edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
27/09/2012
El proyecto de ley unificándolos está listo para pasar por el Consejo de Ministros

El Gobierno elimina cualquier atisbo de independencia de los reguladores no financieros y los pone bajo su férula

Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y ministra portavoz
Carlos Schwartz

El proyecto de Ley unificando los reguladores no financieros en España, cuyo precursor fue el anteproyecto aprobado en Consejo de Ministros el 25 de febrero, ha pasado por sucesivos filtros hasta que se ha convertido en un cuerpo jurídico bastante más afinado que el texto del anteproyecto difundido a comienzos de año. Sin embargo, en su esencia, la operación sigue siendo la misma, privar de independencia a los reguladores respecto del Gobierno. Las fuentes conocedoras del texto del proyecto de Ley afirman que el rango de Directores Generales, que equivaldrán a los presidentes de los reguladores actuales en el sentido que serán los responsables de elevar al Consejo del regulador único las propuestas de resolución, serán designados por el Consejo de Ministros, lo que deja al arbitrio del ejecutivo quiénes encabezarán de hecho a las sucesoras de las actuales Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT), Comisión Nacional de la Energía (CNE) y Comisión Nacional de la Competencia (CNC). Hay otros cinco reguladores que quedarán subsumidos en el nuevo organismo, que no por ser menos conocidos son menos relevantes.

Mientras, el presidente y los consejeros del regulador único serán propuestos por el Gobierno pero sometidos a aprobación parlamentaria por mayoría absoluta, dando ciertos visos de independencia al proceso de selección. El proyecto está verdaderamente inficionado de medidas que en el fondo implican una verdadera marcha atrás en cuanto a la independencia de un regulador, como la disposición por la cual los cuadros técnicos de cada dirección general deberán ser funcionarios del Estado lo que somete el espectro de la selección de esos cuadros al cuerpo de abogados del Estado y técnicos comerciales. Es decir a la correa de transmisión de los intereses de los diversos ministerios implicados.

Ministerios que por cierto recuperaran en parte atribuciones en departamentos ministeriales específicos como es el caso de Industria para energía. En su momento la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, hizo gravitar en parte la decisión de unificar los reguladores en el afán de “simplificar y racionalizar” los organismos reguladores como en Alemania y Holanda. Con la salvedad de que los modelos citados difieren bastante entre si, y proceden de una realidad histórica y económica que nada tiene que ver con la española, vale la pena señalar que se trata de solo dos de los 27 miembros de la Unión Europea, lo que convierte a la pretensión de la vicepresidencia de pintar la decisión española como parte de un movimiento amplio en la UE en palabras huecas.

 No es que en la UE haya una repulsa a esta concentración de facultades dentro de un solo órgano, porque en definitiva “allá España con sus decisiones”, pero lo que no deja de ser muy mal visto es que dentro de este conglomerado se incluya a la Comisión Nacional de la Competencia. No existen precedentes, y es una decisión poco explicable. El argumento de reducción de consejeros y ahorros económicos al que se ha recurrido no parece muy consistente, se ahorrarían cuatro millones de euros “inicialmente”. De paso se silencia el hecho de que el nuevo regulador irá con cargo a los presupuestos generales del Estado, mientras que en la actualidad hay dos reguladores, por cierto muy importantes, que se mantienen por las tasas cobradas a las empresas del sector por prestación de servicios y realización de actividades específicas como es el caso de la CMT y CNE.

Es previsible que a las generadoras de electricidad agrupadas en UNESA la desaparición de un regulador específico independiente en el contexto actual le sepa mal. Este grupo específico dentro del sector ha vivido con un profundo rechazo el desenlace de la batalla sobre las tasas aplicadas para corregir el déficit de tarifa. La aplicación de un 6% lineal sin una reforma profunda de los denominados peajes que están en la base del déficit de tarifa, y entre los que se incluyen costes tan absurdos como la igualdad de precios de la energía en las regiones insulares -que en todo caso debería ser absorbido por los presupuestos del Estado-, así como el nivel de subsidios a las renovables, es percibido como un despropósito que tiene como efecto en su conjunto que España tenga la electricidad más cara de Europa, con la excepción de algún país marginal.

El problema añadido de esta solución poco racional es que erosiona de forma significativa los márgenes de las generadoras convencionales sobrecargadas de deuda entre otras cosas por un proceso de inversión que ha desembocado en una capacidad ociosa significativa no solo en la generación sino además en la distribución. Como es comprensible la consecuencia del sistema de tasas será el traslado de los nuevos costes al consumidor. Mientras de un lado está el consumo final de las familias, del otro está el consumo final del sector industrial para el cual un incremento de los costes de la energía supone una desventaja competitiva significativa.

Tener la energía eléctrica más cara de Europa no es una banalidad. La drástica reducción de los costes laborales unitarios en España en el último año -una de cuyas consecuencias es la tasa de paro- ha supuesto una ventaja competitiva de primer orden, pero con los márgenes estrechos que existen en la competencia de la producción industrial en el mercado español por excelencia, la UE, los costes de la energía suponen un escollo que no hará más que reducir la capacidad competitiva de la industria española.

Si se considera en perspectiva, y de acuerdo con las necesidades globales de nuestra sociedad, la ausencia de reguladores independientes con estructuras separadas de los intereses del Gobierno de turno atentan contra el progreso de un marco regulatorio estable en sectores clave para el progreso económico como las telecomunicaciones y la energía.

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