edición: 2807 , Jueves, 19 septiembre 2019
06/04/2016

El fracaso de la fusión Orange-Bouygues aleja indefinidamente una concentración francesa de telecos

El efecto retardado de las condiciones de Macron detonaron en un momento crítico
Carlos Schwartz
La bolsa castigó en Francia con dureza el fracaso de las negociaciones entre Orange y Bouygues para una fusión. Las acciones del sector de las telecomunicaciones sufrieron al comienzo de la semana una fuerte caída. En buena lógica los inversores soltaron papel de todas, y en particular de las que se hubieran beneficiado de forma marginal de una operación que hubiera reducido el número de operadores de móviles de cuatro a tres. Las acciones de Free, propiedad de Illiad y Numericable-SFR, que formaban parte del acuerdo ya que debían adquirir los activos de los que las fusionadas deberían desprenderse, cayeron más que los títulos de Orange. Los inversores vieron disiparse la posibilidad de que la concentración del mercado aliviara la guerra de precios generando recursos  frescos que se pudieran destinar a las necesidades perentorias del sector: ampliar la red de fibra óptica y desarrollar las infraestructuras para los protocolos como 4G y los venideros en los que Francia se muestra rezagada por la falta de inversión del sector.
Los analistas consideran que el retaceo a la inversión es una consecuencia directa de la guerra de precios en las que está inmerso este sector desde la entrada en el mercado de Free en 2012.

El corte abrupto de las negociaciones el viernes cuando el pasado miércoles aun se mantenían, dentro de la complejidad del proceso, las expectativas de que la operación se cerrara fueron atribuidas por fuentes del mercado que dicen haber estado al tanto de las negociaciones a un “efecto Macron”. A última hora de la tarde del 24 de marzo, una semana antes de que se sellara el destino de la fusión, el empresario Martin Bouygues se reunió con el joven y dicen que muy ambicioso ministro de economía Emmanauel Macron. Durante la reunión el ministro fijó las condiciones en las que el estado, el primer accionista de la empresa, admitiría que Bouygues se convirtiera en el segundo mayor accionista de Orange. El estado francés controla el 23% de las acciones y Bouygues de acuerdo con los escenarios previsibles podría llegar a controlar entre el 14% y el 14,5% tras la fusión.

Las condiciones vertidas en la reunión, de acuerdo con las fuentes, fueron un periodo de siete años en el cual Bouygues no podía incrementar su participación en el capital de la operadora del resultante de la fusión, y la renuncia durante 10 años a utilizar el derecho a duplicar los votos que adjudica la ley Florange a los accionistas con más de dos años de tenencia de los títulos. Los accionistas de Orange han renunciado a eliminar el efecto de la ley que se puede anular si dos tercios de los accionistas de una empresa votan la exclusión del ámbito de la misma. Otros elementos quedaron para la mesa de negociación, tales como el precio final que determinaría el valor de canje pero lo cierto que condicionado porque el estado no parecía dispuesto a perder el 23% que detenta.

En cualquier caso las fuentes difieren en este punto sobre el efecto de las condiciones impuestas por Macron. Algunas señalan que Bouygues se sintió humillado por las limitaciones de participación, y esta herida desencadenó la ruptura cuando los otros partícipes necesarios en la operación, Free y Numericable, incrementaron sus exigencias y condiciones para la adquisición de activos.

Sin embargo, otra de las fuentes consultadas que afirma conocer la evolución de los hechos señala que: “Bouygues se retiró sumamente molesto de la reunión con Macron, en tanto que reconocía el interés del estado en mantener su calidad de accionista mayoritario como algo legítimo, pero le resultaba intolerable que se condicionara su posición accionarial futura en el largo plazo”. De acuerdo con esta fuente el empresario intentó sortear el escollo apelando a sus contactos en el Gobierno, que no son pocos, confiando en que esas condiciones podían ser modificadas.

En el interín, en la mesa de negociación Bouygues tropezó con las exigencias de su enemigo jurado, el propietario de Illiad Xavier Niel. Martin Bouygues declaró tras la ruptura de las negociaciones que: “Eramos cuatro en torno a la mesa de negociaciones, pero solo tres de nosotros estábamos dispuestos a que funcionara”. El empresario añadió, “Claramente uno de los jugadores tenía la ambición de obtener el máximo pagando lo menos posible, con la opción de salirse del acuerdo”. Sus palabras fueron interpretadas como un intento de señalar a Niel como responsable del hundimiento de las negociaciones.

Pero esta lectura es necesariamente estrecha porque está destinada a ocultar una cuestión central. Bouygues no obtuvo de sus contactos con el Gobierno, que se prolongaron durante una semana, una modificación de las condiciones apuntadas por Macron como imprescindibles. Ni siquiera una vaga promesa de que podrían aliviarse sus términos. Si en estas condiciones uno de los compradores de los activos de los que la empresa debía deshacerse ofreció cifras ridículas y condiciones exageradas, pudo haber sido más que suficiente para que el “efecto Macron” detonara la operación una semana después de que el ministro enunciara sus condiciones.

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