edición: 2657 , Viernes, 15 febrero 2019
20/06/2011
Ponen en marcha 6.000 millones de inversión y 2.150 nuevos puestos de trabajo

El Gobierno pasa por alto la confianza del arranque inversor del sector automoción en España

Seis multinacionales del motor apuestan por la economía española
Nula ‘venta’ informativa del Gobierno de unas inversiones deseadas por socios de la UE
Juan José González

Ford confirmó que invertirá en su fábrica de Valencia y creará empleo; Volkswagen (SEAT) espera hacer lo mismo antes de fin de año; el grupo francés PSA y Renault preparan nuevos modelos que se desarrollarán en sus factorías de Madrid (Villaverde) y Valladolid, respectivamente; Mercedes Benz planea sustituir un modelo de furgoneta al que sólo le resta un sí sindical para ponerlo en marcha y, finalmente, de Figueruelas, Opel, saldrán los nuevos modelos del Corsa. Se trata de un ramillete de buenas noticias que se producen en un pequeño lapso de tiempo y que bien se pueden interpretar como una muestra tan escasa y deseada de brotes verdes. La suma económica de las seis inversiones -entre directas y asociadas- ronda los 6.000 millones de euros y los puestos nuevos de trabajo entre directos e indirectos, alrededor de 2.150, según las cifras aportadas por los propios fabricantes. Son algo más que un presagio: ya están formalizadas.

Curiosamente, en esta ocasión, es posible que los 6.000 millones de euros e, incluso, los 2.150 nuevos empleos, resulten de importancia menor frente a la inyección de confianza y apuesta de riesgo de las multinacionales citadas en una zona europea, actualmente campo de batalla entre poderes políticos locales, autonómicos y estatales.

Las inversiones de las compañías multinacionales suelen ocupar varios años en planificación, o lo que es lo mismo, su decisión depende de un largo proceso de maduración, vinculado normalmente a una negociación política final. Las seis firmas del motor citadas tienen acostumbrados a los Gobiernos a esta singular metodología de gestión que, lógicamente, le viene proporcionando sus réditos.

Pero de la misma forma que transcurren entre tres y cinco en el proceso de decisión positiva, para el aplazamiento o anulación del mismo puede mediar un mes o unos minutos, y, como señalaba un representante político de la oposición valenciana (PSOE) en el acto de presentación de Ford en Almusafes (Valencia) la semana pasada, “ahora mismo se están gestando las próximas inversiones, las de 2015, más voluminosas que las actuales”.

Para entonces, es posible que las finanzas públicas, más que se hayan recuperado, se hayan disciplinado, por las buenas o por las malas, por las buenas, fruto del consenso entre Gobierno y oposición en acordar un camino común de solidaridad territorial, hoy más que nunca, de interés nacional. Para entonces, es posible, también, que los Gobiernos autonómicos y locales –y central- hayan logrado conseguir el objetivo de reducción exigido por Bruselas para el período 2013-2015, así como las finanzas públicas de los tres escalones o ámbitos de la Administración, hayan sido capaces de aprovechar el amplio margen de mejora con que cuentan en 2011, y del que, tanto inversores nacionales como internacionales, mantienen sus dudas.

En un escenario plagado de dudas, los dueños y/o tenedores del dinero no arriesgan; seleccionan inversiones, productos, zonas geográficas y negocios alternativos. Con dudas sobre el presente –más que sobre el futuro, que no se plantean- difícilmente pueden dejar de cotizar los temores. Ahora, como antes o como siempre, el tamaño de la duda suele guardar –guarda- una relación directamente proporcional con el tamaño de las deudas, hasta el punto en que hablar de dudas es sinónimo de deudas –vocablos sospechosamente similares-.

Embarcados en una batalla política, es posible que los representantes del pueblo no reparen en las decisiones de largo plazo, en las que consideran un horizonte de cinco y ocho años, las próximas, las siguientes inversiones en, en este caso, las del sector del automóvil, en el que España cuenta con una destacada representación.

El automóvil, un sector que, para mal expulsa trabajadores y cierra empresas auxiliares, pero que para bien, y es posible que el para bien comience el próximo ejercicio, crea puestos de trabajo, atrae capital exterior, es un fuerte componente de comercio exterior –el 82% de la producción se exporta- y, sobre todo y en particular, resulta ser un buen barómetro para medir la temperatura de la confianza y del riesgo en la economía española: para bien, las bases de la solvencia y para mal los aceleradores de la insolvencia. Sin embargo, sorprende que el Gobierno central no realice una buena ‘venta’ política ni informativa de tan buenas noticias.

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