edición: 2785 , Martes, 20 agosto 2019
06/03/2017
Difícil negociación

El Gobierno sacrificará salarios para mantener la recuperación

Partidos políticos y sindicatos viven en la duda entre crear empleo y seguir sacrificando salarios
Juan José González
El Gobierno explota el éxito de las cifras macroeconómicas de 2016. La publicidad de las cifras y las valoraciones oficiales sirven para alimentar las expectativas de una recuperación incompleta, en precario laboral, como percepción también de una retribución salarial insuficiente. Dice el Ejecutivo que el final de la crisis está cada día más lejos. Es probable que en el acopio de cifras a favor figuren el crecimiento del PIB real, que los precios hayan sido controlados, por debajo del 1%, que la balanza comercial se haya acercado al 1,8% del PIB y, finalmente, que la creación de empleo se haya comportado mejor de lo previsto. No es extraño que estas cifras causen sensación y sorpresa en el resto de Europa. Quizá debido, en parte, a que desconocen otras cifras como la desigualdad, la precariedad laboral y salarial. Sin embargo, se advierte en el discurso oficial un cambio en el lenguaje político, más correcto y prudente en la interlocución con los agentes sociales, más moderado para contener la presión salarial al alza. El mensaje oficial insiste en que el crecimiento de la economía se podrá mantener en la medida en que se logre contener los costes. Ahora el Gobierno ya no habla de reformas; no sería conveniente en un posible adelanto electoral ni tampoco para contener los salarios.
El tiempo se ha convertido en el mejor bálsamo para curar la caída de beneficios de las empresas españolas del Ibex35 en 2015. Pero sobre todo, las ganancias, cerca del 70% más de beneficios en 2016 sobre el año antes. Una recuperación que se produce en un escenario económico con unas condiciones irrepetibles, seguramente, en mucho tiempo, con el precio del dinero en mínimos, financiación barata para las empresas y menor costes de la deuda para el Estado, inflación prolongada en el tiempo y precios de la energía, en particular, el petróleo, en mínimos. Por tanto, la coyuntura económica no pudo pintar mejor en un momento lleno de desequilibrios económicos. 

Que la bonanza que indican las cifras oficiales -también las cuentas de resultados empresariales- apunte a una recuperación económica en el inicio de 2017, no significa que hayan desaparecido otros desequilibrios no menos importantes, caso de las rentas, del desempleo, del déficit presupuestario y de la deuda del Estado. Así las cosas, al Gobierno se le plantean ahora dos tareas complejas: de un lado, corregir los desequilibrios apuntados, siendo la recuperación salarial uno de los primeros que tendrá que resolver en breve, y por otro, mantener el crecimiento actual de la economía sin sacrificar avances como los conseguidos en los últimos 18 meses.

Pero el Gobierno ha dejado de hablar de reformas y se muestra más identificado con otros términos del vocabulario político más livianos, laxos, y apela a la flexibilización para seguir fortaleciendo la economía y continuar creciendo. Nada dice, sin embargo, si piensa cambiar el modelo productivo de la economía, luego tampoco se sabe cómo piensa hacerlo o qué recursos asignaría para el cambio. Consolidar, por tanto, consiste en el presente ejercicio, en mantener la moderación salarial, según la opinión oficial, como base de crecimiento de la competitividad de las empresas y como garantía para una mayor creación de empleo.

No parece que sea éste un punto de partida que vaya a convencer a la mayoría de los partidos políticos y, mucho menos, a las formaciones sindicales, en tanto que se sigue apelando a la contención salarial -al sacrificio salarial- como principal herramienta para apuntalar la recuperación de la economía. Contención salarial que no servirá, precisamente, para potenciar la demanda interna y el consumo, y que se mantendría a lo largo del presente ejercicio.

Otras cifras, sin embargo, algo más que indicios, son las deberían comenzar a preocupar a las autoridades económicas. Son las relativas a la recuperación en la venta de pisos, ya muy por encima de los 312.000 de 2013, así como también la reacción al alza del mercado hipotecario, sin prisa y sin pausa, y siguiendo muy de cerca la evolución de la economía. Parece como si esta fuera la mejor prueba para identificar que la crisis iniciada en 2008 ha quedado -dicen- atrás. Pero es también la verificación del inicio de la reactivación de la construcción, del ladrillo. Y con éste, también del regreso de uno de esos vicios con tradición secular en la economía española como es la de vivir de forma permanente en una burbuja inmobiliaria. Un vicio congénito cuando los defectos y fallos de la anterior no han sido todavía corregidos ni tampoco asimilados.

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