edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
10/06/2013

El Gobierno se embarca en una campaña autocomplaciente sobre datos coyunturales y dudosas expectativas de recuperación

La CE modifica plazos para la obtención de objetivos ante el creciente deterioro político de los partidos europeístas

El Gobierno, con su presidente a la cabeza, se ha embarcado en una operación política basada en la autocomplacencia sobre la base de datos coyunturales más favorables. El crecimiento “récord” del empleo en mayo a pesar de ser estrictamente estacional, la mejoría del comercio exterior basada en la caída de las importaciones y la balanza de pagos consecuente, y una cierta recuperación de las expectativas industriales reflejada por una menor caída del índice de producción industrial de marzo y abril, son los muy débiles blasones esgrimidos. Algunos análisis, como es el caso de FUNCAS, señalan que el ritmo de caída de la actividad económica se ha moderado. Es decir cae menos, lo cual estaría indicando que quizá en el segundo semestre de 2013 la economía española toque fondo. En este contexto, la Comisión Europea (CE) ha modificado los plazos de cumplimiento de los objetivos del déficit público de un 3% del PIB para una serie de países, como es el caso de España, Italia -a la que ha permitido salir del protocolo de déficit excesivo igual que a Hungría o Portugal. Pero también lo ha hecho para Holanda (2014), Francia (2015), Eslovenia (2015), y Polonia (2015), lo cual no es un detalle. Se trata de una política de conjunto.

Lo que el presidente Mariano Rajoy y su ministro de Economía Luis de Guindos han descrito como un reconocimiento a los progresos hechos por España, ha sido una política generalizada con las naciones que no logran cumplir con sus objetivos de déficit. Cuando se observa la política europea en su conjunto los argumentos económicos del Gobierno se derrumban. Las razones por las cuales la Comisión presidida por José Manuel Durao Barroso ha movido los postes de la portería son estrictamente políticos, y no como sugirió, resultado de los buenos resultados de los ajustes realizados hasta ahora. Alemania, que es el verdadero regidor de los destinos europeos ha solicitado la revisión de los objetivos por país tras consultas con la mayoría de los países afectados. En particular con aquellos en los que hay gobiernos afines, como es el caso de España. Los datos de Eurostat que han colocado la media del paro juvenil en la Unión Europea en el 25% y creciendo, y el surgimiento sin prisa pero sin pausa de los movimientos políticos de derecha e izquierda que acusan a la CE de las consecuencias sociales de la política de ajustes y el debilitamiento de los grandes partidos europeístas es la razón central para la modificación de los plazos.

La campaña del Gobierno tiene un objetivo claro, explotar un eventual fin de la caída de la actividad económica como si se tratase de un verdadero cambio de tendencia. En la medida que los plazos para el ajuste se han relajado, existe cierto margen, no solo en España sino en otros países como puede ser Portugal e Italia, para la adopción de medidas suaves de estímulo que pueden ayudar a crear la ficción política de salida del marasmo. Al Partido Popular le han comenzado a preocupar las elecciones Europeas de 2014 que de realizarse ahora podrían dejarle al filo de la mayoría de acuerdo con las última encuesta de Metroscopía publicada por El País. Un mayor deterioro podrían sentar el precedente de un colapso sin paliativos. Para combatir esta situación han decidido vestir el escaparate tras haber anunciado hace apenas dos meses que no habrá recuperación hasta 2016. Ahora el ministro de Guindos sale a la palestra a señalar que la menor caída del empleo en mayo es resultado de la reforma laboral emprendida por el Gobierno, despreciando la inteligencia de sus compatriotas.   La base del razonamiento del Gobierno es de muy corto plazo.

Instrumentar la posibilidad de que la economía española toque fondo como un cambio de tendencia se basa además en una expectativa elemental pero condicionada. Si la economía deja de caer, y si el entorno económico se sostiene, la actividad debería retomar la senda del crecimiento. Al Gobierno le bastaría con que ese crecimiento sea de décimas para apalancarse sobre la alabanza de su política y vender esa mercancía averiada como buena. Lo que no está tan claro es que el entorno se sostenga. El Fondo Monetario Internacional (FMI) viene de revisar las cifras de crecimiento para Alemania y Francia a la baja.

La previsión actualizada del FMI es que Alemania crecerá en 2013 un 0,3% comparado con su anterior previsión de un crecimiento del 0,6%. También ha revisado a la baja sus estimaciones para el crecimiento de la principal economía de Europa en 2014, y la ha reducido del 1,5% al 1,3%.
Respecto de Francia, las previsiones para 2013 son una caída del PIB del 0,2% y para 2014 un crecimiento del 0,8%. En cualquier caso las expectativas son poco optimistas en materia de crecimiento para las naciones de la zona del euro, pero más allá de las previsiones el FMI alerta sobre los factores que pueden determinar que la economía de Europa sigue en una fase de estancamiento más allá de 2014 y advierte que ese riesgo puede mantener a toda la región hundida en el estancamiento. Sin contar con el cuadro internacional en el cual algunos países emergentes clave como China y Brasil muestran claras señales de agotamiento. Standard and Poors ha advertido que puede recortar la calificación de la deuda pública de Brasil de estable a negativa a causa del escaso crecimiento de su economía que este año puede alcanzar al 2,5%.

Lo cierto es que los think-tanks que rodean a las organizaciones multilaterales y las grandes consultoras manejan escenarios menos alentadores que los que imagina el Gobierno español. “El riesgo de ruptura de la UE y la imposibilidad para acceder al mercado por parte de España e Italia se han desvanecido desde el verano pasado tras la intervención del Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, los problemas fundamentales de la unión monetaria siguen donde estaban: bajo potencial de crecimiento, una recesión persistente, pérdida de competitividad en países centrales, y una tasa de endeudamiento público y privado muy alta”, afirma una fuente de una gran consultora. “Con este escenario que la circunda un potencial despegue de España no es posible”, concluye.

Mientras en la periferia hay una fatiga ante la austeridad sin resultados, en el núcleo hay una fatiga respecto de la asistencia financiera a esa periferia. Estamos ante un periodo de maniobras políticas para presentar como logros la simple estabilización de un ciclo de recesión. Lo que está en juego es el futuro político del Gobierno. Su principal fortaleza es la ausencia de oposición.

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