edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
07/11/2017
El Banco de España se ofrece como cómplice

El Gobierno aplazará las reformas económicas y sociales con la coartada catalana

Ni ley de estabilidad presupuestaria, ni reforma bancaria, ni del mercado de la energía, ni laboral
Juan José González
Freno económico, rebaja del crecimiento, rebaja también de la creación de empleo, una magnitud esta que se había convertido en la punta de lanza, en el éxito de la gestión política y económica de la recuperación y que ahora, sin embargo, sufre el contratiempo de la crisis catalana, de indudables efectos perversos pero que el discurso político ha elegido como centro de su mensaje inmediato, con el que se presentará en campaña hasta el 21 de diciembre. Todas las culpas, los motivos, los males y el origen de todos ellos está en la `causa catalana´. Incluso se podría afirmar que la crisis con Cataluña es el salvoconducto perfecto para el Ejecutivo, para justificar el freno económico y el incumplimiento de buena parte de sus objetivos más ambiciosos, en particular el que apuntaba al empleo con medio millón de nuevos puestos de trabajo al año o dos millones hasta finales de 2018, algo así como reducir el desempleo al 8%. Ahora, conforme avanza el calendario y se acerca al 21-D se aleja también la previsión de crecimiento del 3% y con este el objetivo de los 20 millones de españoles trabajando antes de 2020 para, entre otros, el mantenimiento (se dice sostenibilidad) de las pensiones. Aunque lo realmente sorprendente es la `colaboración´ intelectual del Banco de España en esta batalla, claramente política.
El deterioro político con Cataluña parece justificar el final de cualquier plan u objetivo económico, pues según el nuevo relato con el que Moncloa pretende `atacar´ la próxima campaña electoral, el conflicto ha supuesto que el partido político que iba a propiciar la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2018, el PNV, se haya descolgado o, al menos, haya subido `el precio´ de su apoyo. Claro que sin la aprobación del Presupuesto el Ejecutivo tiene difícil mantener el sobresaliente autoproclamado en economía, el que le situaba al frente de los países europeos como el primero y mejor de la clase en recuperación económica, primero también en obediencia a las líneas maestras de la ortodoxia europea o germana.

El contratiempo catalán obliga al Ejecutivo a reelaborar la estrategia política al completo, y dentro de esta a una definición de los objetivos económicos: si antes de la crisis catalana el Gobierno contaba con la garantía de otros grupos políticos como PNV y los apoyos menores -pero no menos importantes- de algunas formaciones canarias y asturianas para poner en marcha sus presupuestos, ahora, sin apoyos no habrá presupuestos del Estado y desaparece la estabilidad política, anteriormente garantizada hasta 2019.

El problema no es menor si se tiene en cuenta que los nuevos presupuestos, de haber seguido adelante -sin crisis catalana- se garantizaban que la oposición (Partido Socialista y Podemos) perderían cualquier opción sobre asuntos tan capitales como la Ley de Estabilidad Presupuestaria, la reforma laboral, la reforma del mercado de la energía, la de régimen local, la bancaria y otras de menor nombre.

Pero el Ejecutivo ha reaccionado en esta ocasión con una maniobra táctica de dudoso resultado, al encontrarse con un aliado inesperado para la causa: el Banco de España con su singular pronóstico de la economía a propósito de la que denomina "recesión catalana". Lo cierto es que no había antecedentes al respecto que situaran al supervisor local emitiendo opinión sobre un asunto tan coyuntural. Y así sucedió el pasado jueves al divulgar su informe sobre la repercusión de la crisis catalana en el conjunto de la economía nacional y en un horizonte tan próximo como el corto y el medio plazo.

Quizá en aras de no perder una oportunidad histórica y para que no se diga (¿qué dijo el Banco de España?) el supervisor quiso ofrecer el estado real de la situación, con signos de preocupación, alarmistas, pesimistas y hasta señalando algunos datos como peligrosos si la situación se prolonga más allá de los ocho meses. Los más ortodoxos habrán visto en el informe del Banco de España elementos preocupantes de análisis, pues como se desprende de alguna de sus afirmaciones, incluso en los escenarios menos perjudiciales los efectos del frenazo económico van a producir -asegura el supervisor- problemas graves en el terreno social que cambiarán de forma automática el comportamiento de los agentes económicos.

Es probable que los efectos de la crisis catalana sobre el conjunto de la economía del Estado resulten menores si se refieren sólo a un ejercicio anual. Y sin embargo, si la valoración de los efectos de la crisis catalana, evidentemente negativos, se suman habría que convenir con el Banco de España que el PIB puede dejarse un punto de PIB en 2018 y el doble el siguiente, es decir, casi 30.000 millones de euros menos de lo previsto. De ahí que al Gobierno le resulte difícil -casi imposible- mantener el objetivo, entre otros, de crecimiento de empleo.

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