edición: 2452 , Lunes, 23 abril 2018
04/10/2012
Sistema anglosajón

El Gobierno busca un modelo sostenible de pensiones

Referéndums locales deciden en EE UU los ajustes en pensiones y tributos
Menor tributación a las jubilaciones a cambio de congelar un tiempo la percepción
Juan José González

A vueltas con las necesidades de recaudación, el Gobierno sigue "tocando" impuestos de las personas físicas en una primera fase mientras prepara otra batería de subidas de impuestos para las jurídicas, sociedades y empresas. Y presionado por las circunstancias, mantiene su negativa a modo de defensa numantina de las pensiones públicas. Es posible que tras el rescate (a la vista) como escenario probable de trabajo, el Ejecutivo plantee un recorte de las mismas, lo que a su vez obligará a medio plazo a proponer una revisión del sistema de pensiones en toda regla. Si bien la actualidad discurre por la misma vía de las reformas estructurales, la prioridad (aunque todo es prioritario) ahora no pasa por ponerle una fecha a un nuevo sistema de pensiones, a pesar de que el mensaje (la necesidad de hacer alguna adaptación a la nueva realidad) ya ha sido lanzado convenientemente por el Gobierno. Lo que no resta para que un numeroso equipo de expertos se encuentre ya elaborando "los primeros papeles del nuevo sistema".

Un prestigioso despacho de abogados trabaja en justificar (defender) el derecho individual del titular en recibir como pensión el dinero que ha venido aportando en una etapa de su vida (los años de cotización necesarios para percibirla y otras características). Se trata del núcleo básico del Estado del bienestar cuyos planteamientos parecen estar cambiando con los nuevos tiempos. Al menos, esta es la forma en que se nos presenta al público el asunto. Y entretanto se trabaja en el aspecto jurídico del derecho a la pensión y, por tanto, a la forma contractual del mismo, surgen opiniones políticas más o menos favorables a la elección de un modelo. Al parecer, siempre hay que elegir un modelo para hacer cualquier cosa si no no hay manera.

Ese equipo de sesudos expertos fiscalistas, laboralistas, civilistas y econometristas, está convencido de que el mundo ha cambiado, que en cuestión de pensiones el esquema de reparto puro es nocivo en esencia y que la experiencia demuestra que, al igual que funciona cuando todo funciona, también falla cuando las tasas de paro son altas y además se prolongan en exceso. Y no sólo eso sino que también se invierte la pirámide de la población. Con todo, el desequilibrio entre aportaciones y prestaciones acaba ahogando las cuentas de la Seguridad Social. El otro sistema, el de capitalización, en la práctica el que funciona como modelo en España, sufre también del mismo desfase porque, entre otras cosas, baja la rentabilidad de los activos gestionados y sube el número de beneficiarios.

Y como parece obligado reformar el sistema, nada como fijarse en los modelos que funcionan, que son varios. Los expertos apuntan a los anglosajones, bien porque son los más flexibles y adaptados a la actualidad, bien porque parece que son los más sostenibles en el tiempo y con cierta garantía. En Reino Unido, David Cameron propuso (y lo consiguió) que algunas rentas de los pensionistas quedaran congeladas, se redujeran en otras pero manteniendo las deducciones según la renta. En este caso, la modificación de Cameron ponía su mayor acentó sobre la tributación que no en la percepción. El sistema esta siendo muy contestado por sus oponentes políticos, asociaciones y numerosos expertos porque margina a algunos colectivos y además porque en la práctica el mayor beneficiado es el Estado, pues es quien consigue un ahorro de algunos miles de millones de libras, que sin embargo, no contabilizará hasta dentro de dos años.

Pero en los últimos meses los expertos no pierden de vista lo que sucede en algunos condados del Estado de California, donde el gobierno local ha decidido consultar a la cuidadanía sobre las pensiones de los funcionarios cuando estos se jubilen y sobre el coste de los servicios locales que reciben y otros aspectos menores. El resultado se ha inclinado en favor de hacer algunos ajustes que indican que a los ciudadanos, allí, les preocupa el futuro y por eso han elegido congelar las pensiones, subir las aportaciones y retrasar la edad de jubilación.

Se desconoce si este tipo de propuestas "progres" encontraría algún eco en España. Como tampoco se sabe si este es el mejor momento para comenzar a trabajar en un cambio de cultura y mentalidad, dado que cuando se esta dentro del túnel es imposible percibir el horizonte si no hay luz. Lo que sí parece seguro es que, con o sin consulta ciudadana, los "presupuestos" de los derechos y deberes referidos al Estado del bienestar están en proceso de cambio obligado, entre otras cosas por el bienestar del Estado.

Regresando al principio, es necesario entender las palabras de un presidente de Gobierno que a diario usa y abusa de las metáforas, los dobles sentidos, eufemismos y demás para esconder un cambio en las pensiones, que por mucho que las niegue se verá obligado a "tocar", y como se verá, con independencia de si se congelan, suben o bajan, entre modelos todo es posible.

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