edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
11/01/2017

El fuerte aumento de producción en Libia, Irak e Irán deprime los precios del petróleo

Acuerdos con milicias libias que controlan las explotaciones de crudo dan a las petroleras respiro
Carlos Schwartz
El precio del petróleo sufrió un traspié en el mercado fijando los precios más bajos en cinco semanas. El West Texas Intermediate (WTI) fijó un precio por barril de 50,79 dólares en los contratos a febrero con una caída del 2,25% en el mercado de Nueva York, mientras que el Brent cerró los contratos a febrero en 53,66 dólares por barril con una caída del 2,33% en el ICE de Londres. Los analistas atribuyeron el deslizamiento de los precios al anuncio por parte de Irak de que había alcanzado en diciembre una cifra récord de producción. De acuerdo con fuentes del mercado el significativo aumento de producción en Irak fue considerado una amenaza para los límites a la producción impuestos por el acuerdo alcanzado en la OPEP el 30 de noviembre pasado. El Gobierno en Bagdad solicitó una exención de las cuotas de producción argumentando que necesitaba los ingresos del crudo para hacer frente a la amenaza del Estado Islámico pero además cuestionó las cifras de producción aportadas por fuentes externas que utiliza la OPEP para medir la producción de los estados miembros. De acuerdo con sus funcionarios Irak produce más que lo que la OPEP admite, con lo cual el cálculo de la cuota da como resultado una reducción real más grande que la que el cartel difunde.
Para complicar las cosas la milicia en Libia, lo grupos insurrectos que no reconocen al Gobierno en Trípoli y controlan sectores del país y se reparten la hegemonía sobre los campos petrolíferos, han cambiado de estrategia. Han llegado a acuerdos con las empresas productoras de crudo para permitirles la explotación del sus pozos. Las milicias han llegado a este acuerdo con varias petroleras que operan en el país con la expectativa que una parte del beneficio que generen las exportaciones de crudo retribuya “su esfuerzo” de acuerdo con una fuente de la industria.

En diciembre, las dos milicias que tienen bajo su control el campo petrolero de Sharara llegaron a un acuerdo para permitir la actividad de las petroleras que operan allí lo que ha permitido a la Empresa Nacional del Petróleo (ENP) libia reanudar su actividad. Repsol ha sido un beneficiario indirecto del acuerdo por su presencia en este campo que es el principal productor de crudo del país, al igual que otras petroleras.

En septiembre, la milicia denominada Ejército Nacional Libio y controlada por Jalifa Haftar desarrollo una operación que dejó bajo su control a los puertos petroleros del país y les permitió retomar la actividad. De acuerdo con fuentes del sector petrolero el líder de este movimiento opuesto al Gobierno en Trípoli espera obtener rentas de la producción y exportación de crudo para mantener a sus tropas. De acuerdo con fuentes de la industria muchas de las milicias reciben paga del Gobierno por su participación en el levantamiento contra Muamar Gaddafi en 2011 y la pérdida de ingresos del estado amenaza sus propios ingresos. Gracias a esta evolución de la situación política y militar en noviembre pasado Libia producía 575.000 barriles diarios de crudo y de acuerdo con la ENP para final de 2017 el país estaría bombeando 900.000 barriles diarios.

Si se tiene en cuenta que en 2016 la producción de crudo llegó a tocar un mínimo diario de 200.000 barriles la creciente incorporación de la producción de Libia al torrente del crudo mundial puede tener un efecto considerable sobre los precios del mercado. De hecho la producción del país alcanzó esta semana los 708.000 barriles diarios lo que neutraliza la reducción de la producción comprometida por Rusia y deja un excedente de 200.000 barriles sobre esa disminución. Debido al efecto de la guerra civil en el país Libia está exenta de los cupos de producción y es el principal productor de crudo de África.

Los operadores e intermediarios en el mercado de crudo han reaccionado mal a los niveles de producción de Irak y Libia y manifiestan el temor de que Bagdad no cumpla con la cuota de producción que se le ha adjudicado mientras que la sumatoria de factores que rodean a la escena política y militar de Libia pueden llevar a que este país logre encaminarse a un nivel de producción récord como forma de atenuar con los ingresos fiscales los efectos de la guerra civil. El tercer elemento en este cuadro lo constituye Irán. Los datos de exportación de crudo del país indican que Teherán está liquidando las existencias almacenadas.
Según fuentes del mercado las reservas almacenadas en buques bajaron de los 32,5 millones de barriles a 17 millones de barriles esta semana. Mienttras tanto la producción se incrementa de forma significativa.

Analistas de Clipper Data señalan que las exportaciones de crudo desde los puertos petroleros del sur de Irak en Basora han aumentado hasta los niveles de hace cuatro años llegando a tocar los 3,5 millones de barriles diarios. La combinación de estos tres elementos ha despertado en los analistas la incertidumbre sobre la capacidad de la OPEP de mantener sus objetivos de reducción de la producción lo cual acabó teniendo su efecto sobre los precios en el mercado de crudo.

El problema que se presenta ahora son las posiciones tomadas en el mercado de crudo por los fondos de inversión. Fondos de alto riesgo al igual que fondos de dinero se han abalanzado sobre los mercados de crudo cerrando contratos a futuro de tal suerte que las posiciones compradoras en los mercados superaban a las vendedoras por siete a uno la semana pasada. Un desequilibrio tan agudo entre posiciones compradoras y vendedoras constituye un riesgo para el mercado si no hay indicios claros de que la carrera alcista del precio del crudo se mantiene como ha ocurrido a lo largo de buena parte del año pasado.

Si el pesimismo se adueña de los inversores el cierre masivo de posiciones compradoras puede exacerbar la caída de los precios del crudo. El mercado de esta materia prima se asemeja cada vez más a un mercado de activos financieros y su comportamiento en las alzas y las bajas tiende a exagerar los movimientos porque la mayoría de los contratos son especulativos y no de demanda física real de crudo. Una inestabilidad tan alta puede llevar a un desplome del mercado.

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