edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
08/01/2013
Desinversiones forzadas

El Gobierno pierde la confianza de las grandes empresas

Las pymes tampoco se fían, frenan y revisan sus planes de expansión exterior
Los cambios de posiciones estratégicas afectan a activos por valor de 6.000 millones de euros
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno
Juan José González

La necesidad está obligando a replantear a las grandes empresas españolas, las multinacionales de sectores como el financiero, el energético o el de las telecos, algunas de sus posiciones en el exterior. Un simple repaso a los últimos movimientos empresariales muestra cómo BBVA, Santander, Iberdrola, Repsol, Red Eléctrica, Ferrovial y Telefónica, ante la pérdida de confianza en las reformas del Gobierno han decidido mover ficha para asegurar el balance y afrontar el presente ejercicio con mayores garantías de rentabilidad. Si preocupante es el cambio (o abandono) de algunas posiciones estratégicas de la gran empresa, peor aún es el hecho del efecto arrastre, en este caso, de freno, que proyecta sobre un sinfín de planes empresariales, pymes y otras grandes empresas, que habían fijado sus objetivos futuros en el exterior, concretamente, en el continente americano. Ni presente ni futuro pueden ser asegurados por un Ejecutivo incapaz de generar confianza y fiabilidad, incapaz también de “enfriar” el coste de la financiación empresarial, con una prima de riesgo excesivamente gravosa para la actividad económica. Se une también la falta de previsión y ausencia de modelo económico y, por supuesto, el elevado coste de las reformas económicas.

Si hay un término que pueda definir el movimiento de la empresa española en 2012 en el continente americano (área central de los negocios españoles) ese es el de las desinversiones; ventas de activos no siempre forzadas por exigencias presentes (y futuras) de las autoridades locales, sino también por la necesidad de liquidez, en algún caso, como por la prudencia empresarial que aconseja la situación social o política en otros. Lo cierto es que, según se desprende de algunas reacciones de sus ejecutivos, estas compañías, las grandes empresas, las multinacionales españolas, líderes en sus respectivos sectores, se han visto obligadas por la coyuntura a deshacer posiciones (en algún caso temporal) cuyo valor se podría estar cercano a los 6.000 millones de euros, según diversos analistas.

Son los llevados a cabo por: Banco Santander (cesión de seguros a ING), BBVA en México y Colombia (venta del negocio de planes de pensiones), Telefónica en EE UU y Brasil (venta de SBA y numerosas torres de telefonía), Iberdrola (venta de parques eólicos en Francia), y Repsol (venta de activos a GDF Suez), son algunos de los movimientos más característicos de las grandes empresas españolas a lo largo de 2012, por razones de prudencia, necesidades coyunturales de liquidez o cambios en la política de participadas, están en la base de estas operaciones. Movimientos empresariales que han obligado al Gobierno a indagar sus razones, a pesar de contar con escaso de margen para la sorpresa.

Dejando a un lado, no por menor importancia, sino por tratarse de un problema diferente, las expropiaciones en Argentina y en Bolivia (Repsol, Iberdrola y REE) buena parte de las inversiones españolas, entre ellas las bancarias y las energéticas, se han visto obligadas a mirar hacia sus balances en la medida en que la crisis económica se hace más prolongada y las políticas del Gobierno de Mariano Rajoy no consiguen cambios que generen confianza (prima de riesgo) y, al contrario, aporten mayores costes por las reformas en marcha. Las grandes compañías mencionadas, cotizadas y base del mercado bursátil nacional, se han visto obligadas a tomar la iniciativa y cambiar mercados, activos y estrategias ante el agravamiento y prolongación de la crisis en el país origen, en España.

A las desinversiones realizadas en el último año que acaba de finalizar, hay que añadir ahora la labor del sector privado en el mercado de financiación, en el que algunos bancos y empresas citadas han conseguido abaratar el precio del dinero al Tesoro Público, algo que será interesante comprobar en las próximas subastas del organismo. Algo que, por otra parte, solía funcionar al revés, por cuanto el Tesoro venía a marcar la pauta en precios al sector privado. En este escenario de cambio de papeles, las pequeñas y medianas empresas parecen asistir como convidados de piedra a una situación imprevista hace apenas unos meses. 

Movimientos empresariales o movimientos de la inversión que resultan ser un termómetro eficaz de la climatología económica que afecta a las compañías españolas, con fuertes raíces en el continente americano, con posiciones ganadas a lo largo de varias décadas, inversiones en dinero llevadas a cabo con el talento personal y la decisión de afrontar riesgos en el exterior. Y no sólo en Latinoamérica, también en el resto de Europa y Asia se deshacen algunas posiciones. La gran empresa parece haber sido la pionera en una labor en la que no han faltado pymes, bien de acompañamiento, bien de avanzadilla en calidad de abrir y probar nuevos mercados.

Habitualmente, en anteriores coyunturas, los gobiernos de cualquier país con intereses empresariales en el exterior, y España es una potencia en este apartado, solían acometer planes de estímulo y apoyo a iniciativas de pequeñas y medianas empresas, más acostumbradas a explorar nuevos horizontes. Y no parece que sea el caso, pues el apoyo del Gobierno a sus empresas no se sustancia, como en este caso, con un viaje de tres ministros (Industria, Fomento y Exteriores) comandados por el jefe del Estado. Se hace con políticas de apoyo financiero, fiscal, laboral…etc. que parecen ser el gran ausente de esta coyuntura. Porque no todo el esfuerzo de la política exterior que se oriente a la empresa debe basarse en la célebre “Marca España” sino en medidas de acompañamiento fiscal a los empresarios dispuestos a arriesgar. En esta ocasión, han sido las empresas las que han decidido seguir su instinto y tomar la iniciativa ante la pérdida de confianza en un Gobierno que no sabe, o no quiere, colaborar.

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