edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
29/05/2010

El Gobierno definirá con urgencia los nuevos impuestos a la banca, a partir de la semana que viene

Xavier Gil Pecharromán

España, como el resto de los países presentes en la pasada reunión del G20, tiene el compromiso de poner en marcha nuevos impuestos o tasas a las entidades financieras para evitar que los Estados tengan que poner nuevamente dinero para salvar las crisis de sus bancos. Una de las principales causas de la actual crisis económica y de los déficits de las Administraciones Públicas, o de buena parte de ellos. La reunión del G20 se celebra la próxima semana y en ella se van a tomar determinaciones que afectarán a todos los países presentes y representados, ya que tanto el presidente norteamericano Barack Obama como la canciller alemana Angela Merkel se han convertido en los máximos impulsores de que se imponga una tasa mundial que impida la existencia de nuevas crisis bancarias. En España, Zapatero se ha mostrado partidario de llevar a cabo esta iniciativa, aunque, en este caso, el sistema financiero español ya tiene en vigor muchas de las medidas planteadas.

Existen dos filosofías diferentes. Según comentaba esta semana, en una jornada de trabajo, el director general de Tributos, Jesús Gascón, el debate fundamental, más que el bancario se centra en los conceptos de la fiscalidad. Tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, existen dos concepciones distintas sobre las medidas de futuro que se deben adoptar.

De una parte, la Comisión Europea ya ha propuesto un fondo de garantía de depósitos, algo que en España ya existe con carácter permanente, como es la creación de una llamada Red Europea de Fondos de Resolución nacionales, sufragados por las propias entidades financieras, con el fin de que el contribuyente no tenga que volver a salvar económicamente, a través del presupuesto público, futuras crisis bancarias.

Por otra parte, se encuentran los partidarios de que se imponga un nuevo impuesto que resarza a los Estados del dinero que han tenido que facilitar para salvar a sus sistemas financieros. Sería una compensación por el esfuerzo realizado por los contribuyentes. En esta línea destacan las propuestas que están poniendo en marcha los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido.

La comunicación presentada esta semana por el comisario de Mercado Interior y Servicios de la CE, el francés Michel Barnier, señalaba que el dinero podrá destinarse a facilitar la gestión de quiebras ordenada mediante la cobertura  total o parcial de activos o deudas y que no tendrá carácter supraestatal, sino que será regulado e instrumentado en el ámbito nacional. Serán, por lo tanto, 27 fondos (uno por cada país de la UE), financiados con una tasa a la banca aún por definir y coordinados a nivel europeo.

En el otro modelo, se encuentra el FMI que ha propuesto un nuevo impuesto global a las instituciones financieras en relación aproximada a su tamaño, así como otro a las ganancias y bonificaciones de los bancos, sobre los ‘bonus’ que pagan a sus empleados.

En Estados unidos se están estudiando tanto la tasa sobre los ‘bonus’ pagados a los directivos, cuando superen los 25.000 dólares o los 50.000, cifra aún por decidir, y el fondo de depósitos bancarios, aunque con algunas atribuciones más que las propuestas en la Unión Europea, ya que introducirá limitaciones en la retribución de determinados empleados.

En el Reino Unido, ya se ha introducido este impuesto, aunque con carácter temporal. Tiene una duración de un año y afecta a los ‘bonus’ pagados por las entidades financieras a sus directivos siempre que superen las 250,000 libras. La entidad deberá pagar una tasa del 50 por ciento. El actual Gobierno tory también es partidario de crear un fondo en la línea de la Unión Europea, que grave los beneficios y a los préstamos de forma sistemática.

Distinta ha sido la decisión del Gobierno suizo, que ha propuesto un impuesto sobre las primas que reciben los banqueros, pero rechaza la tasa sistemática para crear un fondo del seguro obligatorio en caso de eventuales desplomes en el sector financiero.

En España, la Fundación Ideas, presidida por el ex ministro Jesús Caldera, ha sido la primera institución en ‘mover ficha’, ya que ha propuesto una tasa que recaudase de las entidades financieras sobre todo tipo de operaciones, plusvalías financieras a corto plazo, transacciones financieras o sobre los activos bancarios, una especie de ‘Tasa Tobin’, pero corregida y aumentada.

El estudio de la Fundación Ideas, coordinado por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, plantea una tasa con un tipo bajo (entre el 0,01% y el 0,05% del importe negociado) que serviría para desincentivar las operaciones especulativas a corto plazo con movimientos de capital muy grandes y diferencias mínimas de precio, como las que ha estado soportando el euro durante los últimos meses.

Stiglitz, no obstante, ha puesto el dedo en la llaga al afirmar que es mejor la antelación por parte de los Estados, pero que todo lo que se haga tiene que tener un compromiso por parte del sector financiero. Sin este compromiso, todo quedará en buenas intenciones… ya lo ha demostrado el propio sector en ocasiones anteriores.

Gascón, comentaba en su intervención de esta semana, que el mayor problema, por el que se descartó la ‘Tasa Tobin’, es que la figura que se decida utilizar debe instrumentalizarse a nivel mundial para evitar que la competencia fiscal y financiera acabe con su efectividad y, sobre todo, que no sean los usuarios de los servicios financieros quienes acaben sufragando la tasa.

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