edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
11/04/2012
EL DEDO DE MADOZ

El Gobierno recorta gasto a la desesperada para compensar una pérdida de ingresos que no admite

O bien no ha previsto que los ingresos serán menores por la recesión, reforzada por las restricciones al gasto, o lo ha querido ocultar para minimizar las consecuencias de su política
El `mudito´ de La Moncloa está claramente superado por las circunstancias
Carlos Schwartz

El anuncio de nuevos recortes de gasto ha puesto de relieve que las previsiones de ingresos hechas por el Gobierno por la vía de la recaudación fiscal -en total 12.314 millones de euros- anunciada en los Presupuestos Generales del Estado para 2012 no es factible. Con una previsión de caída del Producto Interior Bruto (PIB) para este año del 1,7% la posibilidad de que los ingresos por impuestos alcancen esa cifra es ínfima. La clave de esta situación consiste en que en los PGE 2012 no se ha tenido en cuenta que la discrepancia entre el PIB potencial y el decrecimiento del PIB real será en 2012 de entre el 2,5% y el 2,7%. Es decir que entre un crecimiento potencial del 1% y una caída del 1,7% se crea una brecha del 2,7% denominada gap. De acuerdo con el director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), Ángel Laborda, “los ingresos públicos se reducen 0,4 puntos del PIB por cada punto que se reduce dicho gap”.

La consecuencia de esta observación es que la caída de recaudación que se puede estimar por este efecto automático será del 1,08% del PIB lo que equivale a una cifra próxima a los 10.000 millones de euros que es, curiosamente, el ahorro que se hará a expensas de la sanidad y la educación, de acuerdo con lo anunciado por el Gobierno. Para mayor abundancia el hecho de que se corte gasto en esos dos sectores hace que el ajuste recaiga sobre las muy sospechosas regiones autónomas que tienen delegadas esas competencias. El Gobierno o bien no ha previsto que los ingresos serán menores por la recesión, reforzada por las restricciones al gasto público, o lo ha querido ocultar para minimizar las consecuencias de su política.

Desde luego la pérdida de ingresos no se concentra en la recaudación de impuestos, sobre ese factor recaería en torno a un cuarto de la merma, es decir unos 2.500 millones de euros. Pero es suficiente para convertir en imposible el anuncio oficial. Otro cuarto recaerá sobre la seguridad social, y el resto en los ingresos autonómicos. En cualquier caso en las previsiones del Gobierno el efecto del gap no se consideraba, tanto es así que la previsión era de un incremento automático de los ingresos del estado de 2.500 millones sin el efecto del aumento de la presión fiscal, en lugar de la caída previsible del mismo importe por ejemplo en la recaudación fiscal. Como se ha podido verificar tras el receso de los mercados por la Semana Santa las cuentas oficiales no han brindado satisfacción a los inversores internacionales que han castigado a la deuda española y a los mercados en general, no solo en España.

Mientras el ministro de Economía, Luis de Guindos, propone mirar más allá del horizonte inmediato al esplendoroso futuro en el cual la pócima mágica de la reforma laboral hará su efecto, un poco más aquí de tanto fulgor, la Unión Europea (UE) pide las cuentas de los presupuestos autonómicos. Quiere datos concretos. No le vale el deslumbramiento futuro. En esta orilla de la realidad las preocupaciones centrales son una deuda exterior privada que se puede hacer insostenible con la agudización de la recesión. Una crisis inmobiliaria sin resolver. Una crisis bancaria enquistada que va a empeorar a consecuencia de la persistente crisis económica. Una balanza de pagos con una respiración asistida aportada por el BCE vía Banco de España que equivalió en 2011 a 124.000 millones de euros. El único programa económico del Gobierno es la reducción del déficit mediante recortes sin precedentes y una reforma laboral para abaratar la mano de obra y el despido.

Tras su análisis del anuncio de los PGE por el Gobierno los inversores internacionales han reaccionado con desconfianza, en lugar de la esperada confianza. Una pregunta lícita es si los recortes ahora anunciados se habían postergado por motivos no explicitados -obviamente políticos- ante la conciencia de que las medidas contempladas en los presupuestos no eran suficientes, o si por el contrario se cometió un error de cálculo que hubo que suplir precipitadamente. De una u otra forma, si se va al fondo de la cuestión, lo que genera la desconfianza no son solo unas cuentas que no se pueden cumplir. Es que el intento de cumplirlas va a agudizar de tal forma la retracción económica del país que se va a incrementar la pérdida de empleo, va a caer la recaudación fiscal, sin ninguna perspectiva de una mejora significativa de la balanza de pagos.

Esto supone que España seguirá necesitando los flujos de capital del resto de la Unión Monetaria Europea. Cuál es el sentido de que España ajuste su déficit fiscal a un 3% del PIB en 2013 en condiciones de recesión. Cuál es el sentido de reducir el déficit este año al 5,3%. Está demostrado que nuestro país en pleno crecimiento reduce sensiblemente su déficit público. Ni Alemania ni Francia en periodos de caída de la actividad económica han hecho ajustes de su déficit ni restricciones en la emisión de deuda pública. Ambos han hecho más bien todo lo contrario. Las pruebas están ahí. El motivo de forzar el déficit español a la baja es la preocupación de Alemania y los otros países con excedentes en sus balanzas de pagos. El club del norte ha caído en la cuenta de que formar parte de una unión monetaria no es gratuito. Es decir que en las épocas de expansión económica los flujos de capitales de los países con excedentes a los países con déficit de capital transcurren por los canales privados. Por la banca, por ejemplo, o por las inversiones directas y de cartera de empresas y particulares.

Ha sido a expensas de esos flujos que el consumo español ha demandado bienes alemanes, y los bancos españoles compradores para sus cédulas hipotecarias, y los beneficios de esas operaciones han acabado en manos de la industria y la banca germanas. Ahora que esos flujos corren por cuenta de los bancos centrales el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha despertado a la realidad y teme que la crisis de la periferia achatarre los 440.000 millones que el banco central alemán ha derramado sobre la periferia de Europa a través del BCE. Alemania y sus socios más próximos quieren una unión monetaria unidireccional. El gran problema es que ahora cortar el flujo de dinero del norte con excedentes hacia la periferia asfixiada no es sencillo. En el caso de España frenar ese flujo en situación de recesión es socialmente insostenible. No sólo por el desempleo creciente, sino porque va a suponer la destrucción de parte del tejido industrial y empresarial del país. El gobierno se ha metido en un callejón sin salida.

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