edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
12/02/2016
Contratos y acuerdos comerciales

El Gobierno `renuncia´ al mercado de los nuevos emergentes 

Francia e Italia se adelantan a España y logran contratos por 20.000 de euros con Irán y Cuba
Juan José González
Gobierno en funciones, cuerpo diplomático atascado y los agregados comerciales pendientes de los cambios de Madrid. El país está en funciones mientras los competidores aprovechan las oportunidades. Causa rubor ver como el vecino del norte, Francia, se ha adelantado para recibir en poco menos de un mes a los dos responsables que en estos momentos cuentan con gran capacidad de demanda, con más o menos recursos económicos y con potenciales recursos financieros a medio y largo plazo. Se trata de Cuba e Irán. El primer mandatario cubano Raúl Castro llegó a Paris para renegociar una deuda con Francia de poco más de 400 millones de euros. Dejó sobre la mesa firmados varios acuerdos de intercambio comercial por valor de 2.000 millones de euros para el presente año.
La segunda visita del presidente iraní Hasan Rohani aterrizó en Paris y se llevó 20 acuerdos comerciales mil millonarios. El día anterior, cerró contratos con empresas italianas por valor de 17.500 millones de euros. No se sabe si Cuba e Irán figuran ahora mismo en alguna agenda diplomático comercial española, pero lo cierto es que los dos países que en la actualidad aparecen con más agresividad comercial en el mundo han visitado a nuestros vecinos sin hacer una leve escala en Madrid. 20.000 millones de euros y ninguno para España.

El cambio de ciclo económico, con la economía local muy cerca de la recesión, obligó a las empresas españolas a diversificar las fuentes del negocio a constructoras, tecnológicas, alimentarias y transportes, entre otras muchas, y emigrar a partir de 2007 al mercado de Latinoamérica. En aquel caladero, sin embargo, aparecen hoy dificultades que amenazan la evolución futura de esta importante zona  del mundo, agravada aún más con la posibilidad de que la Fed norteamericana prosiga (aunque a menor velocidad) con su política de subida de tipos de interés. Por tanto, la fuente del crecimiento económico español cambia de zona y emplaza a empresas y Gobierno a buscar otros caladeros capaces de tomar el relevo como motores del crecimiento futuro.

Cuba e Irán buscan bienes, servicios y proyectos para modernizar sus infraestructuras, redes de comunicaciones, energía, construcción de obras, transportes, etc. Todos ellos sectores en los que España tiene una posición competitiva mundial avalada con experiencias en el mercado de Latinoamérica. Las visitas a los vecinos franceses e italianos supone, por tanto, que los competidores tradicionales en alguno de esos sectores, se han adelantado. En la práctica, quedarse atrás en la carrera por entrar en un nuevo mercado equivale a vender menos y/o vender más barato. Esto es lo que les sucederá a las empresas españolas que no consigan entrar en esta primera fase de apertura de las dos economías, la cubana y la iraní.

Cinco grandes ciudades de Irán necesitan estar comunicadas por trenes de alta velocidad, extender la red de electrificación. Las empresas que hasta ahora han mostrado interés por hacer negocio en el país, ACS, OHL, Talgo, Indra, etc. sí aparecen en la agenda del embajador iraní pero sin fechas de reunión. Tampoco están cerradas las fechas de reuniones de trabajo entre delegaciones comerciales iraníes y cubanas con españolas. Hasta el momento, tan sólo parecen moverse los lobbys empresariales, más ágiles y activos que los equipos de los agregados comerciales de las embajadas.

Todo indica que España pierde una oportunidad de oro para convertirse en uno de los primeros socios en llegar a dos países que abren sus puertas cuando las empresas españolas, y el Gobierno, buscan mercados alternativos. La diplomacia debería estar jugando ya la baza que supone unas relaciones históricas con Irán amistosas. España ha sido uno de los países perjudicados por las sanciones impuestas a Irán, Estado que apoyó a España en la adhesión al Consejo de Seguridad de la ONU. El boom del segundo productor de petróleo de Oriente Medio puede ser un buen socio económico para el futuro, aunque en el presente no vaya a contar con los ingresos previstos por la venta de gas y petróleo. Al menos, mientras no se recuperen los precios. En cualquier caso, Francia e Italia ya tienen en marcha acuerdos y contratos.

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