edición: 2510 , Lunes, 16 julio 2018
25/07/2011
El uso del fondo ha logrado intimidar a los mercados, que no es poco, luego funciona

El fondo de rescate, el embrión del futuro Tesoro Europeo

Primero fue Trichet, después Lagarde y ahora todos excepto Merkel, quieren un Tesoro
Juan José González

Se ha querido ver en el fondo de rescate, activado la pasada semana para aportar recursos financieros al maltrecho socio griego, al embrión del FMI europeo. El ‘Eje’ –siempre el ‘Eje francoalemán’ acaba desbloqueando sus propios problemas- acaba de reactivar un mecanismo administrativo que la mayoría de los socios de la Unión Europea –excepto Alemania- están de acuerdo en convertir en mecanismo institucional. Para ello, se le dotaría de una nueva estructura, funcional y representativa, como para operar con algunas funciones que llevaría a cabo cualquier departamento del Tesoro en una primera fase. Sarkozy tiene el proyecto que un día le puso sobre la mesa Jean Claude Trichet, a quien el presidente, recién aterrizado en el Elíseo, emplazó para que lo presentase en el Banco Central Europeo. Trichet trabajó en la sombra y comprobó que la batalla estaba perdida porque no era el momento adecuado. Pero la coyuntura ha cambiado tanto que puede haberse dado la vuelta y presentarse como el mejor aliado en la actualidad de un Tesoro europeo. Ahora, franceses y alemanes pugnan por hacerse, unos con la iniciativa y otros por enfriarla. Los primeros cobran ventaja, ahora con Christine Lagarde en el FMI.

El fondo de rescate que acaparó primeras páginas y aperturas de informativos en televisión a lo largo de la semana pasada, parece contar, en principio, con una parte del todo: el dinero, los fondos necesarios para ejecutar las decisiones que convengan los socios europeos. Y el rescate griego, en su segunda fase, es la actuación reciente más relevante del mecanismo financiero aplicado al enfermo.

Alemania se había estado resistiendo como nadie y nunca para que la actuación del fondo se centrase en el caso griego, marginando desde el principio, la idea de emitir bonos que serían adquiridos por los socios –los salvadores-. Ni bonos ni otros activos similares, sino transformar plazos y precios de la deuda objeto de litigio, y tirar hacia delante, es decir, pata a seguir, como en rugby.

El fondo de rescate cuanta, tras el acuerdo del pasado jueves en Bruselas, con una disposición de fondos cercana a los 450.000 millones de euros, aunque la posibilidad de préstamo equivalga a la mitad de dichos fondos. Fondos que no sirven para rescatar economías en crisis, una labor o pozo sin fondo que suele precisar de algún que otro billón, pero que resultan muy útiles para el que es su objetivo real: aportar la credibilidad suficiente como para que los mercados de deuda comprueben que siempre hay un fondo dispuesto a comprar deuda –en este caso griega- con el fin de estabilizar el mercado de deuda. Es un primer paso importante que se da hacia delante, el del jueves, y que adelanta a los mercados y a los especuladores, que la intención de los Gobiernos europeos no es otra más que la de combatir los movimientos de desestabilización de los Estados en apuros, cada vez más numerosos y voluminosos.

Que la articulación de las ayudas europeas al rescatado heleno se articule mediante ese mecanismo, y que este a su vez constituya el embrión del futuro Tesoro Europeo, tropieza, de nuevo, con el asunto más polémico, doloroso y peliagudo como es la necesidad de recibir la autonomía o el combustible necesario para que actúe como tal Tesoro, que no es otro que la cesión de soberanía por parte de los socios comunitarios.

No es fácil que, tras la experiencia de haber cedido la soberanía de la política monetaria y buena parte de la fiscal, los socios europeos, la mayoría con problemas económicos y en algún caso con necesidades apremiantes de disponer de mayores mecanismos de intervención, den el brazo a torcer a favor de un mecanismo institucional, como el Tesoro, para abordar los problemas de la crisis actual.

Pero al menos, la actuación del fondo de rescate, con funciones propias o no de un departamento del Tesoro al uso, ha logrado intimidar a los mercados más especuladores. Al menos en el corto plazo y en esta batalla, la griega, así parece. Y si así parece, no parece que se puedan poner muchas objeciones más a la creación del Tesoro –único- Europeo.

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