edición: 2701 , Lunes, 22 abril 2019
31/10/2012
Los inversores internacionales retornan al escepticismo ante la auto complacencia oficial

El Gobierno es presa de un ataque de optimismo infundado para vestir el escaparate electoral

Marta Fernández Currás, secretaria de Estado de Presupuestos
Carlos Schwartz

La secretaria de Estado de Presupuestos, Marta Fernández Currás, lanzó al vuelo las campanas afirmando que el déficit del Estado está bajo control y que quedará en torno al 4% o levemente por debajo al final del año. El alegrón oficial proviene de la caída del déficit del Estado en 3,1 décimas en el tercer trimestre del año pasando del 4,7% al 4,39%. La euforia, claro, no logra ocultar que el crecimiento del déficit del Estado en los primeros nueve meses de este año ha sido un 22,8% más alto que el año pasado. La cifra de déficit del Estado debe “acomodar” el déficit de la Seguridad Social que no está contabilizado en el anuncio hecho ayer por la secretaria de Estado.

Un día antes, la ministra de Trabajo, Fátima Bañez, afirmó que había indicios ciertos de mejoría económica. Su afirmación la hizo en el contexto de los datos del superávit de la Seguridad Social en el mes de septiembre que ha caído respecto del mes anterior y respecto de igual periodo en 2011. Por añadidura el superávit exiguo, 0,23% del Producto Interior Bruto (PIB), contabiliza las transferencias del Estado que a septiembre ya alcanzaban al 88,28% de lo contemplado en el Presupuesto. Lo cual equivale a decir que a partir de noviembre la seguridad social se ha quedado sin transferencias centrales, es decir verá una caída del superávit o el surgimiento del déficit. Pero en cualquier caso en términos de caja -las operaciones realmente pagadas y las cobradas- se ha registrado un déficit de 1042,94 millones de euros para el periodo considerado.

Ahora bien, el déficit del Estado del que habló la secretaria de Presupuestos no es el déficit general del Estado que incluye la Seguridad Social, sino aquel que excluye a la Seguridad Social. El objetivo del déficit general del Estado para 2012 de acuerdo con el Presupuesto del Gobierno es del 4,5%. Ajustándose al guión preconcebido según el cual el déficit de la Seguridad Social en 2012 sería del 0,5%, el Gobierno cincela unos resultados en el aire espeso de la campaña pre electoral de Cataluña anunciando que el déficit del Estado estará levemente por debajo del 4% y podrá por tanto “acomodar” al de la Seguridad Social. Ocurre que los principales analistas de instituciones privadas no lo creen. Muy por el contrario cifran al déficit del conjunto de las administraciones públicas, es decir general del Estado y de las autonomías, en el 8% del PIB.

Ayer, el principal fondo internacional dedicado a la deuda soberana reabrió sus dudas sobre España. Durante la reunión de otoño del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Tokio el ministro de Economía, Luis de Guindos, anunció que había un retorno de confianza hacia la deuda pública española. La afirmación estaba directamente relacionada con las declaraciones de Bill Gross, uno de los fundadores de Pacific Investment Management Co. (PIMCO), quien afirmó que su fondo había vuelto a comprar deuda soberana española. De hecho PIMCO se había hecho presente en un par de subastas tras las declaraciones del presidente del BCE, Mario Draghi, según las cuales la entidad apoyaría a la deuda soberana de los países que así lo solicitaran.

Ahora PIMCO ha cambiado de tercio, su director de inversiones para Europa con sede en Londres, Andrew Balls, afirma que han abierto un compás de espera hasta que se aclare la actitud del Gobierno y que no van a volcar toda su capacidad financiera en España o Italia. Por su parte el analista de BlueBay, Mark Dowding, fondo de 47.000 millones de dólares, afirmó que los políticos se muestran complacientes y arriesgan la inversión en España por no tomar medidas suficientes para estabilizar a la nación. BlueBay, junto con otros fondos, lisa y llanamente han vendido la deuda soberana española que compraron tras el anuncio de Draghi. Parece que el ejemplo puede extenderse. Como es fácil de entender el escaparate electoral que el Gobierno viste con ahínco no alcanza a mellar el ánimo de los inversores profesionales que miran con escepticismo las cifras oficiales.

La acumulación de factores adversos en el último trimestre del año, desde el déficit de la Seguridad Social, hasta el efecto del incremento del IVA así como la previsible agudización de la recesión tendrá un efecto muy adverso sobre la opinión internacional porque hará tabla rasa de la complacencia y falso optimismo que ministros, secretario de Estado y presidente vienen acumulando en semanas recientes. Como no se puede acusar de ceguera a número tan crecido de profesionales de la política hay que entender que miran hacia otro lado a la espera de que opere algún milagro de último recurso para aliviar la situación al final de 2012. Ese milagro de momento no se ha hecho presente, y por más devotos que sean los ministros del Ejecutivo deberán saber que los milagros no se producen cuando se los espera sino precisamente cuando no se los espera.

Esto está directamente vinculado con la posibilidad de que inversores extranjeros entren en el capital del banco malo, o compren activos de la banca incluso antes de que se los integre en él. Esa posibilidad no es sólo cuestión de precio, sino también de estabilidad. Si los inversores consideran que habrá una fuerte inestabilidad y que la asistencia del BCE a la deuda pública española se deberá solicitar en medio de una tormenta financiera y una escalada de la prima de riesgo, no se harán presentes hasta que la tormenta pase.

El ejemplo está a la vista. De acuerdo con fuentes de medios financieros las inversiones que los fondos han realizado en España en los primeros nueve meses del año han sido escasas y la mayoría se han concentrado en capital privado. Y por añadidura han sido sustituciones de un fondo por otro y no inversiones frescas. Se han concentrado además en empresas muy específicas. Como ejemplo valen los de MotoGP donde un private equity ha sustituido a otro que debió vender por una resolución de Competencia al entrar en el negocio de Fórmula 1 y la entrada de otro fondo en el grupo Game Soft Iberia en el mercado de videojuegos español, cuya cabecera está en concurso de acreedores en Reino Unido. Si este es el perfil, estamos ante un efecto neutro de la inversión exterior, es decir un proceso de sustitución y no de entrada de capital.

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