edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
15/12/2008
Si no llega el crédito, el ICO será banco público

El Gobierno despliega sus baterías en acoso a la Banca

La Moncloa, Economía, Banco de España, Ferraz…
Juan José González

La tensión aumenta a medida que pasan los días y el Gobierno no ve una respuesta convincente de los bancos a su empeño por desatascar los circuitos de crédito para las empresas y particulares. Una situación que empuja a las autoridades económicas a buscar una solución por la vía rápida. En los últimos días, la presión desde distintos frentes de la Administración se ha centrado en las entidades financieras, en especial en la Banca y en particular en los bancos más grandes. El Ejecutivo cuenta con recursos para obligar a las entidades financieras a ser más dinámicas en la apertura del grifo de la liquidez, pero mantiene con escrúpulo su criterio de no intervención en el sector. El Gobierno presiona para que la Banca actúe: no pierde el tiempo y triplica la dotación del ICO, al que concede nuevas funciones. Si la Banca hace esperar su reacción, el Instituto se convertirá en el nuevo “banco público”. El pulso entre Banca y Gobierno esta servido.

El presidente del Gobierno aseguró ante los empresarios de la CEOE, que el Ejecutivo utilizaría todos los medios a su alcance para que las empresas puedan seguir funcionando; el vicepresidente económico del Gobierno aseguró que se están poniendo todos los medios necesarios para asegurar el crédito disponible y garantizar la financiación a largo plazo, sin tener que recurrir a medidas extraordinarias de rescate. Pero hoy en día el vocablo rescate es sinónimo de intervención, la antesala de la nacionalización. Por si fuera poco, el presidente del Gobierno -de nuevo- aseguró que “las medidas para respaldar el sistema financiero son excepcionales y no persiguen crear un banco público”. Y para rematar la ronda informativa, el secretario de Organización del PSOE no se cortaba ni un pelo al afirmar que “el Gobierno no dudará en aplicar medidas extraordinarias” si las entidades financieras siguen en sus trece de no dar crédito y no bajar el precio del dinero. Verde con asas.

Es sintomático que esas declaraciones el denominador común, el fondo y el sentido último de las palabras, acojan una amenaza velada y que, en el caso del presidente del Gobierno se conviertan en una alusión directa: “no se persigue crear un banco público” añade. A la Banca le preocupa la imagen que se puede estar creando en este escenario de crisis. Mientras el Gobierno se muestra proclive a prestar toda la ayuda necesaria a las empresas con inyecciones millonarias para desbloquear los canales de liquidez a través de sus “planes de ayuda” o “rescate”, la Banca asiente sin entusiasmo –y asiste, en parte- a las subastas de crédito. Entretanto, recortes de plantillas, “eres”, cierres y quiebras copan las primeras páginas y las aperturas de radios y televisiones. Dice el Gobierno que a la Banca no le vale con  utilizar como pretexto que no hay demanda de crédito del sector privado (hasta octubre creció el 7,6%) y que, por tanto, no necesita liquidez.

¿Para qué se va a crear un banco público si ya está el ICO? Piensan –con razón- en el Gobierno. La Junta del Instituto de Crédito Oficial aprobó hace unos días, una distribución de créditos para el circulante de las empresas –pymes, en particular-, una operación hasta ahora prohibida en sus estatutos –estos limitaban la actuación del ICO a proyectos de inversión-. Evidentemente, no es lo mismo un crédito para el circulante a una pyme que para Martinsa, para la que tanto se reclamaron ayudas al Instituto público. En el presupuesto para el próximo ejercicio, el ICO podrá destinar a circulante hasta casi el 60% de su dotación.

La crisis parece haber devuelto a través de una especie de túnel del tiempo las luces y las sombras de la banca pública en España, de la que únicamente se había salvado el ICO, con el papel de Agencia Pública del Estado y con funciones y recursos limitados. Recientemente, los Gobiernos de todo el mundo, en especial, los de Europa, de países nada sospechosos como Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, y en EE UU, han ayudado, intervenido o rescatado –sinónimos de nacionalización- sin pudor ni complejo a sus entidades financieras. Mientras, en España, el ICO revive en la sombra, y a golpe de Junta introduce modificaciones o novedades y amplía características en su actuación que hasta hace pocos meses eran casi inamovibles, todas ellas orientadas a animar la inversión. Por ejemplo, se financiará el cien por cien de los proyectos aprobados frente al 80% que establecía la limitación vigente, así como que una parte importante del crédito concedido se destine a la financiación complementaria. Sube también la cuantía de los créditos para proyectos en el extranjero, desde 2.000 millones a 3.000 millones, y se establece una moratoria de un año para las pymes que devuelven sus créditos, las cuales estarán exentas de pagar amortizaciones, sólo deberán pagar intereses.

En suma, más que de novedades, se trata de una ampliación de las funciones para las que, lógicamente, el Gobierno ha triplicado los recursos del instituto, pasando de los 10.000 millones de 2008 a los 31.900 millones de euros de 2009. Al nuevo “banco público” sólo le faltaría la red, las oficinas; aunque esto también tiene fácil solución.

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