edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
21/09/2011
Fitch y Moody´s preparan sus ‘avisos’ a España tras los de Italia y Alemania
Elena Salgado, vicepresidenta segunda  del Gobierno y ministra de Economía

El Gobierno se vuelca en salvar el rating español

Salgado arenga a todos los ministros para que insistan en el mensaje de solvencia
Juan José González

Un mensaje urgente. Elena Salgado, en su calidad de vicepresidenta primera del Gobierno, hizo llegar el pasado sábado a todos los miembros del Gabinete –emulando a su antecesora De la Vega, frecuente usuaria de los mensajes fin de semana- un corto y escueto texto que advertía, según uno de los receptores del mensaje, de forma desesperada, sobre la necesidad imperante de machacar la idea de solvencia en todos los actos de precampaña electoral, así como en las reuniones externas de trabajo. El objetivo que tanto persigue la vicepresidenta, no es otro que cuidar las semanas previas a las comunicaciones que las calificadoras de riesgo preparan sobre España. Justificada así la urgencia del mensaje, la insistencia del mismo en sábado y por el correo personal privado del Consejo, tendría su origen en el pánico personal de la ministra de Economía a cualquier comunicación de estas agencias y, en especial, cuando se esperaba el resultado de la calificación de Italia, conocido en la mañana de ayer.

La nota o la muerte, o todo por la nota. La vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado suele expresar en público tanto respeto por la labor de las agencias de rating, como temor por los efectos de sus notas en privado. Y en especial desde que en los últimos meses, las sociedades calificadoras se han convertido en auténticos árbitros de la situación económica y financiera.

Salgado va conociendo la metodología actual de las Fitch, Moody´s y S&P. Sabe que descienden hasta el último número de sus análisis y de sus consecuencias en el tiempo. Pero también conoce que sus decisiones cuentan con una parte inestimable de juicio subjetivo, donde la formación de una opinión, más o menos favorable y desfavorable, esta relacionada con el ambiente creado alrededor de la ‘la cosa calificada’. Esto es, se miden y sopesan las opiniones públicas, de empresarios, políticos y agentes sociales.

El mensaje que deben repetir con insistencia (machacar, según la terminología del caso) no es otro que el de “España esta cumpliendo el calendario de las reformas”. Una misiva que repetida una y mil veces cree opinión y acabe por llegar a los analistas de la agencia que ahora mismo mantiene en proceso su programa de medición de riesgos.

Y nada más próximo y visible que las intervenciones de los ministros del Gabinete en una precampaña electoral, donde estos deben extremar los mensajes haciendo hincapié en la solvencia de la economía española así como del cumplimiento a rajatabla del calendario de Bruselas, siguiendo la línea argumental de indica que España esta haciendo todos los deberes –algunos antes, otros más tarde- pero los esta haciendo: cumple.

Pero los resultados de tal machacona insistencia, se presentan inciertos desde el mismo instante en que Salgado reconoce que las previsiones macroeconómicas, en estado de desfase permanente -algo que ayer se encargaba de poner en su sitio el informe de perspectivas del FMI- no se cumplirán, así como deja entrever que en el futuro, con un Ejecutivo de otro color, será difícil que se mantengan cuentas y presupuestos en los que ahora se trabaja.

Salgado confía en que la calificadora Moody´s apruebe con su reconocimiento, que España cumple los objetivos marcados por Bruselas, y que S&P constaten que el cumplimiento del calendario de reformas camina según las previsiones y que Fitch, más díscola e imprevisible, no cargue las tintas sobre una economía enferma que, como la española, parece tener encarrilado el camino de salida, a pesar de registrar cifras récord en desempleo y déficit.

El pasado mes de marzo, Moody's rebajó la deuda soberana española de ‘Aa1’ a ‘Aa2’ y perspectiva negativa, al considerar el alto coste de la reestructuración del sistema financiero. A finales de julio, la misma agencia advertía de una posible rebaja, mientras que S&P la mantuvo en febrero en ‘AA’ por las medidas de consolidación fiscal y las reformas estructurales puestas en marcha por el Gobierno. Finalmente, la agencia Fitch mantuvo en marzo pasado en ‘AA+’ su estimación sobre España, pero rebajando su perspectiva a negativa, al tiempo que advertía sobre una posible rebaja ante las dificultades del país para hacer frente a los compromisos de deuda. Ahora toca esperar a que las agencias midan el número de ocasiones en que los ministros del Gabinete, arengados por Salgado, hacen referencias a la solvencia de España y al cumplimiento de los deberes. Y que el rating reparta suerte.

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