edición: 2741 , Martes, 18 junio 2019
18/05/2012
EL DEDO DE MADOZ

El Gobierno impávido patina en Bankia en medio de una continua salida de capitales

Los datos del Eurosistema de abril indican un nuevo récord de financiación del BCE a España
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno
Carlos Schwartz

El Banco Central Europeo ha concedido a España durante el mes de abril a través del sistema de pagos en dinero de bancos centrales Target la cifra récord de 284.549 millones de euros. En abril de 2011 la financiación recibida por esta vía fue de 43.621 millones de euros. El incremento es del 150%. Las magnitudes se han disparado a partir del mes de noviembre de 2011 cuando las cifras fueron de 119.540 millones de euros. Estas son las cuentas que alarman al presidente del Bundesbank, Jens Weidman, que pretende a cambio de la contribución de Alemania a la financiación dentro de la Unión Monetarias Europea garantías reales. Pero al margen de la insípida polémica acerca de los flujos de capital dentro de la zona del euro, el incremento persistente de la financiación recibida por España del BCE que no ha cesado de crecer en lo que va de año se presenta como la contrapartida de una verdadera fuga de capitales de nuestro país acerca de la que aun no hay cifras concretas para abril y lo transcurrido de mayo.

La sistemática caída de la bolsa, la liquidación de deuda soberana española por parte de los fondos de inversión estadounidenses, la pérdida de depósitos del sistema bancario, forman parte de este escenario. El capítulo de Otras Instituciones Financieras Monetarias de la balanza de pagos para los dos primeros meses del año muestran una pérdida de recursos de 43.396 millones de euros ¡El 60% de lo que se perdió en todo 2011! La cuenta financiera de la balanza de pagos da positiva porque el Banco de España ha volcado en ese crisol 38.839 millones de euros, de los cuales poco más de 33.000 millones han llegado por la vía del BCE. No cabe la menor duda que en abril y en lo que va de mayo la pérdida de recursos se ha acelerado. Mientras, durante los primeros cuatro meses del año, en medio del deterioro de las cuentas nacionales por los desequilibrios de rentas -es decir capital que sale más capital que no entra- la liquidación de deuda del Estado español llevó a una compra masiva de deuda por parte de la banca no sólo para apuntalar los ingresos del Estado e impedir una crisis fiscal por falta de financiación sino para defender a sus propios balances.

La caída de la cotización de la deuda soberana española afecta en forma directa a los balances de los bancos de nuestro sistema porque los erosiona en cualquier valoración de la cartera de deuda que la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) pueda hacer con el criterio de precios de mercado. La operación estuvo sostenida por la masiva apelación al BCE que por separado hizo la banca española. Es de señalar que la financiación obtenida del BCE por la banca nada tiene que ver con los flujos intrasistema a través del sistema de pagos Target que recibe el Banco de España. Son partidas independientes. El BCE está financiando la balanza de pagos española por el camino de Target. La tendencia de 2011 se ha acelerado. El principal ingreso de capital del exterior es el que llega a España inyectado por el BCE, el problema es que las cifras crecen de forma dramática, en cinco meses ha crecido un 62%.

No parece que estos datos alarmen al Gobierno, a juzgar por como ha llevado adelante la operación de Bankia. Ha generado tal grado de incertidumbre y zozobra que tuvo que salir ayer a desmentir que hubiera una carrera contra los depósitos de la entidad. Mientras sea una entidad el proceso es controlable. Basta que la administración pública traspase parte de sus depósitos en el sistema a Bankia para estabilizar la situación. El problema es que si se mantiene en la torpeza va a generar más incertidumbre. Es desde luego un hecho curioso que cuando el sistema bancario español y la balanza de pagos del país dependen del Banco de España como entidad delegada del Banco Central Europeo el Gobierno se dé el lujo de dejar al regulador fuera de juego en la mayor crisis bancaria en la historia de nuestro país. Porque esa es la dimensión de Bankia. Claro que no faltan motivos de zozobra estos días en el resto de Europa. No sólo por la inestabilidad en algunos bancos rescatados, como Dexia, sino por las perspectivas de las elecciones griegas que han repercutido sobre el conjunto de la zona del euro. La situación es extremadamente delicada como para que el Gobierno siga improvisando en el frente financiero.

Pero en su conjunto la situación de las entidades de crédito está además signada por la recesión en la que se ha precipitado la economía y que la política de austeridad y recortes ha profundizado. La receta fiscal del ejecutivo de Mariano Rajoy ha fracasado sin atenuantes. La recesión sigue destruyendo empleo y la caída de la producción industrial, que no ha tocado fondo aun, anuncia más sangría en ese frente y la persistencia de la caída de la producción. La retracción de la demanda se agudiza y las perspectivas de que haya una recuperación en el cuadro del recorte de gasto público es cada vez menor. La renuncia por parte de la administración a llenar el hueco dejado por la inversión privada no sólo afecta al paro, sino que genera mayor gasto por la vía de la seguridad social y menor recaudación por la vía fiscal. El anuncio del recorte masivo de la calificación de la banca española está estrechamente vinculado al deterioro de la economía española con el consiguiente incremento de la morosidad, incluida la encubierta. Mientras, el Gobierno ha puesto en marcha el nuevo plan de provisiones del sistema bancario aplicando el mismo rasero a las entidades que tienen una gestión adecuada de sus activos y a las que no. Si lo que se pretendía era disimular que algunos están mal y otros bien, para ocultar a los que hay que ayudar, la maniobra solo ha servido para que la desconfianza se extienda a todo el sector.

La pregunta crucial es hasta cuando los socios de la zona del euro van a seguir financiando los déficit de España. No será indefinidamente. Si el Gobierno no es capaz de desarrollar una política para revertir el flujo de capitales y atraer inversión vamos a una crisis de pagos soterrada que se expresa en la agudización de la crisis de la deuda soberana. La ausencia de monedas nacionales y la imposibilidad de los ajustes de competitividad por la vía monetaria se traducen en las batallas contra las deudas soberanas de los que no logran generar flujos de inversión hacia sus países. Ese problema, como ha quedado expuesto a la intemperie, no lo resuelve la austeridad, ni la consolidación fiscal o la intervención a las provincias gobernadas por los partidos de oposición.,

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