El G20 rechaza un incremento de recursos del FMI si Europa no
edición: 2532 , Miércoles, 15 agosto 2018
27/02/2012
EL DEDO DE MADOZ

El G20 rechaza un incremento de recursos del FMI si Europa no refuerza su cortafuegos

Carlos Schwartz

El comunicado final de la cumbre del Grupo de los 20 países más desarrollados realizada en México DF este fin de semana ha dejado en claro que la tesis dominante respecto a la crisis de la deuda soberana en Europa es que la Unión Europea y el Consejo Europeo procedan a un refuerzo de los fondos de estabilización como paso previo a cualquier incremento de recursos por la vía del Fondo Monetario Internacional (FMI). Las tesis de Reino Unido y Japón difundidas el pasado jueves, según las cuales el FMI no debía aprobar un incremento de recursos diferenciado para hacer frente a la crisis en Europa, y que ésta tenía que proceder a incrementar los recursos destinados a un corta fuegos se impusieron. No porque ambas naciones hayan dado una batalla específica al respecto, sino simplemente porque la declaración conjunta de los ministros de Finanzas de ambas naciones no había hecho más que recoger el espíritu dominante entre las naciones emergentes y Estados Unidos. En este sentido la declaración fue oportunista.

La posición dominante es que Europa tiene que incrementar los recursos para el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEE) fijados inicialmente en 500 millones de euros como condición para que el FMI decida incrementar los aportes de los socios. La semana pasada el ministro alemán de Economía Wolfgang Schauble había sugerido ante el parlamento alemán la posibilidad de sumar al MEE el dinero restante en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) que, descontada la ayuda a Grecia, Irlanda y Portugal, tendría disponibles 250 millones de euros. Si esta operación se hiciera efectiva el MEE contaría con hasta 750 millones de euros. Sin embargo, pese a a esa sugerencia, el fin de semana Schauble volvió a cerrar la puerta a un incremento de los recursos por parte europea. Existía entre los países miembros de la UE la esperanza a partir de la posición de Schauble la semana pasada de que se podría lograr este fin de semana un acuerdo simultáneo por el cual el FMI incrementaría sus fondos en 1.000 millones de dólares, mientras los países de la UE anunciaban la elevación de la capacidad de pago del cortafuego a 750.000 millones de euros. Esta expectativa se disipó una vez más poniendo de relieve el profundo desencuentro entre la política de Alemania y Francia y la de las otras naciones avanzadas y países emergentes ante la crisis de la deuda en Europa.

En definitiva, la declaración final del G20 lo que viene a decir es que espera que la UE refuerce su cortafuego en marzo para que el FMI pueda eventualmente en su reunión de abril incrementar sus recursos. Pero el comunicado establece con suma claridad que no habrá recursos con un destino predefinido, y que el incremento de sus fondos se hará sobre la base de la contribución de la mayoría de los estados miembros del FMI. Esto hace que el tema de la envergadura del MEE se convierta de hecho en la piedra de toque de la reunión del Consejo Europeo prevista el 1 y 2 de marzo. Una vez más la mayoría de las naciones del G20 ponen a Europa ante la evidencia de que no harán por el viejo continente nada que las naciones miembro de la zona del euro no estén dispuestas a hacer por ellas mismas. Esta es por lo menos la tercera vez que se suscita el mismo enfrentamiento y los intentos por torcer el brazo a la mayoría del G20 comienza a tomar ribetes ridículos. Las especulaciones acerca de la posible constitución de un fondo bajo la protección jurídica del FMI en el cual un grupo de países volcara recursos destinados a la estabilización de las naciones europeas objeto de ataque en los mercados ha sido nuevamente rechazada de plano por los principales contribuyentes del FMI.

El choque entre las posiciones de Estados Unidos y de Alemania en este tema son ya de antología. Entretanto, la directora del FMI, Christine Lagarde, dejó en claro mediante un comunicado que el refuerzo de los recursos del FMI se haría de forma bilateral y mediante acuerdos para la compra de activos emitidos por el FMI. Pero al mismo tiempo Lagarde dejó claro que el incremento en la capacidad de intervención del FMI sería de 500.000 millones de dólares y quedaba sujeta a que Europa concretara en marzo su propio mecanismo de intervención. En cualquier caso la directora del FMI ha puesto un toque de ponzoña a su declaración al ensalzar la decisión del Banco Central Europeo (BCE) y hacer silencio respecto de las políticas de los países que dominan el Consejo Europeo. La creciente distancia de Lagarde respecto de las posiciones germanas es ya clamorosa.

Desde que la ex ministra de Economía de Francia dejara su cargo en el gobierno de Nicolás Sarkozy para ocupar la dirección del FMI, tras la estrepitosa caída de Dominique Strauss Kahn, la alta funcionaria ha tomado distancia de forma creciente respecto de la política de retaceo fiscal de Alemania y el apoyo de Francia a las negativas alemanas de incrementar la capacidad de intervención de los fondos de estabilización europeos. En este sentido el FMI se ha alineado detrás del nuevo presidente del BCE, Mario Draghi, en sus esfuerzos por dar toda la liquidez que sea necesaria a la banca de la eurozona, no solo para evitar las tensiones entre las entidades de crédito, sino además como forma de promover el apoyo a la deuda soberana de los países europeos. La jugada de Draghi ha salido bien hasta ahora, aliviando de forma significativa los mercados de deuda pública en Europa. Pero tanto en el FMI, como entre algunas grandes economías como las de Estados Unidos, Reino Unido o Japón existe un temor muy extendido de que los países de la zona del euro no aprovechen la tregua para reforzar los mecanismos de intervención en situación de crisis y esperen que sean los organismos multilaterales los que arbitren mecanismos de seguridad para una eventual crisis de deuda en la periferia de Europa, o en algunos de sus países centrales.

En este sentido la reunión del G20 y su comunicado final, así como el comunicado de Lagarde, vuelven a colocar la cuestión en las manos del Consejo Europeo. Las economías más grandes del mundo esperan que sea Europa quien tome la iniciativa de reforzar su capacidad de intervención ante una renovada crisis de deuda soberana. El próximo 2 de marzo el Consejo Europeo de los 27 debería aprobar el incremento del fondo de intervención, el MEE, hasta los 750.000 millones de euros y el Consejo de los jefes de estado y de gobierno de la zona del euro debería a posteriori ajustar el mecanismo. La cuestión es si Alemania va a dar su consentimiento a este paso. De momento eso no está claro.

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