edición: 2224 , Miércoles, 24 mayo 2017
17/03/2017
banca 
Animado por la buena marcha de Bankia

El Gobierno sigue convencido de que recuperará la totalidad del rescate bancario

Se mira en el espejo del modelo británico de Lloyds, aunque el reflejo se acerca más al de RBS
Juan José González
Los Estados rescatan sus bancos con el compromiso de devolución de todos los préstamos y en tiempo razonable. Se trata de préstamos cuyos intereses no suelen denominarse en dinero efectivo, sino en términos sociales y políticos. La aclaración corresponde a una contestación del ministro británico que ordenó a su Tesoro proceder al rescate de Lloyds Bank y de RBS en el convulso 2008, al entonces líder de la oposición. El Gobierno británico salvó a la banca a cambio de recuperar el importe íntegro del préstamo. Tras ocho años de trabajo, Lloyds ha restituido el 96% de los 24.000 millones de euros públicos que recibió del Tesoro. Una operación brillante, dice un alto directivo bancario español, operación que gusta y que parece servir de modelo al Gobierno español para recuperar el préstamo de Bankia. Todo dependerá ahora de la buena gestión del banco y de la mucha paciencia del accionista temporal, el Estado. Otro asunto es que el Gobierno siga creyendo que recuperará el 100% del préstamo.
Las cuentas pueden empezar a salir si se cumple la estrategia de Bankia aprobada por su accionista de control, el Estado. La fusión de esta entidad con BMN, es un paso más en el camino para poder recuperar el dinero público prestado al rescatado. 
Que la fusión de Bankia y BMN fuera una operación cantada, obvia y aconsejada por las cifras, por el mercado y autoridades, con "sentido industrial", como gusta decir al presidente del grupo, José Ignacio Goirigolzarri, no evita que los trámites, y entre estos, las decisiones políticas, acuerdos, avisos previos, consultas con Bruselas y demás permisos, hayan retrasado la operación hasta bien entrado el presente ejercicio. Claro que un mercado bursátil redivivo como el de hoy ha colaborado, sin duda, a cambiar algunas valoraciones, y para que, finalmente, la unión de las dos entidades haya sido aprobada por las autoridades.

Al igual que sucede con las batallas judiciales (civiles y penales) pendientes en Bankia -menos relevantes en el caso de BMN- en Reino Unido las dos entidades rescatadas Lloyds y RBS, siguen enmarañadas en numerosas disputas jurídicas con accionistas de todo tipo y tamaño. Lo que significa que en estas operaciones los frentes jurídicos forman parte del guion diario, si bien, en el caso de Bankia, tras las devoluciones de preferentes, devoluciones por la salida a Bolsa y otros avatares -todos provisionados- se puede decir que el grupo bancario ha conseguido resolver los capítulos judiciales más escabrosos, eso sí, siempre con dinero por delante.

Pero al grupo bancario español, y tras la fusión con BMN, le queda por delante un trabajo ímprobo desde el punto de vista de la gestión financiera, quizá algo ingrato en aspectos laborales porque a pesar de que hay abundantes complementariedades, estas no alcanzan para los 17.534 empleados de la suma resultante, como seguramente tampoco a las 2.515 oficinas de la fusión. En ese duro trabajo de gestión financiera, el objetivo de mejora del beneficio, como el de la corrección de la morosidad, se revela como urgente e inexcusable por varias razones, aunque sea la relativa a la devolución de las ayudas al Estado la primera en el orden de la prelación. 

Ayudas -rescate- que tras la fusión -los 1.6445 millones de BMN y los 22.424 millones de Bankia- se situarían en 24.069 millones, aunque descontando las devoluciones ya realizadas, en torno a 1.800 millones, el importe de las preferentes del FROB al parecer ya amortizadas y los casi 4.500 millones que se consideraban perdidos a principios de 2012, la aventura de la devolución (unos 18.000 millones tras la fusión) bien podría convertirse en realidad a medio plazo.

En ese medio plazo se tendrían que combinar, a modo de estrellas, buenos márgenes y una cotización de la acción entre los 3,2 y 3,5 euros, todo lo cual facilitaría la venta (por paquetes según un banco de inversión) de la participación del 68% en manos del Estado. Para cumplir estas hazañas cuenta con un nuevo plazo, alargado hasta finales de 2019 por un Real Decreto Ley de diciembre pasado. Y así parece que, con resultados positivos (804 millones de beneficio en 2016) la solución aplicada en Bankia, con el inevitable parecido a la de Lloyds, se presenta más encaminada que nunca. 

Otro asunto, bien distinto, es que el denominado rescate bancario, al margen de connotaciones financieras, debería contar ya con cierto reconocimiento (sincero y público) por parte de las autoridades políticas, de que será casi imposible (por no asegurar que totalmente imposible) que el Estado recupere ni siquiera una cuarta parte del dinero público dedicado al rescate del sector bancario y a cuyo fin se destinaron no sólo los 24.069 millones de Bankia y BMN, sino los 51.303 millones que reconoce un informe del Banco de España en concepto de rescate bancario de las entidades financieras quebradas. Aunque bien mirado, que reconozca la imposibilidad de recuperar la totalidad de lo prestado, no debe llevar al Estado a renunciar a la restitución del dinero público.

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