edición: 2829 , Lunes, 21 octubre 2019
10/03/2014
Malestar en el supervisor

El Gobierno hurta al Banco de España una iniciativa de capital bancario

El decreto ley para liberar provisiones mediante la conversión de deuda en capital, puede volverse en contra del sector bancario
Juan José González

El Ejecutivo vuelve a ningunear al Banco de España con el nuevo decreto ley de medidas urgentes para facilitar la renegociación de la deuda a las empresas, de forma que los acreedores -las entidades financieras- puedan computar los créditos que renegocie con los deudores -las empresas-. El mecanismo aliviará, sin duda, los balances de las entidades al convertir la deuda de la empresa en capital -en acciones- por la cantidad que la empresa no pueda pagar. Es una solución de urgencia, un mecanismo que, sin embargo, no va a depender, únicamente, de las partes, esto es; banca acreedora y sociedades deudoras, sino que habrá que contar también, y mucho, con los tribunales, donde seguramente se sustanciarán muchas diferencias entre acreedores y deudores en base a múltiples desacuerdos. Pero a falta de estos, el primer conflicto institucional ya ha surgido entre un Gobierno que se adelanta y pisa al Banco de España la iniciativa en una norma contable para el sector financiero como es la formulada para liberar las provisiones a la banca, sin reparar en que la solución aplicada por el Gobierno va a depender a partir de ahora, de la normativa que desarrolle el supervisor.

El primer y, al parecer, más importante objetivo del Ejecutivo parece que es conseguir una `limpia´ de balances empresariales que podría alcanzar la considerable cifra de 150.000 millones de euros, cantidad en la que las empresas verían disminuir su endeudamiento. Como también, y segundo objetivo, perseguiría la recuperación de la economía española, al tiempo que se lograría situar al sistema legal en la misma línea de tratamiento que la mayoría de socios de la Unión Europea. Bien, por tanto, parece estar orientada la iniciativa, pero no tan bien si se piensa en que la materia objeto de actuación le corresponde al supervisor, al Banco de España, como especialista y responsable de elaborar las normas contables dirigidas al sector bancario. Al menos, en el supervisor entienden que una de sus funciones es esta, la elaboración de los procedimientos y normas para regular y corregir en funcionamiento de las instituciones financieras.

Pero desde Economía, siguiendo las pautas de actuación de Moncloa, han decidido adelantarse y comenzar lo que en palacio denominan "dar el carpetazo final a la reestructuración bancaria". De ahí las prisas, de última hora, en aprobar el decreto ley de medidas urgentes para renegociar la deuda de las empresas. Actitud que ha dejado al Banco de España a la sombra de una actividad que le corresponde, lo que ha provocado una agria reacción en el supervisor. Porque, en teoría, el encargado de vigilar el comportamiento del sector, del crédito y también sobre la economía, era el supervisor. En esta ocasión, el Gobierno ha utilizado su capacidad y poder legislativo para adelantarse y marcar el tiempo de la actividad política con el decreto ley. 

Es posible que el Ejecutivo, movido por un calendario de reformas, que cuenta desde los últimos meses con un plan acelerado de ejecución, haya entendido, de una vez, que la actividad económica sólo arrancará si lo hace el crédito, pero que éste cuenta con la incertidumbre de la solvencia de las empresas. Al margen de que pueda ser la principal coartada exhibida por algunos de los más ilustres banqueros, las prisas de Moncloa pasan por eliminar la inestabilidad financiera que supone la ausencia de crédito. En esta prisa es donde reside la justificación de la norma que en forma de real decreto pretende convertir la deuda financiera de las empresas en capital. Es una buena forma, por otro lado, de evitar el reconocimiento de las pérdidas de los bancos en las empresas, aunque no es la única ventaja.

Para el sector bancario, la norma que permite renegociar la deuda financiera en las empresas, va a facilitar la clasificación de la calidad de los deudores, haciendo posible que que la entidad financiera aplique el criterio de la supervivencia para minimizar las provisiones. Es una forma por la que, previsiblemente el sector comenzará a dar crédito, que ayudará al Gobierno a mostrar que, efectivamente, el sector financiero ya ha comenzado a moverse y que la recuperación ya ha comenzado a dar sus frutos. Otro asunto será cuando quiera y no pueda lanzar las campanas al vuelo en materia de empleo. Será entonces cuando el Gobierno considere que gobernar a golpe de decretos ley para resolver los problemas bancarios no siempre asegura el éxito. Es por todo por lo que la norma para convertir deuda en capital se antoja como un parche coyuntural qe ayudará a vender la recuperación pero que a medio plazo, en 2015, se mantenga la situación de escasez de crédito y con mayor presión del sector inmobiliario (caída de precios). Lo que a corto plazo se presenta como medida oportuna para liberar provisiones al sector se transformará, seguramente, el año próximo en una cascada de ampliaciones de capital.

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