edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
13/10/2010

El fracaso del FMI

Carlos Schwartz
¡Estamos salvados! España crecerá entre 2013 y 2015 más que Francia y Alemania. El pronóstico del Fondo Monetario Internacional no alcanza a enjugar los sudores fríos de trabajadores y empresarios que tienen por delante lo que resta de 2010, 2011 y 2012... El ruido mediático más bien parece encaminado a sugerir que las recetas del FMI que ha adoptado el Gobierno español darán resultados. Algún día. Entretanto, los medios se han quedado cortos en definir el resultado de la reunión de Washington que ha juntado a lo más granado de las finanzas oficiales y privadas, ya que la gran banca internacional siempre se une de una u otra forma a ese gran circo mediático.

Esta vez el lobby que la representa el Institute of International Finance (IIF) se ha manifestado en contra de la aplicación de cargas suplementarias a los coeficientes revisados por el Banco Internacional de Pagos que pergeñan varios países. El club de los 38 bancos más grandes del mundo sugiere que esas cargas reducirán el crecimiento mundial. Como de costumbre la banca ve en lo que afecta a su beneficio, no un problema para la banca, sino muy por el contrario, un problema para la sociedad.

Pero lo realmente trascendente de la reunión del fin de semana del FMI, es decir su asamblea anual, ha sido su fracaso en proponer medidas concretas de coordinación entre los países miembros para restablecer el equilibrio en los mercados de cambios. Un equilibrio roto por las sucesivas intervenciones de un grupo de países para limitar la apreciación de sus monedas mientras el dólar estadounidense declina, sin mucho miramiento por el resto del mundo. Lo que se ha venido anunciando como una guerra en los mercados de cambios no ha logrado pactar un armisticio. Al tal punto que el director ejecutivo del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, llegó a decir en una intervención que las palabras no arreglan las relaciones económicas, que para lograrlo hacen falta hechos.

Los observadores de las deliberaciones han señalado que los delegados de los países asistentes han hecho sucesivas intervenciones describiendo la realidad económica pero no ha habido propuestas para superar los desequilibrios. Muy por el contrario, el periodo previo a las deliberaciones ha estado pavimentado por declaraciones enfrentadas. En particular entre Estados Unidos y China. El primer ministro de China, Wen Jiabao, declaraba en vísperas de la reunión de Washington que obligar a su país revaluar el renminbi era “un desastre para el mundo”. Lo que el dirigente chino vino a decir es que una revaluación que redujera la competitividad de su país redundaría en un fuerte incremento de la desocupación y eso generaría una crisis social de consecuencias impredecibles. Puntualizó que su país viene desarrollando un proceso de apreciación gradual de su moneda, pero se negó a dar cualquier estimación de cuál será el ritmo de ajuste.

Lo cierto es que el renminbi está pegado al dólar, y de hecho frente a la caída en picado del valor de la divisa estadounidense la moneda china mantiene la misma paridad frente a él. En realidad, Europa es uno de los grandes afectados por la escalada del dólar. El euro ha subido un 15% frente al dólar en escasos meses, sobre todo desde que la Reserva Federal de los Estados Unidos ha sugerido que va a reanudar las inyecciones de liquidez en el sistema monetario mediante la compra de bonos.
Entretanto, el Banco Central Europeo (BCE) ha hecho saber que a su criterio el periodo de compra de deuda pública de los países de la eurozona debe terminarse. En cualquier caso, también se ha puntualizado que los bancos de la región deben comenzar a financiarse por la vía del mercado y dejar de recurrir al BCE para obtener liquidez.

De hecho, el Balance del Eurosistema demuestra que entre julio de 2009 y julio de este año la liquidez dada al sistema bancario ha caído en cerca de 200.000 euros. No es menos llamativo el hecho de que quienes no han participado de esta reducción sean los bancos españoles. Muy por el contrario, estos representan ahora una cuarta parte de la liquidez dispuesta del BCE. Después de un pico de 130.000 millones en agosto, las cantidades dispuestas por la banca española han bajado a 109.000 millones. Pero esta cifra es un 50% mayor que la dispuesta el mismo mes de 2009. Lo que pone de relieve que la banca española sigue por la vía de obtener financiación al 1% del eurosistema a través del Banco de España para invertirla en deuda pública como forma segura de quedarse con un diferencial exento de riesgo. Mientras tanto, y como es lógico, el crédito en España no se recupera.

El fracaso sin atenuantes de la reunión del FMI deja a la próxima reunión del G20 en Corea del Sur en noviembre como la siguiente instancia para lograr un acuerdo en torno a los desequilibrios monetarios. Varios comentaristas en la prensa han señalado que detrás de las guerras en los mercados de cambios vienen las guerras comerciales. En realidad es más preciso señalar que los conflictos entre naciones por la paridad de cambio entre sus monedas es un reflejo de las guerras comerciales. Es inevitable si Estados Unidos mantiene su política de estímulos fiscales que el dólar se debilite, y al mismo tiempo es un objetivo del Gobierno estadounidense tener un dólar débil que incremente la competitividad de la producción industrial estadounidense y limite automáticamente las importaciones de bienes y servicios denominados en monedas más fuertes. Algo que no logra con China, a la que no le puede vender ni una aguja.

Lo malo de toda esta película es la secuencia. Crisis financiera, medidas de estímulos fiscales, crisis de deuda pública, guerra de divisas como expresión inicial de guerras comerciales. La secuencia es la misma que la que dio en denominarse el crash de 1929 y la Gran Depresión que le sucedió. Hizo falta una guerra mundial para que el acuerdo de Bretton Woods naciera como un nuevo equilibrio entre las monedas frente al patrón oro que había reinado mal que bien durante casi cien años.

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