edición: 2786 , Miércoles, 21 agosto 2019
27/01/2014

El Gobierno argentino, empantanado en su drama cambiario, no se muestra capaz de liberar la venta de dólares

Los mercados esperan en vilo resultados de la gestión de la crisis Argentina con un paquete de dudosa eficacia
Carlos Schwartz

Al cierre de la pasada semana tras dos días de descontrol en los mercados el precio del dólar oficial en Argentina se disparó hasta los 8,02 pesos por dólar mientras el mercado ilegal (paralelo o blue) de esa divisa bajó de 13 a 11,70 pesos por dólar. El movimiento fue resultado de una venta masiva de pesos por dólares a la que el Banco Central de la República Argentina (BCRA), hizo frente con la venta de 260 millones de dólares en dos días mientras el peso caía más de un 17%. De acuerdo con una fuente del BCRA consultada por ICNr “En los dos días se intervino pero mesuradamente porque el objetivo era permitir una devaluación moderada ante el dólar oficial para desinflar el paralelo”. La estrategia del Gobierno para hacer frente a la estampida del peso fue anunciar que se volvía a liberar la venta de dólares a personas físicas reduciendo la retención fiscal del 35% al 20% devaluando el peso. El efecto de esta pinza fue que el blue bajó y el oficial subió mientras los mercados locales de cambios atisbaban la posibilidad de comprar legalmente dólares más baratos el lunes. Pero para ello había que poner en marcha un paquete de medidas complejo cuyo éxito está en el aire.

El fin de semana las expectativas se han vuelto a desinflar. Una fuente de medios financieros en Buenos Aires consultada por ICNr afirmó que “El sábado la presidenta (Cristina Fernández) despachó con el ministro de Economía (Axel Kicillof), el jefe de gabinete (Jorge Capitanich), el presidente del BCRA Juan Carlos Fábrega y el jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP, es decir la Hacienda), y se desató una controversia sobre las medidas cocinadas la víspera”... El domingo Kicillof daba marcha atrás con la reducción de la retención fiscal a la venta de dólares y afirmaba que la medida no estaría operativa en la apertura del mercado hoy pero tampoco dijo cuando se pondría en marcha. La lectura que han hecho los operadores del mercado es que el anuncio ha desatado una tormenta entre las facciones enfrentadas dentro del Gobierno. Parte del paquete de medidas es un aumento de los tipos de interés de las letras del Banco Central (Lebac) con las que el banco emisor retira liquidez del mercado.

Esta es la segunda subida consecutiva anunciada que lleva el interés de los Lebac a 70 días al 25,5% y a 25,88% para los de 95 días. La subida ha sido en dos días del 16% al 25,5% es decir casi se duplicó, pero aún así está por debajo de la inflación. El BCRA anunció además que va a emitir letras denominadas en dólares. El objetivo es que al subir el rendimiento de las letras destinadas a retirar liquidez del mercado los bancos tomen depósitos a tipos de interés más altos. Sin embargo “los tipos de interés no van a alentar esa posibilidad... ni para los depósitos en pesos ni en dólares. La inflación sigue por encima de esas tasas, en el orden del 30% con lo cual los depósitos no van a atraer al público”, afirma una fuente de medios financieros. “El paquete de hecho ha fracasado antes de ponerse en marcha. Si se libera el cepo cambiario y los inversores pueden comprar legalmente dólares va a haber una avalancha sobre ese dólar entre otras cosas  porque a 8 pesos aun está barato y será legal la operación... pero esa avalancha va a liquidar las reservas del Central de forma acelerada. El Gobierno no va a poder sostener la situación”, afirma la fuente de medios financieros.

En medio de las suspicacias las fuentes consultadas creen que el paquete anunciado acabará convertido en un farol sin eficacia y la crisis del mercado de cambios argentino no se detendrá. A diferencia de lo que han opinado muchos editorialistas estos días el problema no es la cotización del dólar. Tampoco lo es la inflación como afirman tantos otros. La inflación es resultado directo de la política del Gobierno que emite moneda para pagar los gastos corrientes suyos, la carga de la deuda interna con los inversores y la banca, la carga de la deuda externa emitiendo bonos denominados en divisas y vendiéndolos en Nueva York, y usando además ese mecanismo para regular el cambio de moneda vendiendo los dólares obtenidos por esa vía extraordinariamente cara.

Los ingresos fiscales para atender al gasto público se basan en el impuesto del 35% a las exportaciones y mediante un impuesto al salario que es la forma que reviste el IRPF argentino. Pero el precio de las materias primas ha caído de un lado, y del otro los productores agrarios tienen un retraso de colocación de la cosecha 2012/2013 del 40%, con lo cual la entrada de divisas de esas exportaciones se redujo un 40%. Mientras, los exportadores de soja y otros cereales esperan una devaluación para incrementar su recaudación en pesos argentinos con el mismo volumen de producción.

Es decir que las crisis larvada del modelo nacional y popular se ha convertido en una crisis abierta con consecuencias difíciles de prever. Los ingresos fiscales no alcanzan para mantener los compromisos sociales del Gobierno, ni la factura energética, ni las reclamaciones acumuladas en el CIADI, ni los déficit provinciales que se vienen sorteando emitiendo cuasi monedas. El Gobierno esperaba, deseaba, ansiaba, desbloquear su relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener una línea de crédito que evitara el colapso. La condición que le impuso el FMI fue que llegara a un acuerdo con el Club de París con el cual tiene una deuda pendiente de 4.100 millones de dólares contraída en 1991 y 1992. Pero el Club que recibió a un Kicillof con el agua al cuello se negó a negociar nada si no se hacía antes una devaluación y se ajustaban las necesidades presupuestarias del país mediante un tarifazo generalizado. El razonamiento de los acreedores es que si se renueva la financiación antes de que se haga esa cirugía, el dinero real o ficticio va a gastarse en un modelo que consideran insostenible.

De hecho Kicillof admitió el 20 de enero su derrota al afirmar que “un acuerdo con el Club de París será lento”. Hasta hace nada vendían a quien los escuchara la idea de que el FMI los sacaría de la charca. Está claro eso no será así sin pagar un peaje, y ese peaje les va a hacer saltar el modelo por los aires. La precipitada presión sobre Repsol para que llegara a un acuerdo por la expropiación de YPF y retirara sus reclamaciones del CIADI formaba parte de la operación escaparate para las reuniones con el FMI y el Club de París. La prueba es que ese acuerdo no se ha materializado, aun... Entretanto lo que se discute es cuánto tiempo puede sobrellevar el Gobierno de Cristina Fernández esta situación de crisis fiscal encubierta.

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