edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
08/10/2012
El BCE da por completada la puesta a punto de su programa de compra de bonos

El Gobierno posterga pedir ayuda a la UE mientras en el PP se especula con una sucesión de Rajoy

Carlos Schwartz

A estas alturas es meridianamente claro que el Gobierno ha decidido postergar una petición de ayuda a la Unión Europea con el argumento de que no es necesaria, y ha pactado apoyo en esta maniobra por parte de la canciller alemana Angela Merkel. La postergación de la solicitud ha sido viable hasta ahora merced al papel del Banco Central Europeo (BCE), quien primero enunció su disposición a hacer todo lo necesario para defender al euro, y en septiembre anunció su programa de Transacciones Monetarias Directas (OMT, por sus siglas en inglés), abriendo un compás de espera esperanzado en los mercados respecto del futuro de la deuda soberana de España. Es decir, los mercados están en calma porque dan por descontado un rescate de nuestro país.

La estrategia de la espera está motivada por la idea de que un rescate ahora sería adverso para los resultados del Partido Popular (PP) en las elecciones autonómicas de octubre y noviembre. En particular las de Galicia el 21 de octubre. De acuerdo con fuentes próximas al PP “la posibilidad de que ese rescate acabe quemando al presidente Rajoy, aunque no se pierdan las elecciones gallegas -triunfo que no se puede dar por descontado- ha abierto una serie de alianzas internas con la idea de que lo mejor sería cambiar el fusible una vez acordado el rescate”.

Es decir, hay una corriente de opinión dentro del PP que se plantea la necesidad de una sucesión política de Rajoy al frente del Gobierno tras las elecciones autonómicas y la solicitud de rescate. Las fuentes consultadas consideran que la retirada de Esperanza Aguirre de “la primera línea de la política” está vinculada a esta corriente de opinión interna. Con independencia de estas conspiraciones, si el PP pierde las elecciones en Galicia, es decir no es capaz de formar gobierno allí, es virtualmente imposible que el actual gabinete siga en pie y lo menos que se puede esperar es una crisis de Gobierno con una remodelación de su consejo de ministros.

Quien no está cómodo con la postergación es el presidente del BCE, Mario Draghi, quien el pasado jueves insistió en que “Estamos preparados y tenemos a punto y listo para entrar en funcionamiento un efectivo mecanismo de respaldo” y afirmó que “Ahora está realmente en las manos de los gobiernos. Como he dicho en muchas oportunidades, el BCE no puede reemplazar la acción de los gobiernos”.

De acuerdo con los datos que maneja el BCE la asfixia crediticia de las pequeñas y medianas empresas en la periferia del euro se ha agravado en meses recientes. Por añadidura los costes de financiación del sector privado divergen de forma aguda dentro de la UE entre diferentes países. Los costes financieros de las empresas españolas por ejemplo son tres puntos porcentuales más altos que los que pagan las empresas alemanas. La lectura del banco central es que la liquidez de la banca local se dirige a financiar el déficit público mediante la compra de deuda soberana en el mercado primario.

La hipótesis es que los mecanismos de transmisión de la política monetaria del banco central están rotos precisamente porque la liquidez concedida a la banca por la autoridad monetaria no llega a las empresas ni a los particulares y acaba en la red de la financiación del déficit público. De tal suerte que la postergación del pedido de ayuda es un elemento de irritación para los banqueros centrales reunidos el jueves pasado en Eslovenia. Estos desde luego tienen la suficiente información y la necesaria capacidad de análisis para saber qué es lo que está pasando en el escalón político en el que se ha negociado el retraso de la petición de ayuda por parte de nuestro país.

Los tipos de interés aplicados a operaciones de clientes particulares por la banca española está entre 6 y 8 puntos porcentuales por encima de los actuales tipos de interés fijados por el BCE en mínimos históricos. La distorsión tiene que ver con los tipos de interés marcados por la deuda pública española que son quienes están fijando el tipo marginal de referencia para el mercado interno. Como es lógico los bancos sacan provecho de la alta rentabilidad y bajo riesgo de la deuda pública que en su escalada obliga al resto del mercado financiero a tipos más altos.

En la base de la inquietud empresarial frente al gobierno está este fenómeno. Los empresarios saben que la financiación de la deuda soberana por parte de la banca doméstica les está privando de acceso al crédito, y que este proceso está determinando tipos de interés irracionalmente altos para su financiación. Mientras, en la UE no hay virtualmente progreso en torno al Mecanismo Europeo de Estabilidad que debería encargarse de las compras de deuda pública soberana en los mercados primarios a los que estatutariamente no puede acceder el BCE. Este hecho no deja de ser un motivo soterrado de preocupación a escala internacional.

Mientras, la decisión del Gobierno de ganar tiempo ante el rescate, de un lado va a deteriorar el clima interno del PP, y va a generar mayores roces con los banqueros centrales, incluido el español, lo cual no parece aconsejable al filo de una ayuda financiera multilateral. Pero del otro ha tensado la cuerda con el empresariado hasta límites poco habituales. La lectura de las empresas es que se aparcan las necesidades elementales para la supervivencia del tejido industrial y comercial en aras de necesidades políticas partidistas. Por su parte, el partido en el Gobierno afirma que actúa en el interés general de la nación.

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