edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
11/04/2017
Con el apyo a Ucrania de fondo

El Gobierno danés estudia formas de bloquear el desarrollo de Nord Stream 2

Funcionarios de la Comisión Europea quieren paralizar el gasoducto por motivaciones estratégicas
Carlos Schwartz
La coalición de Gobierno en Dinamarca formada por el Partido Liberal, la Alianza Liberal y el Partido Conservador que se hizo cargo del ejecutivo en noviembre pasado busca fórmulas que permitan bloquear el desarrollo del gasoducto de acuerdo con declaraciones del ministro de Industria del país, Lars Chritian Lilleholt. La coalición ha ampliado la base del Gobierno que hasta octubre pasado era un ejecutivo en minoría con el apoyo del Partido Popular de Dinamarca (PPD), contrario a la Unión Europea (UE) y firme opositor a la inmigración que ha crecido de forma sostenida en el país en los últimos 15 años y se presenta como un valedor en la sombra de las políticas de la coalición conservadora. De acuerdo con Lilleholt el Gobierno considera la posibilidad de hacer cambios legislativos en Dinamarca con el objetivo de ampliar los requisitos para autorizar proyectos originados en terceros países como el gasoducto cuyo socio principal es de momento la rusa Gazprom. El objetivo es que se tengan en cuenta factores políticos y de seguridad nacional, mientras que en la actualidad el único requisito es la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental.
Dentro de la UE hay un bloque de naciones que pretenden impedir el desarrollo del proyecto y que están representadas por altos funcionarios de la UE. Las naciones bálticas son firmes opositoras al proyecto y cuentan con el respaldo del vicepresidente de la CE para la Energía, el eslovaco Maros Sefcovic quien ya ha hecho varios llamamientos para que Bruselas tenga una actitud más vigilante en estos temas que afectan a la dependencia energética respecto de Rusia. Esta es en realidad la cuestión de fondo agitada por un sector de la UE con intereses muy específicos. Alegan que el objetivo de Rusia con Nord Stream 2 es sortear el paso por Ucrania país con el cual Moscú ha tenido sistemáticos problemas por el suministro de gas y el pago por parte de Kiev de la factura energética a la estatal Gazprom.

La diplomacia energética europea dista mucho de ser una línea recta y es un sistemático cruce de intereses que dan pie a la acción de los respectivos lobbies. España es el gran ausente en este concierto, pese a su conexión con el norte de África y a los intereses gasistas peninsulares que podrían alimentar redes europeas. Pero nuestros sucesivos gobiernos han sido incapaces tan siquiera de solventar la interconexión con Francia.

La UE bloqueó en 2015 el desarrollo del gasoducto South Stream sin muchos miramientos frenando la concesión de permisos de obras en los países de tránsito tras la crisis de Ucrania y la invasión de Crimea en 2014 lo que determinó que Rusia abandonara el proyecto. South Stream acababa en Italia, y la empresa petrolera estatal ENI era uno de los socios principales del proyecto. Ese gasoducto, al igual que Nord Stream y Nord Stream 2, esquivaba el territorio de Ucrania con el objetivo de dar seguridad al suministro por encima de los crónicos conflictos entre Moscú y Kiev.

De hecho, Alemania fue el enterrador del proyecto South Stream al empujar a la UE a actuar en su contra. Una vez logrado ese objetivo consolidó el proyecto Nord Stream 2 algo que provocó la ira del entonces primer ministro de Italia, Matteo Renzi. Ahora la presión viene del lado del lobby Báltico y de algunos antiguos miembros del Pacto de Varsovia que quieren evitar el riesgo de aislamiento energético de Ucrania de un lado y aspiran a que este país siga cobrando por el peaje del gas ruso lo que reduce su factura energética.
Hasta ahora los elementos decisivos para la aprobación por las naciones a través de las cuales pasa un gasoducto que se origina en terceros países es el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de los proyectos y no las derivadas geopolíticas, es decir las relaciones de poder internacional que forman parte de las alianzas energéticas. El año pasado Croacia, república Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Rumanía, escribieron al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, manifestando su preocupación por que el proyecto incremente la dependencia respecto del gas ruso en Europa Central y del Este.

La negativa de una nación que está en el paso del Nord Stream 2 puede llevar al bloqueo del proyecto en su conjunto o al menos a un retraso considerable. En el caso de este gasoducto las consideraciones del impacto sobre el medio ambiente son de hecho irrelevantes en la medida que Nordstream hace el mismo recorrido que ha sido definido para el NS 2 que funciona ya desde hace años sin objeciones de la UE. La fórmula que Sefcovic y los países Bálticos instrumentaron para interferir en el proyecto fue exigir que el gasoducto que atraviesa el mar Báltico para tocar tierra en la costa alemana quedara sujeto a la regulación de la UE. “Todas las reglas clave tienen que ser aplicadas en un proyecto tan importante como este”, afirmó Sefcovic, quien además señaló que para los funcionarios de la UE de lo que se trata es de evitar que el gasoducto se construya obedeciendo en exclusiva las leyes rusas.

Sefcovic aboga por un acuerdo intergubernamental de países sin explicitar sobre qué criterios se reunirían dichos Gobiernos: de proximidad, de tránsito o por verse afectados por el proyecto comercialmente. Sin embargo esta estrategia sufrió un duro revés recientemente. En febrero pasado Bruselas solicitó al regulador de las infraestructuras de Alemania, la Agencia Federal de Redes, un dictamen sobre la jurisdicción del gasoducto Nord Stream 2. El presidente del organismo Hochen Homann ha notificado a Bruselas que este tipo de gasoductos que se basan en conexiones off-shore no estaban sujetos a las leyes de la UE para la energía y destacó el hecho que su resolución era consistente con el propio asesoramiento legal por parte de los cuerpos jurídicos de la Comisión Europea.

La opinión de los servicios jurídicos de la CE rechaza la mayor parte de los argumentos utilizados por Sefcovic para reclamar la aplicación de la normativa de la UE. El documento termina señalando que hay serias contradicciones entre la legislación nacional y las directivas de la CE, es decir un conflicto jurídico de entidad considerable y recomienda en función de ello una negociación internacional.

El problema de fondo es que la pretensión de Sefcovic no se ha aplicado nunca a los gasoductos que abastecen de gas a Europa. Ninguno de los grandes proyectos de suministro internacional como Medgaz, Nord Stream 1, o Green Stream, que son grandes infraestructuras que abastecen de gas al sur y norte de Europa no quedaron sujetos a la normativa de la UE tal como pretende Sefcovic y las naciones del Báltico ahora con el Nord Stream 2. Esta ha sido la argumentación básica de Homann que se sustenta en el principio básico de igualdad ante la ley.

Un portavoz de Nord Stream 2 señaló que la opinión del regulador alemán “confirma un principio básico de la propia Unión Europea: la ley se debe aplicar de forma igualitaria, Nord Stream 2 no puede ser tratado por la ley peor por razones políticas que todos los otros gasoductos que recorren Europa”. Esta lucha está directamente relacionada con la terminación en 2019 del contrato entre Gazprom y Ucrania. La CE quiere preservar el paso de gas por territorio ucraniano más allá de esa fecha en un movimiento que pretende defender la asignación de dinero de Bruselas a Kiev por el paso del gas a través de su territorio.

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