El Gobierno hace campaña electoral con un retoque fiscal
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
23/06/2014

El Gobierno hace campaña electoral con un retoque fiscal que agudiza las desigualdades

Inexplicable discrepancia sobre consumo de las familias entre las contabilidad nacional y el INE
Carlos Schwartz

El Gobierno ha cocinado un retoque fiscal entre la oficina económica de la Moncloa y el Ministerio de Hacienda con el objetivo de apelar a ciertas canteras de voto que en el pasado consideraba su nicho natural y en el que hoy pierde pie de forma acelerada. El retoque, calificado de Reforma Fiscal por el Gobierno, prosigue en la línea de eliminar cualquier progresividad a la escala fiscal. Ha limado los tramos más altos para satisfacer a los sectores de mayores rentas lo que les ha vuelto a retratar de cuerpo entero, con lo cual ha equiparado a las rentas a partir de los 60.000 euros ad infinitum. Como se sabe, no hay nada más injusto que determinar la igualdad de los que son diferentes. Que un partido de gobierno que se despeña a ojos vistas aplique estas políticas es un indicio más de que no tiene ímpetu para siquiera mantener lo que le queda del favor electoral. Para el resto de la ciudadanía, lo tipos fiscales se han quedado en el nivel de 2011.

Mientras, los datos anuales de la encuesta de presupuestos familiares (EPF) para 2013 indican que el gasto medio por hogar cayó respecto de 2012 un 3,7% equivalente a un 4% en precios constantes.

No deja de ser sorprendente que a estas alturas por motivos metodológicos que nadie se ocupa de aclarar se siga acumulando una discrepancia entre el gasto en consumo medido por las cuentas nacionales y el que refleja la EPF. De acuerdo con fuentes del sector estadístico privado que hace un seguimiento de la coyuntura nacional esas discrepancias se vienen desarrollando desde 2010, y a pesar de que no es estrictamente lo mismo la EPF que el gasto en consumo que reflejan las cuentas nacionales, la desviación es demasiado grande.

De acuerdo con las cuentas nacionales el gasto en consumo de las familias cayó en 2013 respecto de 2012 un 2,1%. La comparación de las cifras indica que para las cuentas nacionales entre 2010 y 2013 el gasto en consumo de las familias ha caído un 6% mientras que de acuerdo con la encuesta de presupuestos familiares que hace el INE sobre la base de una recogida de datos en 23.000 viviendas la caída entre esos años ha sido del 10,4%.

Una consideración benigna de estas discrepancias es que las cuentas nacionales no logran transcribir de forma acertada el impacto de la crisis sobre el consumo de las familias. Son ya demasiados los indicios de que los datos estadísticos no acaban de reflejar la realidad de los ciudadanos pero que las estadísticas no lo reflejen no quiere decir que aquellos no sigan sintiendo los efectos de la crisis.

Mientras, el Gobierno se recupera a duras penas de una luxación de muñeca de tanto golpear el parche como si de Calanda se tratara, con el asunto de que en abril bajó la deuda pública por primera vez desde 2010.

La caída fue desde el 98,9% del producto interior bruto (PIB) al 96,8% del PIB. Hablando desde luego de deuda según el protocolo de déficit excesivo. Pena que ese dato excluya múltiples partidas que a no muy largo plazo se deberán consolidar. Se trata de cifras correspondientes a la seguridad social, corporaciones locales, comunidades autónomas y administración central. Tómese nota del siguiente dato: en el cuarto trimestre de 2013 los pasivos en circulación de la administración central fueron 15.071 millones de euros. En el tercer trimestre eran de
972.831 millones de euros. En el cuarto trimestre del año 2.000 eran de 340.091.

Esto no es una ficción. Son las cifras publicadas por el Banco de España. Es decir, ¿qué es lo que está reflejando el dato de pasivos en circulación de la administración central en el último trimestre de 2.014? En la serie histórica desde 2.000 no hay precedente de un incidente de esta naturaleza.

Los datos correspondientes a las partidas que componen el total de pasivos en circulación más los ajustes por pasivos no incluidos en el protocolo de déficit excesivo del primer trimestre de 2014 no estaban disponibles hasta ayer en el Banco de España, con lo cual hacer cualquier especulación sobre este fenómeno es ocioso. Pero ya se publicarán y alguna explicación surgirá a la luz. Pero ya estamos acostumbrados a los malabares toda vez que la propia Unión Europea (UE) ha decidido corregir sus cómputos de PIB y ha especificado que se deberá homologar el cálculo en Europa del producto interior añadiendo las rentas de la prostitución y las producidas por el narcotráfico. El efecto de esta corrección será a los meros fines estadísticos un subidón por una única vez de las cifras de PIB europeas lo que tiene ya se sabe dos efectos: que la Unión Europea reciba más dinero ya que las contribuciones se hacen sobre una cifra nominal de PIB por cada nación.

Y desde luego el de diluir el total de deuda medida por el producto interior. Ninguna de estas operaciones tiene el efecto de aclarar nada sino simplemente de maquillar las circunstancias reales. La cuestión es que si se consolidan algunas de las cifras de pasivos que rondan fuera del protocolo de déficit excesivo, ahora y no tras el ajuste invocado, la deuda pública de España está por encima del 110% del PIB lo que supone un crecimiento explosivo cuyo coste de momento no es asfixiante por la coyuntura de tipos de interés del BCE y la quietud reinante en los mercados de deuda.

Es interesante observar el nivel de sustracción de información que el Gobierno hace respecto de la UE, ya que el retoque fiscal anunciado el pasado viernes no fue incluido en el programa de estabilidad que se envió a la Unión Europea hace algunas semanas. Esto no es casual ya que en ese informe se estimaba un déficit de 20.000 millones de euros para 2015 con ingresos fiscales claramente superiores a los que se obtendrán tras el maquillaje hecho para beneficiar a las rentas más altas y a las grandes empresas, ya que las más bajas sólo ven marginalmente aliviada su situación y las medias son maltratadas, a sabiendas desde luego.

Vale la pena tener en cuenta que las previsiones de la UE para España antes de este ajuste eran significativamente superiores a los 20.000 millones previstos por el ejecutivo de Mariano Rajoy. Si el Gobierno hubiese anunciado sus planes se habrían registrado reacciones que con su proceder actual se ahorra. Los socios de Mariano Rajoy en Europa están demasiado interesados en contribuir a su continuidad en el Gobierno como para afearle las decisiones. Pero la verdad es que poco pueden hacer el silencio y la connivencia, basta con mirar el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo a escala continental.

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