edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
15/07/2013
A vueltas con el fin de la recesión

El Gobierno quiere que la banca española se apunte al optimismo

El sector espera mejorar unos resultados trimestrales que los analistas tachan de frágiles y débiles, cogidos con pinzas
Juan José González

Semana de resultados bancarios en EE UU en un escenario optimista, con beneficios que crecen a un ritmo del 20% de media en el segundo trimestre del año. Europa no comparte escenario, inmersas las entidades en reordenar participaciones industriales paralelamente a la adaptación tardía de algunas de sus principales ratios a la normativa de Basilea III. En este punto, banca norteamericana y europea encuentran obligaciones en común, y su cumplimiento o la puesta al día en algunos de sus requerimientos (ratio de capital, principalmente) evidencie que los problemas de las dos bancas son distintos, compartan amenazas de futuro y su salida de la crisis siga dependiendo de la economía.

De esta forma, el determinante de los resultados bancarios para la segunda parte del ejercicio seguirá dependiendo de la evolución económica como también de la situación en la que queden sus cuentas una vez solventados los problemas inmobiliarios y su contagio en forma de morosidad, como revela la situación de las empresas industriales en esta parte final de la crisis, y donde está situada, en concreto, la banca española.

Las seis entidades bancarias de referencia en el mercado bancario mundial salen a escena con sus resultados trimestrales. La semana pasada fueron JPMorgan y Wells Fargo con avances significativos; hoy es Citi Group, mañana será Goldman Sachs y el jueves le toca a Morgan Stanley. No parece mala cosecha trimestral a tenor de unos resultados que han superado las expectativas de los analistas –superando el 20%- como tampoco parecen indicar la existencia de problemas serios en la segunda parte del ejercicio. En otras palabras, la banca norteamericana va bien, una vez superados algunos problemas puntuales de la economía, aunque será de esta de la que seguirá dependiendo en gran medida el futuro los resultados bancarios.

Las entidades europeas se mantienen en fase de ajuste y viven el tramo que marca la mitad del ejercicio atentas a la evolución de la economía, del consumo, del control de la morosidad y de los efectos de la regulación bancaria. Los principales grupos bancarios españoles apuran horas y papeles para salir también al escenario. Un semestre peculiar, con alguna singularidad marcada por la situación económica, a mitad de camino entre el optimismo oficial y la realidad de las cifras que no reflejan el pretendido remonte del vuelo que `vende´ el Gobierno. Los balances de la banca española está a punto de enseñar los problemas que persisten en el sector y en la economía. El dinero procedente del sector inmobiliario pierde protagonismo en los balances pero no termina de desaparecer. Y las empresas industriales siguen en fase de ajuste y la morosidad se mantiene elevada y sin perspectivas de mejora.

Sin embargo, los informes de las casas de análisis no se muestran estos días particularmente optimistas para el caso de las entidades europeas y mucho menos para las españolas, dibujando un corto plazo plagado de dudas, riesgos y amenazas. A falta de que estos pronósticos sean confirmados por las opiniones de los responsables de la banca española en las próximas jornadas, todo parece indicar que sin crecimiento de depósitos, ni aumento de las hipotecas, como tampoco menor facturación de tarjetas de crédito, es decir, sin consumo e inversión, no será posible una mejora de las cuentas y que, por tanto, afecte a una parte del margen bancario.

De ahí que el escenario que las autoridades, españolas y del resto de Europa, quieren trasladar a su terreno, resulte un ejercicio forzado, precipitado y de alto riesgo, pues no parece que sea posible cantar victoria a mitad de uno de los ejercicios, posiblemente más inciertos de los últimos años. Pero en particular porque los balances que presente la banca española en pocos días, no podrán evitar recoger el deterioro de la economía en general, de la economía doméstica y de las empresas, sin crédito ni expectativas de actividad. Por tanto, los beneficios bancarios que se muestren al público serán una mezcla de políticas de recortes de costes, limpieza de tóxicos, mayor control de la morosidad y menores provisiones, en tanto que la generación de crédito se mantiene en dique seco. 

Una situación compleja que deja a la banca, con independencia del continente, en manos de los Gobiernos, de los legisladores y supervisores de los mercados, como reflejarán unas cuentas cuyos beneficios serán frágiles, cogidos con alfileres, merced al más mínimo cambio legal o coyuntural de la economía. Y todo, pesar de que los mensajes oficiales, de los Gobiernos, estén preparando el alirón de la victoria, de la salida de la crisis. Un peligro del que los analistas advierten que puede producirse en los próximos meses, un peligro latente.

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