edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
23/04/2012
Mientras Luís de Guindos niega la depresión

El Gobierno espera a los cambios en Francia para alejar un rescate

Un cambio en el Elíseo abriría la puerta a cambios de rumbo en la política del BCE
Françcois Hollande, vencedor de la primera vuelta de las elecciones francesas
Juan José González

La esperanza de un cambio en el mapa político francés, sirve para acariciar la posibilidad de lograr algunos cambios en la dirección política dominante en Europa, en el eje Berlín-Paris. Y llega en un momento en el que, con el agua al cuello, comienzan a escucharse en varios sectores de la sociedad española opiniones con un preocupante punto de radicalidad sobre, por ejemplo, la nacionalización parcial de la banca y cosas por el estilo. El mensaje oficial, el de un Gobierno en pleno arranque de legislatura, se acerca cada vez más a la fase de socorro, una vez superada la de auxilio. Ese mensaje esta graduando la gravedad de la situación y la magnitud de los problemas para evitar episodios de reacción social como los vividos en Atenas recientemente. Es improbable, pero posible, que esas escenas trasciendan las pantallas de televisión y se conviertan en realidad pero en escenario español. El fin de semana ha sido rico en el análisis de la situación económica española, tanto en la prensa nacional como en la internacional. Con esa distinta visión que proporciona la distancia física y política de quien opina, sí parece haber numerosas coincidencias en el grado de gravedad.

El Gobierno comienza a hablar de recesión de la economía, entendiendo que se trata ahora mismo de un mal menor. Lo entiende así porque en realidad las variables económicas indican que se trata de una recesión en el más puro sentido literal del término. Recuerda la actual, la posición del ministro de Economía, Luis de Guindos, cuando en diciembre pasado rehusó por todos los medios el término “recesión” para responder la pregunta de un diputado. Recordó así, a un predecesor, Pedro Solbes y al expresidente José Luís Rodríguez Zapatero, cuando disfrazaron de eufemismos la realidad, la crisis.

Menos actividad, caída prolongada del PIB, descenso del consumo, caída de la inversión, del empleo, del beneficio empresarial, fuertes recortes en el beneficio bancario, como se podrá comprobar esta semana, inflación a la baja e índices bursátiles rompiendo suelos… Son los signos de identidad de una crisis en estado de ya de depresión. Incluso algunos gurus económicos acreditados y libres de sospecha política, han apuntado que la economía española es comparable, según su tasa de desempleo total y de paro juvenil, con la peor fase de la Gran Depresión en EE UU.

Las mismas voces solicitan abiertamente el cambio de políticas, porque las aplicadas tras el verano pasado se están demostrando insuficientes y erróneas. La austeridad se esta demostrando eficaz en un terreno de juego como el alemán, economía sin grandes problemas, deuda baja, superávit presupuestario e insignificante desempleo. La austeridad fiscal esta mostrando, en el corto y en el medio plazo, el camino de la recesión y ésta, a su vez, alimenta la depresión, estadio en el que crecen y se multiplican los citados signos de identidad de la crisis.

De ahí que la posibilidad de un cambio en el Elíseo, una vez concluya la segunda vuelta de las elecciones francesas, parecen equivaler a unos rayos de luz, de esperanza en que un socio comunitario de peso pueda reunir el peso y la fuerza suficiente para propiciar un cambio en la política del BCE, pasando de una austeridad rigurosa y asfixiante, como en el caso español, a unas políticas monetaristas expansivas, única salida a medio plazo para que se relance la actividad económica.

De lo contrario, es posible que ni acudiendo al mecanismo de rescate de la Unión Europea -un tren que comienza a pasar- se puedan salvar bancos ni Estado, unidos ambos en la desgracia de autoalimentarse con liquidez y deuda para salir del atolladero. En todo caso, el Gobierno español no debería estar jugando a ganar tiempo intentando reconducir una situación en solitario que difícilmente conseguiría. Como tampoco haría bien en apostar a una salida de la grave situación económica si tuviera puestas todas las esperanzas en que un nuevo Elíseo –socialista- lograra cambiar el rumbo de las políticas económicas del BCE.

Sin embargo, Mariano Rajoy parece más proclive a esperar cambios en la política económica del banco central, en la confianza de que un cambio al frente del Ejecutivo francés, y aparcaría de esta forma la idea que estaría madurando desde hace tiempo de solicitar un rescate parcial. Los gurus le aconsejan que para eso, mejor acudir a los fondos de rescate y ganar ventaja y tiempo para salir antes de la crisis.

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