edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
25/07/2017
Aparente generosidad en la operación

El Gobierno ”delega” en el sector privado el freno a los italianos en Abertis

Banca, energía, telecomunicaciones... cuentas pendientes del proteccionismo italiano que el Gobierno español pretende cobrar en Abertis
Juan José González
El único objetivo que parece plantearse el Ejecutivo en la operación de compra lanzada por Atlantia sobre Abertis es, precisamente, evitar por todos los medios que la española `se le escape´. Escarmentado en el orgullo patrio por algunos episodios empresariales anteriores -banca, energía, telecomunicaciones...- el Gobierno, en plena batalla política con Cataluña, ha decidido que sea el sector privado empresarial el encargado de hacer el trabajo: evitar la pérdida de control de Abertis. Y no ha dudado en movilizar a ACS -vieja conocedora y accionista de control en la pretendida- y promover el concurso de un socio financiero potente, como sería Caixabank, aunque sin descartar totalmente la utilización de AENA como un tercer socio de la operación. Tan sólo resta conocer el cómo, la forma en la que actuarán las `fuerzas movilizadas´ para combatir, y evitar, que la española caiga en manos italianas. El ministerio de Economía no contaba que los italianos de Atlantia emprendieran la batalla por la conquista de Abertis en este momento político, un contratiempo, en pleno fragor bélico con Cataluña, inseguro en minoría parlamentaria, un `accidente empresarial´ cuya salida le obligará a tratar con otras formaciones políticas.
En un enredo incómodo y complejo que en medios del Gobierno no ocultan que la opa de los italianos por Abertis llega "en medio de la desgracia" al coincidir en el tiempo con otros planes no menores: acelerar la venta de varias participaciones públicas que, según medios de Bruselas ya se habían comprometido por el ministro de Economía que "arrancarían en 2017". Es el caso de Bankia y de la gestora de aeropuertos AENA. La primera más por razones políticas que económicas, pues la recuperación de fondos públicos, aunque modesta, no deja de ser un elemento positivo, en tanto que cumplimiento de promesas electorales, mientras la segunda reúne otras razones más técnicas. A nadie se le escapa que la plusvalía obtenida en la venta de una parte de las acciones en poder del Estado, ayudarían a paliar las cuentas públicas.

De ahí que la reacción primera del Ejecutivo a la Opa de la italiana Atlantia sobre Abertis se produzca en mal momento. Con todo, la lucha por la española se configura como un cruce de varios elementos, unos estratégicos, como responde al objetivo de hacer liquidez algunas participaciones empresariales, otros nacionalistas y proteccionistas, como sería en la práctica que Atlantia, italiana, se hiciera con el control de la operadora española. En base a este planteamiento, estratégico y proteccionista, el Ejecutivo justificaría su interés en que la OPV se decantara en favor española, que quedara en casa. 

Y con este propósito, es fácil sospechar que el proceso de compra-venta de la española estará plagado de problemas, impedimentos y hasta de alguna negativa final en base al interés nacional por controlar las infraestructuras del país. El argumento nacionalista contaría en este caso con un elevado peso en la decisión de las autoridades españolas, si bien, debería ser el informe del supervisor de los mercados, la CNMV, el que mediara en la `puja´ por la compañía. 

Dando por cierto y seguro que el Gobierno español no contempla la pérdida de la nacionalidad en la gestora de infraestructuras, como tampoco que haya concluido la llegada de otras ofertas, otros pretendientes de la compañía afilan sus números en las valoraciones de sus activos. El negocio de Abertis genera ingresos recurrentes que son valorados por los grandes inversores extranjeros como uno de sus principales atractivos, sin perder de vista la capacidad de generar resultados positivos, lo que le permite mantener uno de los mejores dividendos del mercado.

Porque al final, ACS, sobre el terreno la mejor colocada en la carrera por hacerse con Abertis, tan sólo necesitaría del concurso de un socio financiero que hiciera posible la cobertura de buena parte de los 32.000 millones de euros necesarios para adquirirla -unos 16.500 millones de valor y casi otros tantos de deuda-. Y ese socio financiero es más que probable que estuviera dispuesto a aceptar el papel. Resta conocer el precio que ofrece ACS por Abertis y que obviamente, deberá superar el de la OPA de Atlantia. Una larga partida de póquer entre veteranos jugadores que tardarán en enseñar sus cartas.

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