edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
04/03/2013
Las cifras de PIB, demanda privada, empleo y salarios denuncian un desplome sin precedentes de la economía

El Gobierno que alardea de sus logros impone un retroceso en línea con las exigencias de Bruselas y Berlín

Carlos Schwartz

La difusión de datos del último trimestre de 2012 y por ende los interanuales ponen al desnudo el retroceso de la economía española. La revolución conservadora impuesta por el Partido Popular le ha convertido en un adalid de la teoría del decrecimiento tan en boga entre cierto utopismo bienpensante. El último trimestre del pasado año la caída del producto interior bruto (PIB) respecto del mismo periodo en 2011 fue del 1,9%, manifestando una aceleración de la contracción económica. La caída del PIB en el año fue del 1,42%.

Mientras la participación de las rentas salariales como porcentaje de las rentas totales ha caído por debajo de los excedentes empresariales, algo que ya se había insinuado en el tercer trimestre cuando ambas estaban casi igualadas en el 45%. La brecha entre ambas se va a ampliar a lo largo de 2013, reflejo de la caída del empleo y los recortes salariales. Es decir, hay menos gente con trabajo y los que lo conservan ganan menos. En los malos datos del último trimestre desde luego ha pesado el recorte a los empleados públicos, que han perdido una paga, lo cual ha contribuido a que la caída de las rentas salariales en el último trimestre respecto del tercero haya sido del 8,5%.

La combinación de todos estos factores ha hecho que el coste laboral unitario haya caído en 2012 un 5,8%, es decir seis puntos por debajo del deflactor implícito del PIB que es del 0,1%. Sin embargo, a pesar de esta drástica caída las cifras macroeconómicas muestran una desaceleración muy significativa de las exportaciones atribuible a la debilidad de la economía del resto de las naciones de la Unión Europea (UE), dentro y fuera del área del euro. Como consecuencia de la medicina aplicada al país por el Gobierno, la retracción de la inversión pública con una caída del endeudamiento y la producción en el sector privado, una drástica reducción de los ingresos salariales, y la consiguiente caída de la demanda privada, no hay inversión de ningún tipo. La formación bruta de capital fijo retrocede un 12,5%, lo cual implica que la inversión en bienes de equipo decrece de forma espectacular. El mejor desempeño del sector exterior se basa en la caída de las importaciones. La lectura de este cuadro desolador, optimista para el Gobierno, supone ruina empresarial en la pequeña y mediana empresa dedicada al consumo.

La lógica interna de esta política es que el aplastamiento de los costes laborales unitarios se va a saldar con una deflación interior que permitirá al país ser competitivo con su entorno. Sobre la base de esa dudosa conquista se operará el milagro de la recuperación económica. Lo malo es que para que ese modelo funcione lo primero que tiene que ocurrir es que haya una recuperación económica internacional. Algo que no solo no ocurre, sino que en el mercado natural de España va en dirección contraria. Las posibilidades de que las naciones de la UE incrementen su demanda interna, incluida Alemania, dependerán de que sus economías progresen. La economía alemana cayó en el cuarto trimestre de 2012 un -0,6%. La pregunta entonces es a qué rinde tributo esta política económica. Un Gobierno que determina la reducción del gasto y la inversión públicas cuando la economía del sector privado retrocede por definición descarga la crisis sobre los sectores más débiles de la población. Las restricciones presupuestarias de España, más allá de la vocación gubernamental, vienen impuestas por los acreedores, es decir por la UE.

España, como parte de una unión monetaria, depende para la financiación de sus desequilibrios de los flujos interiores de capital, ya que no dispone de una moneda con la que poder amortiguar los efectos de la crisis. Alemania se opone a que sus excedentes sigan financiando la crisis económica española, a través del Banco Central Europeo (BCE), y la del resto de las naciones del sur. De tal suerte que la unión monetaria es unidireccional. El endeudamiento de España en un largo proceso que coincidió en parte con un periodo de crisis económica de Alemania, permitió a este último país tener un flujo neto de capital en la forma de beneficios empresariales, comerciales y financieros. Ahora Alemania, cuyas empresas capitalizaron esos beneficios, se niega a financiar los desequilibrios españoles por temor a no recuperar sus posiciones acreedoras si nuestro país marcha hacia una suspensión de pagos. Mientras, pone a salvo a sus bancos.

Una vez ajustada la capitalización de los bancos españoles en crisis, a expensas de un incremento de la deuda pública, la banca acreedora del resto de Europa respira tranquila. Es decir, de un lado se corta el flujo de capitales intrasistema de forma que España le deja de costar dinero a los países con excedentes de balanza de pagos. Dinero que no es desde luego un regalo, sino que hay que devolver. Del otro lado, España paga la política de sus acreedores con el paro, la caída de la demanda privada, la crisis empresarial, la retracción del PIB, es decir en definitiva con el decrecimiento. Con el retroceso económico y social.

Pero mientras se asegura a los bancos europeos que aquí hay un sistema financiero que va a pagar el saldo de la deuda viva, no solo no entra dinero para financiar al sector privado. Sino que además la banca en España no da crédito ni a las empresas ni a los particulares. Se trata de una política económica hecha a la medida de los acreedores y que tiene poco que ver con una unión monetaria entre iguales. Es que en definitiva no existe tal cosa, puesto que en una unión monetaria solo hay iguales sobre el papel. Existen acreedores y deudores, y los flujos de capital se regulan a expensas de las necesidades de los más poderosos.

El fin de semana el ex ministro de Economía de Grecia con el PASOK, Evangelos Venizelos, en un congreso de su partido desveló que en 2011 la troika, el BCE, la CE y el FMI, ofrecieron al país una salida suave del euro. Es decir le financiaban la ruptura con la unión monetaria.

Aterrorizados por esta perspectiva los políticos griegos hicieron piña para quedarse y encumbraron a un tecnócrata. El tiempo ha pasado y la destrucción económica de Grecia prosigue, ahora bajo un gobierno conservador, como prosigue la de Portugal, y España. Mientras, Italia sigue en el alero. En algún momento la acumulación de tensiones dará paso a un proceso de resolución. Lo que nadie sabe es cual será el resultado de ese proceso.

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