edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
25/01/2011
Adelanta Basilea III a 2011 obligada por el Banco de España y el BCE

El Gobierno propone la mayor concentración bancaria de la Eurozona

Salgado ve en el agrupamiento la solución a todos los problemas
Los elogios de Merkel -en España, el 3 de febrero- decisivos para el Gobierno
Juan José González

Se acabaron los tiempos muertos de las SIP y demás fusiones en marcha, un sistema que iba a ninguna parte y que dejaba al descubierto la falta de determinación política para resolver los problemas económicos. La suerte esta echada; días contados para las cajas y en unos meses sólo bancos. El Gobierno ha decidido que este era el momento adecuado, sobre todo si se piensa en que el ejercicio ya ha concluido y algunos plazos fiscales se han cubierto sin novedad en los primeros veinte días del mes. Con el camino fiscal despejado –posiblemente una coartada- el Gobierno podía llevar a cabo su plan de acción para causar efecto en los mercados. Y en los gobernantes también. Por eso, el motivo que más ha animado al Ejecutivo a elegir el momento es, principalmente, la visita que la canciller alemana Angela Merkel realizará a Madrid el próximo 3 de febrero. Un evento que para la proyección política internacional del presidente José Luís Rodríguez Zapatero, es clave por los efectos propagandísticos que tendrá una opinión positiva de tan pesado peso en la Unión como es la Canciller.

La escenificación de la vicepresidenta Elena Salgado, y junto a ella el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, en la presentación ante los medios de comunicación, tuvo su justa equivalencia con el frío reinante en la calle. Confuso y mal expresado el mensaje, dio lugar a numerosas peticiones –preguntas- de aclaración que ayudaron aún más a enredar el ya enredado enredo: fechas, plazos, condiciones, cifras y conceptos, fueron elementos dignos de un mal bizcocho que acabó por ser mal cortado y peor digerido. De ahí que las interpretaciones de Salgado vayan a ser dispares y variopintas.

Concentración es la clave. El movimiento del Gobierno en este lance en total coordinación con el Banco de España, logra alcanzar una carambola impensable de llevar a cabo hace poco más de un año. Despeja las incógnitas de la inacción y falta de credibilidad del Gobierno español hacia el sector financiero, sospechoso profundo de albergar los mayores agujeros negros ocasionados por el sector inmobiliario y sus fiascos, así como lograr disipar bastantes dudas hacia la capacidad de gestión de los directivos españoles, muchos de los cuales vivían observados baja una prudente vigilancia.

La concentración resuelve, además, la histórica cuestión del tamaño idóneo de un sector financiero numeroso, atomizado, además de sobredimensionado. La única solución de corto plazo a la sobredimensión pasa por la unión y eliminación de un sinfín de marcas y registros que hasta ahora hacían el número de 45. Concentración es la palabra objeto de deseo del Ejecutivo. Sabedor de que las uniones y fusiones suelen causar una explosión de la que a menudo se suelen caer varios miles de puestos de trabajo, el Gobierno alienta, provoca y empuja, indefectiblemente, a las cajas (y que no se despisten los bancos medianos) a la fusión, integración o desaparición.

Salgado y el presidente Zapatero, conocen de primera mano que, una integración o concentración de los negocios financieros, concentración bancaria, acabaría de una vez por todas con la absurda presencia en las entidades de ahorro de un amplio número de representantes de control político. Las nuevas exigencias de capital mínimo para asegurar la solvencia que a partir de la publicación del decreto en febrero, deberán cumplir las entidades, puede cambiar sustancialmente la composición del accionariado de las entidades que no logren el capital suficiente para eludir la entrada en funcionamiento del plan B.

El plan B consiste en que si el Gobierno se ve obligado a capitalizar –intervenir- en el capital de una entidad, lo hará mediante la adquisición temporal -5 años máximo- de acciones que serían adquiridas a un banco, contando el Ejecutivo también con la propiedad de los derechos políticos de las acciones, luego, entraría en el consejo, puesto que sería propietario.

Finalmente, la concentración bancaria le conviene e interesa a un Ejecutivo que ha comprobado en los últimos años que, la única manera de sobrevivir en la jungla financiera es contar con un tamaño similar al de Banco Santander, Credit Agricole, BNP-Paribas, etc. De lo contrario, todo tendrá un coste mas elevado y las sinergias nunca llegarán a beneficiar las cuentas.

La tercera reforma financiera del Gobierno llega en un momento en el que estaba necesitado de gestos y de ejecuciones reales de reformas, algo solicitado desde todos los estamentos de la sociedad. El anuncio se traducirá en mayor fortaleza del Ejecutivo, más control de la situación política y económica, y seguramente, el reconocimiento internacional de la actividad del Gobierno, que ha podido demostrar al final que, no se sabe si por elección, obligación o imperativo, el Ejecutivo hizo lo que debía de hacer: reformas.

A la espera de una nueva definición del concepto ‘core capital’, en el que sesudamente está inmerso el cuerpo técnico de medio Banco de España, las entidades financieras deberán contar con el capital suficiente (8%) para poder abrir diariamente la puerta al público. Se trata de una exigencia exigente en extremo, según ha apuntado la misma vicepresidenta, en particular para los tiempos que corren. Salgado marca el camino y explica la ruta: la caja (porque el mensaje va dirigido en un 99% al sector de las cajas de ahorros) que no alcance el ratio core del 8%, deberá ‘buscarse la vida’ en el mercado. En este debe encontrar como sea los recursos que le falten hasta completar el citado nivel de core capital.

La normativa que se publicará en un decreto ley, antes del 28 de febrero, contempla la obligación de que sea una entidad bancaria la que proporcione el capital necesario para que las cajas en crisis puedan salir adelante. En caso contrario, el Estado, a través del Frob se hará cargo de la entidad en crisis. Será con una permanencia limitada a cinco años, se cambiará el equipo directivo en la práctica totalidad así como al consejo de administración. El Gobierno deja bien claro, aunque sea mediante amenaza, que de una vez por todas esta dispuesto a intervenir, a detener el fiasco donde quiera que se encuentre, esta decidido a nacionalizar cuanto haga falta.

Salgado asegura que las intervenciones se realizarán con dinero público, que no con endeudamiento nuevo en los Presupuestos Generales del Estado. Mejor. Lo cierto es que el Estado, seguramente en contra de sus deseos, podrá hacer propietario de numerosas entidades por una cantidad nunca superior a los 20.000 millones de euros que estaría dispuesto a inyectar como máximo, en caso de necesidad de capital de las entidades.

De cualquier forma, los puntos conocidos de la nueva reforma financiera anunciada ayer por Salgado, supone poner al sector ante un callejón que se estrecha y que al final tiene una salida: o la conversión en entidad bancaria, ser intervenida para posteriormente el Estado convirtiera a las intervenidas en banco, o bien, el cierre definitivo.

Una forma de hacer purga general a la caterva de políticos que se resisten a dejar las poltronas de las cajas de ahorros, posiblemente, los nuevos tiempos traigan nuevas exigencias de conocimientos técnicos y, sobre todo, de gobernanza a los que difícilmente se puedan enganchar.

Con la obra social, ningún problema: la solución pasa por aplicar una fórmula intermedia de vinculación entre la cuenta de resultados de la entidad financiera, ya convertida en banco, y una fundación o entidad no lucrativa que será la receptora de la parte del beneficio que corresponda. En todo caso, la pesadilla para el sector finalizará el próximo septiembre, fecha en la que las cajas y bancos deberán cumplir con el core capital que Basilea III tenía fijado para 2013 pero que Salgado adelanta a septiembre de 2011.

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