edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
08/10/2014
Fallo continuado de la supervisión

El Gobierno echa las culpas de las tarjetas `negras´ al Supervisor

El Banco de España se desmarca del asunto mientras se desarrolla la investigación
Juan José González

Recuerdan en su despedida del Banco de España, que Miguel Ángel Fernández Ordóñez soltó entre risas el célebre apotegma de "otro vendrá que bueno me hará". Y en ello parece que está el hoy gobernador Luis Mª Linde. Cierto es que no le faltan méritos, episodios que le sitúan en el punto de mira de los ya numerosos detractores y críticos que se está granjeando en los últimos meses. Populares y socialistas coinciden en señalarle por su capacidad de activista melifluo en el `frente independentista´, con declaraciones distantes y blandengues respecto a las consecuencias de una hipotética secesión catalana. No se puede decir que haya echado una mano al Gobierno en tan ingrata batalla. Reciente está también la adulación al Ejecutivo mediante las caricias a los Presupuestos del Estado para 2015, alineándose con su mentor y asumiendo las cifras de crecimiento económico y de empleo. Alguna Señoría no pudo evitar la sonrisa y exclamar "la adulación de Linde nos hace flaco favor: no se lo cree ni él". El colmo de la deriva de Linde tiene nombre en el desmarque de no decir ni pío en el escandaloso affaire de las tarjetas `black´. Un papelón que tendrá consecuencias para el supervisor.

Desde Moncloa siguen de cerca la actualidad del país, pasan lista, toman nota y luego en reunión deliberan. Es algo así como un análisis de los hechos relevantes previo a la sentencia. El seguimiento de la vida de las instituciones públicas es uno de esos asuntos que mantiene ocupados a varios funcionarios, los fontaneros de la Universitaria. Se guían por las actuaciones de los responsables y miden el grado de implicación con el poder. El Banco de España iba por el buen camino hasta que comenzó a aplicar la mirada y el análisis crítico en sus informes. En principio, el supervisor venía observando un sometimiento y disciplina con la línea fijada por Economía y Hacienda, sin igual. Pero con el verano llegó el recuerdo y con este la independencia que caracteriza la institución.

En primer término, el Gobierno no tuvo palabras para el gobernador ni para el Banco de España para sumarle a su tropa en la batalla que libra contra los políticos catalanes, una contienda en la que se le esperaba para escuchar de su voz los efectos negativos de una Cataluña independiente. El asunto provocó el enfado de algún miembro del Gobierno con el supervisor, una herida que aún hoy sigue sin cerrar. Pero quizás el episodio más notable en la actuación del Banco de España tiene que ver con la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2015. 

Linde quiso aprovechar la ocasión que le brindó la reciente Comisión de Presupuestos del Congreso para explicar a sus Señorías su posición institucional. El gobernador se muestra razonablemente de acuerdo con los objetivos que persigue el Ejecutivo, esto es, recuperación del crecimiento económico y creación de empleo. El gobernador está convencido de que la economía española va viento en popa, hay dinamismo y el repunte del consumo de las familias parece confirmar que estas ya confían en el futuro y por eso se lanzan a la compra de todo tipo de bienes. Da muchas cosas por hechas en su informe, como que las familias contarán en breve (por no decir ya, antes de que finalice el año) con mayor renta disponible, como también da por hecho que el crédito comience a fluir a corto plazo, la morosidad a disminuir y todos tan felices. Linde no despeja la duda sobre quién será dentro de las familias el que dé la orden de comprar y consumir. Sí se sabe que no serán los miembros desempleados.

El gobernador, con su aprobado a los presupuestos del Gobierno, pasando por encima de muchos asuntos pendientes y olvidándose de otros más escabrosos, consigue, en parte, reconciliarse con el grupo más crítico del Ejecutivo hacia la gestión del supervisor. En el lance quedan en evidencia su independencia y libertad como atributos de las funciones que desempeña el gobernador, atributos a los que renuncia desde el instante en que comparte con el Ejecutivo que con el presupuesto de 2015 se conseguirá un crecimiento del 2% y que se crearán puestos de trabajo como para dejar el desempleo por debajo del 23%. Por tanto, el Banco de España pasa de ser crítico convencido a convertirse en avalista cualificado. 

Pero es el tercer episodio, el más reciente y también escabroso para el Gobierno, las tarjetas `black´ de la Cajamadrid de Blesa y la Bankia de Rato, donde Linde juega al escondite desde el primer momento, a desmarcarse en un asunto cuya competencia, por la vía del FROB, le pertenece. La pasividad del Gobernador parece ampararse en que se trata de un problema con actuaciones judiciales en marcha, investigado tanto por el Gobierno como por la entidad financiera, actualmente intervenida por el FROB, hoy por hoy su primer accionista. El escándalo de las tarjetas, lleva camino de convertirse en el problema de mayor desgaste para un Ejecutivo que ya trabaja en clave preelectoral y que además cree que debería ser el Banco de España quien llevara la iniciativa ante un claro caso de fallo continuado de la supervisión.

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