edición: 2513 , Jueves, 19 julio 2018
25/04/2017
Mensajes políticos interesados

El Gobierno desafía al riesgo económico con expectativas sobrevaloradas

La sobrevaloración oficial de la economía, traslada a los consumidores la falsa sensación de optimismo –excesivo- y de bonanza, presente y futura, que podría concluir en desastre
Juan José González
Respiran con alivio los mercados financieros de Europa tras comprobar el acierto de las encuestas en las elecciones francesas en su primera vuelta, al tiempo que ganan certeza las expectativas sobre el desenlace de la segunda vuelta donde el candidato no extremista como Macron, puede alcanzar la jefatura del Estado francés. En pocas palabras, la amenaza de Frexit se ha disipado tras ese primera paso por las urnas de los vecinos galos. El escenario, en cualquier caso, no está exento de riesgos en el corto plazo ni en el medio y largo plazo: hay convocatorias electorales pendientes después del verano -Alemania- pero sobre todo los mercados, las Bolsas europeas y el euro ya mostraron ayer lunes los primeros síntomas de recuperación. El escenario continua avanzando por la senda de la mayor seguridad (estabilidad) financiera, animado por la expansión de las economías de los socios de la Unión Europea y los planes para incentivar la inflación, en base a medidas monetarias, siguen siendo un acierto por parte del BCE. Aunque puede ser que algunas previsiones oficiales estén elevando demasiado el optimismo económico y que, en el caso de España podría estar sobrevalorando las expectativas.
Ni tanto ni tan calvo, que explica el refranero en su consejo sobre la necesidad de no exagerar las afirmaciones que proliferan desde el Gobierno y de otros organismos económicos mundiales. En el acierto de las autoridades en la graduación de la marcha de la economía puede residir el éxito del comportamiento de los agentes sociales, de las empresas, inversiones y consumo, elementos básicos de la coyuntura para determinar el estado de las cosas. Las estimaciones señalan que los consumidores se han atrevido más a gastar que a ahorrar, gastos de consumo que se habían enfriado, incluso congelado, en los años más duros de la crisis pero que ahora parecen salir del estado hibernación.

Las familias modifican sus comportamientos de gasto y consumo y lo adaptan al estado de la economía en la creencia de su mayor seguridad en el empleo y en la disponibilidad de más recursos financieros. La decisión de aquellas se forma en base a los mensajes que, en forma verbal y numérica (cifras y declaraciones) reciben del Gobierno y éste, a su vez, de organismos como el Banco de España. En esos mensajes parece estar primando la idea de la mejoría general, de la recuperación de la confianza de los mercados financieros y de otros sectores (también mercados) como el inmobiliario. Todos registran movimientos al alza, reflejo, sin duda, del mayor gasto y consumo privados. Y prevalece la mejora económica frente a otros problemas que no sólo se mantienen, sino que además se agravan con el paso del tiempo, caso de las pensiones y de los salarios.

Por si el ambiente creado en medios oficiales no contara con alimento suficiente y credibilidad para la construcción del nuevo escenario, llegan de refuerzo a modo de anticiclón los buenos resultados de las compañías cotizadas en el indicador bursátil S&P 500 norteamericano: nada menos que un avance trimestral del beneficio en torno al 15% (del 21,3% en el sector financiero) lo que se traduce en una nueva (una más) inyección de optimismo destinada a engordar las expectativas y la confianza de las familias. Confianza que se está materializando en las inversiones de Bolsa, la adquisición de automóviles y en una mayor animación en el mercado inmobiliario.

Los expertos apuntan al aumento de los activos de riesgo (Bolsa y otros activos) como un nuevo riesgo, como es la asunción por parte de los consumidores de un mayor nivel de gasto y consumo en base a unas previsiones oficiales que bien pueden estar (intencionadamente) sobrevaloradas. Quizá en esa especie de espiral que tiende a la sobrevaloración, la postura del ministro de Economía, Luis de Guindos, parece chocar con la valoración política de otros miembros del mismo Gobierno.

En las últimas semanas, varios expertos del mercado español se han unido al criterio de organismos internacionales como el FMI para compartir las previsiones oficiales del Banco de España y otras entidades bancarias, según las cuales la economía española estaría circulando a una velocidad superior a la reconocida por el ministro de Economía, aunque no tan acelerada desde el punto de vista de las expectativas futuras, como sugieren algunos miembros del Gobierno. Quizá la sobrevaloración oficial esté trasladando a los consumidores, familias y empresas, un optimismo excesivo de bonanza, presente y futura, que bien podría concluir en desastre en el caso de un cambio político inesperado.

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