edición: 2469 , Viernes, 18 mayo 2018
24/06/2010
Cerrada la presidencia de turno europea, toca poner orden en la comunicación oficial

El Gobierno quiere ser en sus mensajes menos elocuente y locuaz

Exceso de mensajes y de portavoces autorizados confunden y despistan a las audiencias
Contradicciones y anécdotas de esperpento jalonan a diario la política informativa del Ejecutivo
Juan José González

El Gobernador del Banco de España aseguraba el miércoles que el Frob quedaba finiquitado. Ayer, la vicepresidenta Económica, en línea con el comisario de la UE Joaquín Almunia, afirmaba que el Frob ampliará sus plazos. El mundo al revés o por qué no poner de acuerdo a ambas instituciones –Banco de España y Ministerio de Economía- a la hora de comunicar un mensaje coherente. La sensación de división y falta de comunicación entre ambas instituciones es mala, pero tiende a multiplicarse en tiempos de crisis. Y en esas está la secretaría de Estado de Comunicación: no da abasto, no encuentra mensaje para todo cuanto hay que lanzar al exterior y así se acumula el trabajo, los problemas y los conflictos en ese departamento. Comunicar la labor del Gobierno es muy complicado, en especial cuando se utilizan varios portavoces y en particular cuando ninguno es brillante. El titular de la secretaría, Félix Monteira, ha cerrado el grifo de declaraciones del presidente en prevención de un excesivo desgaste del primer ejecutivo, lógico tras la presidencia europea. Pero ahora le queda lidiar con el resto de los comunicadores oficiales: De la Vega y Salgado, dos pesos pesados en rango, tanto como pesados para comunicar. Y Monteira -que no se entienda mal la expresión- debe bailar con la más fea, en este caso, por partida doble, una situación que se resolverá en breve.

En este asunto del envío de mensajes a los mercados, se quiere poner como ejemplo las intervenciones de la autoridad monetaria europea a lo largo de los últimos doce meses. Jean Claude Trichet, presidente del BCE, ha seguido el guión marcado por el consejo de la autoridad monetaria haciendo caso omiso a su asesor de comunicación. Trichet ha considerado oportuno que los mercados necesitaban transparencia y que para ello nada como conceder entrevistas a diestro y siniestro. ¿Resultado? más transparencia, más información pero mayor confusión, porque el mercado pasó a tener demasiados elementos para el análisis. La situación se complicó más cuando los mensajes de Trichet se multiplicaron como consecuencia de las ruedas de prensa donde se sometía a una batería de 80 preguntas realizadas por interlocutores especializados.

En un reciente consejo del BCE se consideró el asunto de la comunicación como uno de esos problemas que no funciona como se desea. Se puso como ejemplo el caso práctico de los presidentes de la Reserva federal norteamericana. Sobre la base de un principio inamovible: no se conceden entrevistas, las relaciones entre la autoridad monetaria y un reducido grupo de la prensa especializada del país son mínimas. El presidente de la Reserva Federal cuenta con un guión de una decena de puntos sobre los que puede comunicar, y todo lo que se salga de ese guión se demuestra que causará confusión, exceso de información, califican los expertos en comunicación.

Por todo ello, no sería mala idea que los responsables de comunicación de las instituciones económicas españolas como las referidas, observasen la adopción de un guión en la memoria que les impida tratar más allá de diez asuntos, que ya son, y que se trabajara más en prevenir las zonas comunes de los temas de mayor interés para que no se den colisiones entre el supervisor y el representante del Gobierno. En Francia, las intervenciones del Ejecutivo apenas se cuentan con los dedos de una mano en los últimos meses. El jefe del Estado es el portavoz, sus intervenciones son muy medidas, a pesar del perfil comunicador del presidente francés. En Reino Unido, Italia y Alemania, coinciden tres ministros del gabinete en declaraciones públicas a propósito del mismo tema.

Tan sólo la excepción llega a romper la regla cuando la situación es de extrema gravedad. En tiempo de crisis, con Pedro Solbes en la vicepresidencia Económica, se llegaron a registrar hasta seis declaraciones en el mismo día a propósito de los presupuestos generales del Estado. Aquel acontecimiento, recordado por un funcionario del departamento, fue el final de una época, que sin embargo, se ha vuelto a rescatar tras el verano pasado y tras recibir una crítica de un relevante miembro del partido socialista señalando que el distanciamiento del Gobierno con la opinión pública estaba siendo perjudicial para la comprensión de la crisis económica. Con todo, con problemas políticos en todos los frentes, con un horizonte plagado de mensajes de reformas, crisis de Gobierno, huelga general y los que aparezcan por el camino, la secretaría de Estado de Comunicación designará a un portavoz general del Gobierno que siga el guión corto de los mensajes y que además tenga en cuenta el tipo de audiencias y sea capaz de dominar la ansiedad ante la prensa.

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