, es decir, tras una década de crisis financiera, viene a ser una consecuencia de la magnitud del problema, del desajuste de los sistemas financieros. Pero que la solución al problema pase también por la colaboración del Estado, dadas sus implicaciones políticas y sociales, no debería ser ya un asunto de debate sino de voluntad política e institucional para actuar en el redimensionamiento, la consolidación y ajuste de las capacidades del sector bancario. Porque, como muestran las experiencias más recientes (léase Grecia) la explosión de cualquier bomba bancaria acaba siempre alcanzando a la Sociedad, a los clientes, ahorradores, familias y empresas. Los Gobiernos deben implicarse en la consolidación y ajustes pendientes del sector financiero.

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