edición: 2511 , Martes, 17 julio 2018
24/10/2012
Si el dinero no llega

El Gobierno se ve obligado a revisar su estrategia con la banca nacionalizada

Los planes con las intervenidas tenían en cuenta la "barra libre" del rescate europeo
Luis de Guindos, una de las `brillantes´ cabezas del Gobierno
Juan José González

Si la factura del rescate a la banca parece que va a quedarse en casa, la solución pensada para Bankia y el resto de las nacionalizadas deberá ser revisada, pues dejará de ser la solución. En principio, el Gobierno trabajaba con un calendario financiero cuyo objetivo a corto plazo se centraba en conseguir el "sí" de los alemanes y sus aliados del norte para poner a disposición española la barra libre de la financiación bancaria. Sin embargo, la deseada respuesta del grupo no se produjo y el viernes pasado, la canciller, en su nombre y en el de los demás aliados decidió, definitivamente, dar por cerrado el debate: el fondo de rescate de la zona euro no asumirá el riesgo de las inyecciones de capital en las entidades financieras. Por si fuera poco, también quedó muy claro que Berlín interpreta que, en el proceso de recapitalización directa, los españoles se vayan olvidando de la retroactividad. En el fondo, Merkel y sus aliados observan que en una España llena de problemas, los dos supervisores llevan dos días en el cargo, lo que no da mucha seguridad. En todo caso, no deja de ser una buena coartada para negar al Gobierno la ayuda solicitada para la banca.

Lo cierto es que no se sabe de donde pudo salir aquélla "brillante" idea -pata de banco- que llevó a un Gobierno desorientado por una situación que le desbordaba (y le sigue superando) a hacer las cuentas con el préstamo de 100.000 millones de euros de la UE: si no se utilizan todos, el resto, lo que quede, podría servir para aliviar el déficit o para otros agujeros, pensaron algunos ministros con titulación universitaria y master, algo así como las cuentas que se hacían en las tiendas de ultramarinos del barrio. Con este panorama de cabezas pensantes en el Ejecutivo español, no debería extrañar que Angela Merkel y los responsables de los países del norte se hayan negado a soltar los fondos tan a la ligera como las neuronas de los técnicos que la propusieron.

Por eso resulta muy razonable que ese grupo de países del norte, liderados por el más fuerte de la Unión soliciten de buenas maneras (aunque sea con una negativa) un mínimo de control, un supervisor serio, pues la escena que contemplaban desde la cancillería era un país con el agua al cuello, parte de la banca nacionalizada-quebrada y los dos supervisores oficiales en posición de relevo. Es decir: el Gobernador del Banco de España, daba el relevo a un experto en la supervisión pero novato en las funciones de decisión, y en la CNMV sucedía otro tanto, aunque quizás aquí suceda lo contrario: la presidenta no conoce más que superficialmente los mercados y sí cuenta con experiencia en la toma de decisiones técnicas y políticas.

Cabe también interpretar que Merkel y sus socios holandeses y finlandeses hayan visto en el cambio de supervisores españoles (BdE y CNMV) la coyuntura y el argumento para negar en el corto plazo la ayuda financiera a España y ganar tiempo para que el camino quede limpio hasta la llegada del supervisor único, allá por enero de 2014. Un experto conocedor del funcionamiento de Berlín y del BCE, ex del BCE y hoy en labores de docencia, se muestra más favorable a creer esta versión que apunta a que nadie en su sano juicio se arriesga hoy día a conceder una ayuda de ese calibre cuando se sabe que los encargados de vigilarla, o están saliendo o están entrando, como es el caso, es decir, hay inseguridad objetiva. De ahí que Economía pisara a fondo el acelerador para suceder a Julio Segura. Así que mientras no haya un supervisor medianamente rodado y/o acreditado, mejor será pensar en una alternativa puente para los problemas de liquidez que aprietan a la banca. Y en esas esta el Ejecutivo.

El cambio de actitud de Angela Merkel en el asunto del rescate bancario, obliga al Gobierno de Mariano Rajoy a conformar otro calendario de urgencia, en este caso financiero, puesto que ni Bankia aguanta hasta diciembre ni los otros cuatro nacionalizados van a poder superar las fiestas navideñas, en todos los casos por falta de liquidez. Luego es obligatorio armar con urgencia alguna solución a esa inyección de capital que se sabe que llegará aunque se desconoce el cuándo y el cómo.

Ahora el Gobierno español se enfrente a una situación tan delicada (ayer el ministro Montoro solicitaba ya un crédito puente para auxiliar a las CC AA) y como que lo que hace unos días no era preocupación (el rescate bancario sería de 40.000 millones de euros) con la negativa de la recapitalización de Merkel el asunto adquiere tintes dramáticos, mucho más que el tono rojo de los números de una contabilidad que se come todo lo que se encuentra en su trayecto. Porque esa cifra supone, según algunos de los cálculos que se manejan estos días, la mitad de la recaudación anual del impuesto de sociedades (que habrá que tocar al alza en breve) y bastante más que el importe del subsidio anual de desempleo.

Da la sensación de que en esto de la ayuda financiera para la banca, alguien ha perdido el tiempo trabajando con una estrategia que no ha servido para resolver los problemas del sector. Porque a pesar de que ahora el Ejecutivo se muestre empeñado en mostrar que la única opción era negociar con Bruselas para sacar del atolladero a cuatro o cinco bancos españoles, los socios europeos siempre han pensado en que el problema no se terminaría recapitalizando país por país, sino estableciendo la fórmula para salvar al conjunto. Y esto sólo se logrará con la unión bancaria, ahora mismo, colocada en la nevera.

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