edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
21/04/2016

El Gobierno alemán desvía sus reveses electorales culpando al BCE por sus males

Las relaciones tradicionalmente malas entre Berlín y el banco central movilizan a Mario Draghi
Carlos Schwartz
Los analistas europeos cruzan apuestas sobre los términos en los que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, defenderá la independencia de la entidad que preside. Desde que el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, lanzó hace 10 días un duro ataque contra la política del banco central las críticas desde las filas de la política germana no han cesado. Lo que alimenta las críticas son los resultados electorales recientes en Alemania que han mostrado el avance más importante de un partido a la derecha de la CDU desde la segunda guerra mundial. Con el fantasma del renacimiento de la extrema derecha y el resurgimiento de un nacionalismo exacerbado algunos ministros del Gobierno Merkel y dirigentes de su coalición se han sumado a estas críticas. La raíz del problema es la interpretación que hace la CDU del voto a la derecha que de hecho ha castigado a este partido.
La lectura es que la política de tipos de interés extremadamente bajos ha perjudicado a los pequeños rentistas que no consiguen obtener por sus ahorros una rentabilidad satisfactoria, y por otra lado están erosionando el beneficio de los fondos de inversión que alimentan al sistema de pensiones.

Schauble afirmó que el 50% del voto que arropó al partido Alternativa por Alemania (AFD, por sus siglas en alemán) fue resultado de la política del BCE. Jens Weidmann, el representante del Bundesbank ante el BCE se ha resistido tradicionalmente a las políticas monetarias expansionistas de la entidad. El año pasado se mostró crítico con la ampliación del programa de compras de deuda por la entidad. Este año no obstante salió en defensa de una política monetaria expansiva tras las declaraciones de Schäuble, aunque el problema de fondo, los tipos de interés próximos a cero, siguen levantando ampollas en el banco central alemán.

Los políticos alemanes se muestran reacios a cualquier medida que pueda afectar a los ahorradores que los votan. Es probable que tolerarían una expansión monetaria basada en la compra de deuda, pero prefieren tipos de interés más altos. La cuestión se las trae porque históricamente lo que ha destruido los recursos de los ahorradores en ese país ha sido la hiperinflación que alcanzó cumbres inverosímiles en los años de 1920 y allanó, entre otras muchas cosas, el camino al ascenso del partido nazi al poder en 1933. Perjudicó en particular a los pequeños ahorradores, pero sacaron partido de la inflación los grandes industriales por ejemplo. Un euro estable, con un tipo de cambio sólido, y unos tipos de interés muy bajos son la antípoda de la inflación que destruye los ahorros atesorados en valores.

La crisis larvada de la banca alemana no se beneficia tampoco de los bajos tipos de interés malgré Deutsche Bank, pero quienes más lo padecen son los pequeños bancos y los Landesbanken que derivan sus ingresos del margen de intermediación, algo que ha dejado de existir para la banca europea que se alimenta de las comisiones un terreno en el que los pequeños no pueden competir.

Pero los bajos tipos de interés y la ausencia de inflación no solo perjudican a los inversores de a pie, sino además a los deudores. Otro sector gravemente afectado es el de las compañías de seguros que deben lidiar con la caída de la rentabilidad de los instrumentos de inversión incluida la deuda pública. Las polizas de los seguros de vida que son una forma de pensión con su rescate a la edad de jubilación no alcanzan a cumplir con sus compromisos de ingresos regulares.

“Por otra parte cuando los precios se desploman en un 30 o un 40% en promedio de un año al siguiente, tal como sucedió en Gran Bretaña y Estados Unidos en 1921, hasta una tasa de interés del 1% resulta insoportable para los empresarios, porque corresponde a una tasa real sumamente elevada”, afirma J.M.Keynes en su Breve tratado sobre la reforma monetaria. Ni Europa ni Estados Unidos padecen una deflación de esa naturaleza, pero la falta de inflación impide “licuar” las deudas y los tipos de interés aun siendo bajos son tipos de interés reales que se pueden convertir en una amenaza para la inmensa deuda corporativa internacional. El BCE intenta sortear este riesgo y alejarlo de la economía continental.

La lectura de la fuerte oposición alemana a los planes del BCE es esencialmente política. En el último año el desgaste de la coalición de Gobierno ha sido notorio, y se ha reflejado claramente en las recientes elecciones. Hay un fuerte crecimiento del nacionalismo y una extendida opinión en las clases medias alemanas que los males de su país provienen de la política social y económica de la Unión Europea. La entrada de refugiados de un lado, pero por sobre todo la amenaza de un aluvión es vista en Alemania como un resultado de la política de la UE.

Es esta derechización de sectores de la sociedad alemana lo que ha llevado a los partidos en el gobierno a intentar retener y ampliar la simpatía de los electores que pierden de forma acelerada. Esto se ha visto reflejado en la cadena de ataques. Hans_Peter Friedrich, un ex ministro de Interior y miembro del partido CSU enraizado en Bavaria, declaró a la prensa el lunes pasado que la política de dinero fácil de Draghi había llevado a una pérdida masiva de credibilidad por parte del banco central. En este tema abogó porque el próximo presidente del banco sea un alemán que imponga la tradicional política de estabilidad de su país por delante.

Entretanto la canciller Angela Merkel guarda silencio. Por su parte, el vice canciller, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, ha exculpado al BCE por llevar adelante esta política. “Lo que el banco Central Europeo está haciendo ahora es para muchos ahorradores, para la gente de bajos ingresos, los trabajadores y para los pensionistas una expropiación pero no es obra del BCE sino de la incapacidad de Europa para poner en pie un plan de conjunto de crecimiento”. Ahora quien da la vez es Draghi quien muy probablemente en su rueda de prensa de hoy salga a defender la independencia del BCE.

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